BATALLAS CORRIENTES: Vida tras la jubilación

La entrevista de este mes está protagonizada por Marisa, quien se jubiló hace un año y ha comenzado una nueva vida. En ocasiones, la jubilación puede llevar a sentimientos de vacío, soledad y apatía. Es un momento en el que la vida sufre un gran cambio y, con ello, la identidad personal puede verse inestable. En esta ocasión, Marisa no ha sufrido sentimientos desagradables sino todo lo contrario.

 

Hace 1 año que te jubilaste ¿Tenías ganas de que llegara?

Sí, tenía ganas. Empecé tarde a trabajar porque primero me dediqué a criar a mis tres hijos. Cuando lo retomé, lo hice con mucha ilusión. Mi trabajo de celadora me gustaba, pero mis fuerzas, con el paso de los años, no eran las mismas. Llegar a la jubilación fue todo un reto.

 

¿Cómo fue para ti ese momento?

Para mí fue una alegría llegar a la meta que me había propuesto, aunque por problemas burocráticos tardé un poco en disfrutarla. Al final, todo se arregló y llegó la ansiada jubilación.

 

¿Notaste un cambio en tu vida cuando empezaste tu jubilación?

Claro que lo noté. El no madrugar, no comer tarde, no tener que mirar el reloj, poder disfrutar de algún viaje sin tener que pensar en los días libres o los que te quedan de vacaciones… es algo que se agradece.

 

¿Has vuelto a hacer cosas que habías dejado de hacer por falta de tiempo?

He vuelto a asistir a charlas, a ir a la playa independientemente del día, a desayunar fuera de casa en el sitio que quiera y leer el periódico sin prisa…. Pueden parecer que no son grandes cosas, pero me dije a mí misma que me tomaría un año sabático después de tanto estrés y esfuerzo.

 

¿Podrías explicarnos en que consiste un día en tu vida como jubilada?

Mi día consiste en no levantarme antes de las nueve de la mañana si no hay un motivo que lo justifique. Después, desayuno fuera de casa mientras leo el periódico durante una hora aproximadamente. Más tarde hago la compra, repaso la casa y hago la comida.

Por las tardes tengo momentos para hacer bicicleta estática y para descansar. Hago visitas domiciliarias a los enfermos y, a veces, me voy de compras o al teatro.

 

¿Consideras que ha empeorado tu vida de alguna manera desde que estás jubilada? No, mi vida no ha empeorado. Al contrario, me ha dado más libertad para poder dedicarme a las cosas que me gustan.

 

¿De qué manera crees que ha mejorado?

Una de las cosas que ha mejorado con la llegada de la jubilación ha sido mi carácter. Las prisas y las obligaciones me hacían más susceptible. Además, mi vida social estaba condicionada por mi horario laboral y por la energía que me quedaba después de trabajar.

Ahora tengo más ganas y más tiempo para ir a charlas, a conciertos, hacer algún viaje y disfrutar de mis nietos.

 

Hay personas que, tras su jubilación, sienten soledad que les puede causar un estado de ánimo depresivo. ¿Te ha ocurrido a ti?

Aunque no es mi caso, he de decir que al principio de la jubilación noté un gran cambio en cuanto al tiempo que disponía para estar con mi marido. Noté un sentimiento de “falta de espacio” que se solucionó disfrutando de tiempo de ocio por separado. Mi marido, por ejemplo, almorzaba con sus amigos y se reunía alguna tarde con ellos mientras yo me iba a los sitios que he comentado anteriormente.

 

¿Qué le dirías a esas personas que se han jubilado y sienten que están viviendo una vida vacía?

Les diría que la vida no solo es trabajar. Que hay montones de cosas pequeñas para disfrutar. Una excursión, una comida relajada solos o con amigos… No hace falta un gran restaurante. Se puede dar un paseo por la playa, se pueden tomar una horchata en un chiringuito o como muchos voluntarios a los que yo me uno para ver enfermos o ancianos en sus casas u hospitales. Os aseguro que, a pesar de sus dificultades son felices y nos hacen ver cuán injustos somos cuando nos quejamos teniendo una salud física y psíquica que ellos no tienen.

