BATALLAS CORRIENTES: Kárate, beneficios físicos y mentales para pequeños y grandes

Marco es informático y vive en Madrid, aunque su lugar natal es San Vicente del Raspeig (Alicante). También es cinturón verde y lleva practicando kárate 2 años. Tras este tiempo, ha podido observar las consecuencias que el kárate ha tenido en su cuerpo y en su mente. Hoy nos transmite su experiencia.

¿Qué es lo que te impulsó para empezar a practicar kárate?

Hola Mónica, pues te cuento. De pequeño, cuando iba al colegio, hice un año de kárate como actividad extraescolar, lo típico que te apuntan tus padres para que hagas algo al salir del cole, haces ejercicio y además te sirve para aprender a defenderte. Pero bueno, pasé al instituto y lo terminé dejando.

Y ya hace dos años, un compañero del trabajo me comentó que el entrenaba kárate y me invitó a probar una clase con él, y siempre he tenido esa inquietud de no haber continuado.

Pues bien, fui, y me enganché.

 

El entrenamiento en kárate supone también un entrenamiento en determinados valores. ¿Cuáles son esos valores?

Mis maestros han aprendido del maestro japonés Yamashita, por lo que en nuestro grupo practicamos el estilo tradicional de kárate de la Goju-Ryu. Por lo que, estos valores se pueden explicar en una lista de preceptos llamado Dojo-kun:

  1. Sentirse orgullo de practicar el espíritu de la Goju.
  2. Debemos practicar la cortesía.
  3. Ser rápidos y aprovechar la oportunidad.
  4. Debemos ser pacientes.
  5. Mantener el espíritu de combate del Kárate-do.

Estos valores debemos aplicarlos tanto en el tatami como fuera de el en el día a día, los voy explicando. El primer punto se explica por sí mismo, aunque no es solo sentirse orgulloso de practicar este estilo, si no sentirse orgulloso de uno mismo por ser quien se es.

La cortesía y el respeto no lo practicamos solo con nuestros maestros, si no con el resto de compañeros más experimentados o más noveles. Y como digo, fuera del tatami debemos ser respetuosos con todo el mundo, nuestros mayores y la gente que nos necesite.

Los puntos tres y cuatro parecen contradecirse, pero se complementan perfectamente. Debemos ser pacientes, no podemos tenerlo todo en el momento y cuando queramos, cada cosa nos llega a su debido tiempo. Pero una vez nos llegue, es cuando debemos ser rápidos y tomarlo sin dudarlo.

Por último, el quinto punto es donde nos dice que apliquemos estos puntos en nuestra vida cotidiana. Tenemos que interiorizarlos, y estemos donde estemos, y hagamos lo que hagamos, nunca rendirnos y darlo todo.

 

¿Qué beneficios crees que has obtenido con la práctica de esta disciplina?

Hay dos piezas fundamentales que se entrena, el cuerpo y la mente… me explico. Como actividad física que es, he notado mejorías en lo que al cuerpo se refiere, he perdido peso, tengo un mayor tono muscular, mejor fondo y resistencia. Además, un tema que cuesta mucho al principio es en una técnica dada intercalar la izquierda con la derecha, por ejemplo, si empezamos por la izquierda (defensa mano izquierda retrocediendo pierna derecha, golpe puño derecho avanzando pierna derecha), por la derecha se invertiría el juego de manos y de pies (defensa mano derecha retrocediendo pierna izquierda, golpe puño izquierdo avanzando pierna izquierda); esto obliga a trabajar ambos hemisferios del cerebro en una situación de actividad física.

Todo lo anterior, te lleva a un entrenamiento mental que uno mismo no es consciente del todo. Mejoría en la concentración ya que cada acción que damos va precedida de un golpe de voz, sea haciendo abdominales o un kata. El kárate nos obliga muchas veces a tomar la decisión acertada en muy poco tiempo en situaciones físicamente estresantes, con lo que por ejemplo en el trabajo, he notado que pienso los problemas de una forma más templada y razonada, me ha ayudado a controlar mis nervios y gestionar el estrés. También mejora la memoria a corto y largo plazo, en mi último examen de cinturón tuve que recordar una serie de seis movimientos sobre la marcha; y después todos los katas nuevos. Y por último creo, y muy importante, es la confianza en uno mismo. Aunque crea que esté perdido o esté confundiéndome, tengo que creer que lo que hago sea correcto, a menos que mis maestros me corrijan, claro.

