Estrés y Distress: ¿Cuánto tiempo al día te dedicas a ti mism@?

Esta semana vamos a hacer un ejercicio para centrarnos en el “aquí y ahora” siendo conscientes de algunas cosas que, de forma automática, nos influyen sin darnos cuenta.

 

De 24h que tiene un día:

¿Cuántas horas dedicas al trabajo y/o estudio?

¿Cuántas horas dedicas a tareas y obligaciones externas al trabajo o estudio? (Domésticas, familiares, ayuda a amigos, visitas a médicos, hacer compras…)

¿Cuánto tiempo dedicas a ir y venir de los diferentes sitios a los que acudes ya sea en automóvil, transporte público o andando?

¿Cuántas horas dedicas a dormir?

¿Cuántas horas dedicas a desayunar, comer y cenar en total?

 

Ahora, suma todas las horas que has respondido en las preguntas anteriores.

¿Ya lo tienes? Genial, ahora réstaselas a las 24h que tiene un día. ¿Cuál es el resultado? ¿Igual de genial? ¿o quizá no tanto?

El resultado de esa resta es el tiempo del que dispones para ti. Ese es TU TIEMPO. ¿Asustados? ¿Contentos por el resultado?

 

 

Y es que es bien sabida la importancia del tiempo libre, de descanso y de disfrute. Desde el Análisis Transaccional lo llaman autocaricias, la pirámide de Maslow habla de autorrealización, la vertiente cognitivo-conductual lo llama actividades agradables… Todos están de acuerdo en que no se puede encontrar el bienestar psíquico si no se encuentra algún momento del día para disfrutar.

Nos encontramos en una sociedad cada vez más estresante en la que los jóvenes estudian y trabajan, los padres trabajan y cuidan de sus hijos, los abuelos siguen criando a los nietos, los autónomos no pueden faltar al trabajo porque tienen pérdidas, el pluriempleo debido a contratos de pocas horas, las respuestas por las diferentes redes sociales tienen que ser inmediatas, la continua “vigilancia” con los smartphones…

Tenemos consultas llenas de ansiedad en todas sus vertientes: ansiedad generalizada, trastornos de pánico, agorafobia, insomnio, pensamientos desagradables recurrentes…

Es importante que aprendemos a diferenciar el estrés del distress.

El estrés entendido como activación media, nos ayuda a concentrarnos y a rendir adecuadamente ante una tarea. Por lo que una dosis media de estrés sería adecuada en nuestro día a día para desempeñar las diferentes actividades que debemos realizar.

El problema surge cuando la activación media pasa a ser una activación alta. El distress, a largo plazo, puede generar problemas cardiovasculares, envejecimiento prematuro, inestabilidad en el estado de ánimo, irritabilidad, bloqueos…

 

Por tanto…

¿Cuándo vamos a priorizar nuestra necesidad de descanso? ¿Cuándo vamos a dejar a un lado el “después” de esto, eso y aquello? ¿Cuándo vamos a olvidar el “hasta que no haga lo otro y lo de más allá”? Y lo más importante…

¿Hasta cuándo estás dispuest@ a aguantar?

 

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Los niños de ahora: Ricos, famosos y sin tiempo

Antes de seguir leyendo os pido que veáis este video que se emitió este lunes pasado en televisión.  Durante 2:03 minutos, los niños hablan de Rafa Nadal pero se dicen muchísimas más cosas que, debido a su normalización en la sociedad, pueden pasar por alto.

El vídeo lo podéis encontrar en el siguiente enlace: https://goo.gl/eQwQbJ

¿Lo habéis visto? Para los resistentes que no quieran verlo, resumiré el texto en sus frases más importantes:

Entrevistadora: “¿De mayor te gustaría ser como Rafa Nadal?”

Niño: “Sí, pero en lugar de tenista, futbolista. Porque es famoso y yo quiero ser famoso porque gana mucho dinero”.

 

Entrevistadora: ¿A ti te gusta el deporte?

Niña: Sí. Hago muchos deportes. Baile, balonmano, hago flamenco, ballet. También voy a inglés y catequesis”.

Entrevistadora: “No te queda tiempo para jugar.”

Niña: “No mucho. Bueno, solo para hacer los deberes y justo irme a cenar.

 

 

Qué más necesitamos para darnos cuenta de que los niños hace tiempo que dejaron de ser niños. ¡Nos lo están diciendo ellos! ¿Por qué todos estamos de acuerdo en que los idiomas son importantes, el deporte es importante pero no todos lo estamos para decir que jugar es importante?