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Reseña del mes: Downtown

Downtown es un cómic cuyo personaje principal tiene Síndrome de Down. Ya en la portada se puede ver el aire desenfadado con el que escriben sus autores, Noël Lang y Rodrigo García.

“Me llamo Blo. Tengo Síndrome de Down, una novia, muchos amigos y un disco favorito.”

El libro está inspirado en Pablo, el tío de Noël Lang, que tiene síndrome de Down. Por este motivo, el personaje principal se llama Blo.
Durante todas las tiras cómicas, el libro presenta múltiples historias de humor ambientadas en la escuela, en casa y, sobre todo, con su grupo de amigos. El grande y perezoso Miguelote, el sincero e ingenuo Benjamín, la pizpireta Ruth (aunque Blo no sabe lo que significa pizpireta) y Bibi, la novia de Blo.

“Bibi es mi novia favorita. En realidad, es la única que tengo, pero es la única que tengo porque si tuviera otras, ya no podrían ser mis favoritas. Porque esa es Bibi”.

En el transcurso del cómic podemos ver algunas de las características de las personas con Síndrome de Down permitiéndonos acercarnos y empatizar con ellos. Se aprecia el déficit de atención de Blo y cómo afronta el estrés, la obsesión de Benjamín llamada tricotilomanía que consiste en arrancarse el pelo en situaciones que le resultan agobiantes, el bajo nivel de activación de Miguelote, el gran nivel de ensoñación y fantasía de Ruth, la realista y entregada Bibi, las dificultades que pueden tener al escuchar el lenguaje formal con el que se presentan las noticias televisivas… y muchas otras situaciones que se pueden dar en el día a día de personas con Síndrome de Down.

Lo más interesante es que todo esto lo leemos desde la visión de estos personajes. ¿Hay una mejor forma de empatizar con ellos que desde su forma de entender la vida?

 

Aplicación en sesión

Este cómic tiene multitud de aspectos en los que se puede profundizar tanto a nivel individual como grupal. El mero hecho de existir y de poder leerlo, favorece la integración y la normalización. De qué va el cómic, quienes son los personajes, qué características tienen, si conocen a alguien parecido…

Además, leerlo es un ejercicio claro de empatía. Podemos ponernos en su lugar, darnos cuenta de cómo pueden pensar, cómo sienten, lo que les gusta, lo que no les gusta…

El hecho de que sea un cómic y que la parte ilustrativa tenga más peso que la escritura, hace que hasta aquellos a quienes les cuesta coger un libro puedan sentarse delante de él con una actitud más positiva y motivadora. A todos los niños les gustan los libros con dibujos y, en este caso, no los echarán en falta.

La visión positiva y humorística desde la que está escrito el libro, hace que se pueda leer fácilmente y que divierta, fomentando emociones agradables y divertidas que abrirán más la mente de quienes lo lean.

 

¿Y tú? ¿Te atreves a conocer a Blo y sus amigos?

 

 

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Canalizar la ira en adultos

Podemos encontrar muchísimas técnicas para canalizar la ira en niños a tan solo un click en el ordenador, desde el móvil o en cualquier librería pero… ¿Sabemos cómo canalizar el enfado cuando somos adultos? En una sociedad en la que nos podemos sentir frustrados y desatendidos por aspectos que no podemos controlar y con la consecuente sensación de impotencia… ¿Alguien nos ha enseñado a canalizar nuestra ira sin echar mano de la historia de Juan Tortuga tal y como pueden hacer los niños?