 

¿Has oído alguna vez algún comentario sobre kárate que sea un mito extendido entre la sociedad?

Pues la verdad es que sí, hay bastantes mitos… Mucha gente piensa que estamos continuamente pegándonos, que tiene un carácter violento. Pero, todo lo contrario, lo que aprendemos nos sirve para defendernos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Nuestros katas empiezan siempre con una defensa, por lo que nunca buscamos la confrontación directa.

Por supuesto que, en una situación de violencia física, con mayor o menor destreza, sabemos desenvolvernos. Y sabemos que a una persona “normal” le podemos hacer mucho daño. De hecho, estamos federados, con lo que ante la ley somos armas blancas y debemos de tener mucho cuidado.

El Karate-Do dicho en japonés significa “Camino de la mano vacía”. Vacía, pero de malas intenciones. Cuanto más entrenamos más humildes somos, tragamos el orgullo y menos problemas buscamos. Mis maestros dicen, “La pelea que ganas, es la que no haces”.

Otro mito… Se dice que es algo para hombres donde las mujeres apenas se manifiestan o tienen cabida. Si bien es un arte marcial japonés, muy machista y clasista por su tradición e historia… ¡Todo lo contrario! Sigo muy activamente a Sandra Sánchez (@sandrasankarate), karateka de metro y medio de estatura, pero llena de poder y arte. Es reconocida como la mejor karateka de la HISTORIA en la modalidad de kata.

Además, mi compañera de karate Belén, se esfuerza como el que más y muchas veces resulta como la que más agallas tiene.

 

¿Crees que hay una edad concreta en la que sería más adecuada empezar a entrenar kárate?

Yo empecé a entrenar con 24 años, pero cualquier edad es buena. De mi grupo soy el más joven, y sin embargo tengo compañeros que empezaron cuando tenían más o menos sus 30 o 40 años, o incluso más jóvenes que yo.

Pero lo ideal como todo es desde bien pequeño. Cuanto más joven se es, más fácil se asimilan nuevos conocimientos, los niños son como esponjas. Y, sobre todo, aprenden una serie de valores y disciplina que les ayudará en su desarrollo, les ayudará a forjar un carácter y una personalidad única.

 

¿Qué es para ti lo más difícil de esta disciplina?

Para mí lo más difícil no es dar por ejemplo una patada giratoria con un salto mortal… Por muy inverosímil que sea la técnica, con la práctica y el esfuerzo continuo terminará saliendo. Esto es lo difícil, ser una persona dedicada y comprometida, no rendirse nunca, mostrar empeño y darle continuidad… eso es muy difícil muchas veces. Hay veces que siento que no avanzo, que esto que hago cuesta mucho y que no valgo, pero es entonces cuanto más esfuerzo.

 

¿Qué es lo que más te gusta?

Sin duda alguna, mis compañeros. Me recibieron con los brazos abiertos y me sentí uno más desde el principio. Siempre que los he necesitado han estado para mí, y yo estoy para ellos. Son mi familia.

Aunque he de confesar que también me gusta exponer los moratones al terminar de hacer endurecimiento o combate con los compañeros. Siento cierto orgullo con ello.

 

¿Qué es el kárate para ti?

El kárate como yo lo entiendo, no es un deporte. Es un arte marcial. Tiene un punto, un significado, que va más allá de lo puramente físico y la competición. Es una filosofía y un estilo de vida que estoy adaptando a mi día a día.

El día que falto a entrenar, siento que es un día que he perdido. Cuando entrenamos, empezamos y terminamos con un momento de meditación. Ahí, todos nuestros problemas personales y laborales los apartamos y los dejamos fuera de nuestra mente. Es un momento de desconexión con la realizad que utilizo para “sanarme” mentalmente.

 

Actualmente, se conocen más casos de menores que hacen kárate que en el caso de los adultos. ¿A qué crees que es debida esta diferencia?

Pienso que muchos padres apuntan a sus hijos a clases de kárate, porque piensan que es una actividad física, aprenden a defenderse y de más. Eso es totalmente cierto, lo que muchos no saben es que están siendo educados, aprendiendo un arte marcial basado en la disciplina y el respeto. Con lo cual, considerando como evoluciona la sociedad hoy en día, que una persona haya aprendido un arte marcial desde pequeño, en su edad adulta le implicará una serie de ventajas en lo personal y profesional.