No confundamos enriquecer con extenuar. Enriquecemos cuando un niño nos pide más actividades porque se aburre, enriquecemos cuando hacemos un niño integrado en su totalidad: conocimientos, parte física, parte emocional, parte creativa y sí, también la parte de ocio y calma… ¿Cómo van a aprender a calmarse si no les dejamos momentos para ello? A veces se nos olvida que con nuestra mirada de adultos y, según lo que creemos más importante o menos, condicionamos ese enriquecimiento inclinando la balanza a la parte académica y de competición. Enriquecer es genial pero, por favor, con criterio.

Más tarde, los adultos nos quejamos de que tenemos niños irritables, enfadados y que no “toleran los límites y la frustración”. ¿Y si no es únicamente cuestión de educación o autorregulación? ¿Y si tenemos niños igual de malhumorados que los adultos cuando salimos muchos días del trabajo y estamos cansados o estresados?

Algunos padres acuden a consulta porque sus hijos “tienen mucho genio y necesitan aprender a controlarse” pero no encuentran el tiempo suficiente para acudir a las sesiones porque los lunes, miércoles y viernes tienen fútbol y los martes y jueves tienen inglés. Además, no pueden ir a consulta después de las otras clases porque si no, no les queda tiempo para hacer los deberes.

Como he dicho en muchas otras ocasiones, en la sociedad actual falta empatía. Si pensamos que el problema en estos casos es que los niños no controlan su ira, pensaremos que es un problema intermitente y que no tiene mayor prioridad que otras cosas en su vida. Si pensamos esto, los niños se frustrarán más y se enfadarán más porque no verán una nueva solución para calmarse.

Si, por el contrario, empatizamos con ellos y pensamos que el enfado no es más que una consecuencia de su cansancio y su poco tiempo de juego o distracción, quizá tomamos vías de trabajo diferentes. Encontramos tiempo para ellos y les generamos más momentos de tranquilidad.

 

Pero hoy el post no acaba aquí, falta un tema muy importante que se puede ver en la entrevista. ¿Cuáles son las metas en la vida de nuestros niños? Cada vez son más quienes aspiran a ser científicos, profesores, deportistas sacrificados… pero aún queda mucho por hacer. Quedará por hacer siempre que los pequeños encuentren su modelo a seguir en gente cuya prioridad, según los medios de comunicación, sea su riqueza o su fama.

 

 

Quiero ser positiva y deciros que empezamos a hacerlo bien. Si lo creemos así, nos daremos cuenta de que los perfiles de programas como “Hombres, Mujeres y Viceversa” y “Gran Hermano” son admirados únicamente en adolescentes y adultos de generaciones anteriores y que los niños de hoy, posiblemente, sean adolescentes del futuro alejados de eso. Vamos a pensar en eso, seamos positivos.

Pero, ¿qué ocurre con el que parece el único deporte en nuestro país? ¿qué ocurre con el fútbol? Vemos como los medios de comunicación basan sus noticias en la prensa amarilla, llena de morbo y lejos de los minutos de partido. Se les olvida que el fútbol es un deporte de equipo en el que solos no son nadie y se centran en los que ellos consideran estrellas, dejando atrás a quienes enseñan valores como el compañerismo, la cooperación y la humildad. Ensalzan con minutos y minutos de programa la actitud arrogante, individualista y los conflictos entre compañeros. Enseñan a mentir, a quejarse cuando no ha habido falta, a acribillar al árbitro y a hacer públicos sus conflictos entre compañeros de equipo o entre entrenadores rivales. Los niños ven cómo sus modelos se sienten responsables únicamente de sus logros y echan “balones fuera” cuando ha habido algún error. Ven como se junta la política con el fútbol creando barreras entre su propio país cuando esos equipos tienen más de un 50% de jugadores extranjeros. ¡No tiene sentido! Y en ese sinsentido crecen los menores de hoy en día, resguardados por los adultos que disfrutan de ese juego televisado y no se dan cuenta de todos los valores que echan por tierra con respecto a sus hijos.

Por favor, no podemos criar niños sin tiempo para ser niños y a su vez, aunque parezca contradictorio, convertirlos en adolescentes cuya misión en la vida es ser famoso y ganar dinero. La vida no consiste en eso o, al menos, hagamos que la vida no consista en eso.

 

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