 

Antes de empezar, me gustaría explicar por qué he titulado esta entrada con la palabra “canalizar” y no “controlar”. En algunas ocasiones, la palabra controlar puede darnos a entender que debemos inhibirla, hacerla desaparecer. Con respecto a las emociones, esto puede no ser una muy buena idea. Las emociones pueden ser agradables o desagradables, pero todas son positivas puesto que todas tienen un fin que cumplir. En el caso de la ira, nos ayuda a poner límites a los demás. Por tanto, ¿qué pasaría si no sintiéramos enfado? ¿No pondríamos límites en nuestras relaciones?

Una vez nos hemos dado el permiso para sentir ira puesto que es algo normal siempre y cuando no condicione de forma negativa nuestro día a día, podemos plantearnos. ¿Y cómo siento yo mi ira? ¿Cómo noto que quiero sacarla? Algunas personas tienden a mostrar su enfado de forma corporal y otros, de forma verbal.

 

Si la ira te invade a nivel corporal puedes hacer varias cosas:

– Si no hay nadie en casa, en el despacho o en tu habitación y puedes estar en intimidad, una idea puede ser pegar puñetazos al colchón hasta que ya no lo necesites más. ¿Significaría esto que eres violento/a? No. Significa que necesitas descargar tu enfado de forma física. Ni más, ni menos. No tiene por qué haber un análisis que juzgue ese comportamiento.

Ralla un papel como si colorearas muy enfadado/a. Aquí debes tener cuidado por si traspasas el papel, prueba a hacerlo con lápiz o boli, nunca con rotulador o portaminas.

– Si estás fuera de casa o con personas a tu alrededor, puedes utilizar algo más sutil pero que también sirve: Aprieta los puños y el abdomen. Al hacer esa fuerza es probable que contengas el aire. Hazlo mientras puedas sin llegar a la extenuación. Y, si cuando vuelves a respirar, sigues con esa rabia interna, vuelve a repetirlo las veces que necesites.

– Otra opción es el conocido “cuenta hasta 10” mientras respiras hinchando la barriga con cada inspiración y vaciándola lentamente con cada espiración. Esta forma es más pasiva por lo que quizá pueda resultar más difícil conseguir la calma. Aun así, es una buena táctica que puedes probar.

Si tu forma de sacar la ira es a nivel verbal:

Escribe. Escribe todo lo que piensas y lo que le dirías a las personas con quien te has enfadado. Puedes, incluso, hacerte una libreta con un título para la ocasión del tipo “Libreta de la Ira”, “Libreta Enfadada”, o cualquier nombre que te resulte más familiar. Y cada vez que te enfades por algo y puedas escribir, hazlo. Pero luego NO LO LEAS. No leas y releas lo escrito. Leer solo nos lleva a revivir ese sentimiento y no tiene sentido provocarse más ira de la que uno siente.

– Otra cosa que puedes hacer si no estás en casa o el momento no te lo permite, es hablar en tu cabeza. Si, por ejemplo, tienes ganas de decir “qué se ha creído éste”, dilo sin problema, pero dilo en tu cabeza. De esta forma podrás desahogarte sin generar más ira en los de alrededor.

 

Y, lo más importante: Una vez ha pasado la ira por ese suceso, puedes reflexionar sobre lo que ha pasado. ¿Qué ha pasado? ¿Qué emoción he sentido después de ese enfado? ¿Por qué he sentido eso? ¿Qué podría hacer si me pasa otra vez? ¿Me sentiría bien si hiciera eso?

Esto, aunque no forme parte de canalizar la ira, servirá para poder aprender de ese suceso y, cuando vuelva a ocurrir, no volver a pasar por lo mismo.  Sin reflexión posterior, estas herramientas servirán para descargarse a nivel físico y mental pero, posiblemente, no nos ayuden a crecer por sí solas. Tras esta parte, la ira descenderá poco a poco.

 

Si, aun con estas herramientas, el enfado es descontrolado, se da continuamente y provoca situaciones conflictivas alrededor o dentro de uno mismo, es aconsejable acudir a un profesional para trabajar a qué se debe ese enfado (miedo, rebeldía, baja percepción de autoeficacia…) y abordarlo de forma individual.

 

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