Por otro lado, muchos adultos creen que el kárate solo se puede empezar a aprender desde pequeño, y están totalmente equivocados. Hay muchas escuelas de distintos estilos que son para adultos, donde cada uno puede empezar desde cero e ir avanzando a su ritmo, la edad no es un impedimento.

 

¿A quién le recomendarías hacer kárate y por qué?

¡A todo el mundo! Sea desde bien pequeños (mi compañero David da clase a niños y los más peques tienen 4-5 añitos) o ya de adultos (en mi grupo vamos de los 26 a los 60 y pico). No importa la condición física, cada uno hace lo que puede, ni mejor ni peor. El mérito está en el sudor y esfuerzo que le ponga.

Creo que quien haya llegado al final de la entrevista, tendrá ya un por qué para empezar a entrenar karate o cualquier otro arte marcial. Ya sea porque tenía un concepto equivocado de lo que es, o porque quiere mejorar físicamente o aprender autodefensa.

 

 

Para ir terminando, querría agradecer a mis maestros Ricardo, Alfonso y Tomás por enseñarme todo lo que estoy aprendiendo, por confiar en mí y poder contar con ellos.

También darte las gracias a ti Mónica por haberme dado la oportunidad de hacer esta maravillosa entrevista. Te deseo lo mejor 🙂

MENORES Y JÓVENES CON PRINCIPIOS

¿Has escuchado alguna vez a alguien hablando de lo perdidos que están “los jóvenes de ahora” o desprecios sobre los adolescentes? Es común, desde hace mucho tiempo, desprestigiar a los menores o a los jóvnes de hoy en día con la justificación de que “antes todo era mejor”. Las series eran mejor, los dibujos eran más educativos, los juguetes eran de más calidad… No está mal tener capacidad crítica y hacer introspección sobre nuestro camino o sobre cómo la sociedad se dirige hacia determinados sitios. Pero, ¿qué puede ocurrir como consecuencia de esta crítica? Que solo veamos lo negativo de nuestros niños, adolescentes y jóvenes.

Solo nos fijamos o solo hablamos del alumno que molesta en clase. Solo se comenta sobre “lo mal que educan algunos padres a sus hijos”. De que ya no hay valores ni educación. De lo egoístas y materialistas que parecen al preocuparse únicamente por el móvil y el whatsapp. Y es cierto, tenemos sobredosis de estos aspectos pero… ¿seguro que solo son así? ¿Que no hay ningún otro valor inculcado?

Hoy vengo decidida a romper una lanza a favor de los menores y de los jóvenes. A defender todo lo que veo en cada persona que viene a consulta ya tenga 6 o 7 años, sea adolescente o veinteañero.

Veo adolescentes que, a simple vista, tienen un comportamiento complicado pero que, por debajo de esa actitud, hay chicos que se preocupan por sus compañeros, por mejorar y por ser felices de una manera adaptativa. También hablo con adolescentes que, tras esa fachada de chicos difíciles, me hablan de por qué no quieren fumar ni beber alcohol y de las noticias que ocurren a nivel mundial y tanto le preocupan.

Veo niños que no quieren que sus padres se gasten más dinero en ellos y niños preocupados porque sus hermanos tienen un diagnóstico de Asperger. También veo menores de todas las edades que se frustran cuando no consiguen aprobar sus exámenes después de esforzarse o preocupados por no verse capaces de conseguirlo.

Hay jóvenes que estudian y trabajan, jóvenes que quieren cambiar las cosas y que tienen proyectos de futuro.

Yo los veo ¿Y vosotros? ¿Los véis?

LA IMPORTANCIA DE LOS PADRES EN LA TERAPIA DE SUS HIJOS

Cuando los niños son pequeños y el objetivo de consulta consiste en manejar las rabietas, conseguir que coma aceptablemente bien o explicar un divorcio, nos parece algo más obvio que los padres tengan un gran peso en el proceso de terapia.

Pero, ¿qué ocurre cuando el menor ya no tiene 2, 3 o 4 años? ¿Somos conscientes de la importancia de la implicación de los padres en la terapia de sus hijos?

A veces, cuando los niños y niñas empiezan Educación Primaria, consideramos que ya son lo suficientemente mayores para responsabilizarse de sus propias dificultades. Y, ¡ojo! son capaces de responsabilizarse de muchas tareas de autonomía, pero todavía necesitan un modelo que les comunique por dónde pueden ir, hasta dónde se puede llegar y qué límite no deben pasar.

Si una niña reta, grita e insulta a sus padres cada vez que se enfada, en las sesiones podrá aprender sobre el manejo de las emociones, estrategias de resolución de problemas y aprenderá a conocerse. Pero, el objetivo no se podrá conseguir si los padres no aplican adecuadamente sus normas y límites.

Si un niño con dificultades de aprendizaje tiene su autoestima mermada a causa de tanto esfuerzo para tan poca nota, necesitará algo más que el trabajo psicopedagógico correspondiente y el refuerzo continuo a su esfuerzo para potenciar su percepción de autoeficacia. Ese “algo” que se escapa a las manos de cualquier profesional es la motivación por parte de sus figuras de referencia, es ese amor incondicional que se puede demostrar de muchas maneras.

Si una adolescente a la que no le han puesto límites responde con timidez, decaimiento y miedos irracionales excesivos; podemos ganarnos el vínculo, podemos conseguir que se abra a nosotros, potenciar su autoestima y que trabaje la irracionalidad de sus miedos para sentirse más capaz. Pero, ¿qué ocurre si sigue sin tener límites? Que nunca se sentirá capaz de hacer nada porque nunca ha tenido que afrontar sus limitaciones. Además, las obligaciones aumentan su exigencia con el paso de los años mientras ella no se ve preparada para solventar las situaciones de una edad inferior.

Y, ¿qué ocurre cuando tenemos delante a un adolescente con serias dificultades para acatar cualquier norma que venga de una figura de autoridad? ¿Cómo podemos trabajar en esta situación? Podemos ganarnos al chaval, hacer que no nos vea como otra figura autoritaria que le rodea, aumentar su reflexividad… y muchas otras cosas más. Pero, ¿cómo va a conseguir ese adolescente hacer caso a la autoridad que le resulta ajena? Teniendo un trabajo paralelo con los padres sobre la forma adecuada de poner límites y mantenerlos con el paso del tiempo.

Es por esto por lo que la coordinación con los padres y su implicación es un elemento básico en el proceso terapéutico de sus hijos. Son la parte clave, junto a los hijos, de este puzzle desbaratado que nos llega por la puerta, dispuesto a encontrar las piezas perdidas que necesita para poder completarse.

 

Reseña del mes: Cuando las niñas vuelan alto (Raquel Díaz Reguera)

Tenía muchas ganas de reseñar este libro y qué mejor época que en el mes de marzo, el mes en el que las mujeres le recordamos al resto de sociedad que seguimos luchando por nuestros derechos.

Esta historia habla de tres niñas que representan a todas las niñas del planeta. Ellas son Adriana, Jimena y Martina.

Adriana es delgada y bajita. Quiere convertirse en la mejor piloto del mundo.

Jimena es muy callada y se lee todos los libros que encuentra. Quiere ser superescritora.

Martina es redondita como el punto de la i. Sueña con ser una gran violinista.

 

La persona encargada de que las niñas no pierdan la ilusión es el señor SIQUIERESPUEDES. Pero no todo es tan fácil. En esta historia no solo hay un personaje malvado. ¡Es una banda entera! La banda dirigida por NOLOCONSEGUIRÁS y sus secuaces SR.REFLEJOS, Señor-ITA, SRA.BELLEZAEXTERIOR y SR.DESIGUALDAD.

Esta banda tiene como misión principal que las niñas no cumplan sus sueños.

¿Y sabéis cómo lo consiguen? Metiendo piedras en sus zapatos, en sus bolsillos y en sus mochilas. De esta manera, con el peso de las piedras, consiguen que las niñas no puedan volar.

 

¿Qué podrán hacer Adriana, Jimena y Martina para conseguir deshacerse de esas piedras?

 

Aplicación en sesión

Este cuento se puede utilizar tanto a nivel individual como grupal, con chicos y con chicas. Con niños, adolescentes y adultos.

Con las chicas, podemos trabajar el autoconcepto y la autoestima así como los mensajes y las etiquetas que nos llegan desde el exterior. A veces, sin darnos cuenta, hacemos que esas etiquetas se conviertan en nosotras pero… ¿y si estamos a tiempo de redecidir si la queremos o no?

Con el sexo opuesto se pueden trabajar los prejuicios y la empatía. También podemos hacer un trabajo de etiquetas y de autoconcepto empezando desde una visión más alejada como son las mujeres y, poco a poco, cuando las defensas bajan, aproximarnos al autoconcepto de la propia persona con la que estamos trabajando.

 

Que las niñas vuelen alto no es solo cosa de mujeres. Todos elegimos si poner una piedra en el zapato o impulsarles para volar.