RESEÑA DEL MES: LAS NIÑAS SERÁN LO QUE QUIERAN SER (RAQUEL DÍAZ REGUERA)

Las niñas serán lo que quieran ser es la segunda parte de un cuento que ya reseñé en el pasado, Cuando las niñas vuelta alto.

Sinopsis

¡Por fin Violeta, Adriana, Jimena y Martina se han desprendido de todas las piedras en los bolsillos y pueden volar! Pero la banda de NOLOCONSEGUIRÁS sigue al acecho y prepara un nuevo golpe para evitar que las niñas se eleven libres y felices. Quizás con la ayuda del señor SIQUIERESPUEDES, ellas consigan cambiar la canción del NO por la canción del SÍ: ¿lograrán volar hasta lo más alto? ¿Lograrán ser lo que quieran ser?

Si en el anterior cuento, las protagonistas podían volar desprendiéndose de todas las piedras que les ponía la banda de Don NOLOCONSEGUIRÁS, en esta historia, unos amigos de este malvado personaje, intentarán por todos los medios que las niñas no vuelen tan alto como desean.

Adriana, además de ser piloto, quiere inventar un vehículo capaz de dar la vuelta al mundo muy rápido.

Jimena quiere escribir la novela más bonita de la historia.

Martina ha seguido aumentando sus metas y, además de violinista, quiere ser directora de orquesta.

La banda de Don NOLOCONSEGUIRÁS está muy enfadada porque, pese a los esfuerzos de sus miembros, las niñas siguen volando y soñando.

Es por esta razón por la que aparecen nuevos personajes malvados:

Don QUENADACAMBIE, el señor INSEGURIDAD, doña FRAGILIDAD y la señorita IDEAL.

Juntos intentarán que las niñas vuelen a ras del suelo para que ellas estén contentas creyendo que pueden volar pero no puedan hacer todo lo que se propongan.

¿Les enseñamos a las niñas y a los niños de hoy en día a detectar esas nubes que les coartan y a luchar por conseguir traspasarlas?

Yo me apunto 🙂

30 AÑOS ¿Nos agobiamos o lo normalizamos?

Este 2019 es un año en el que muchas personas de mi alrededor cumplen 30 años. A pesar de que no sea una edad avanzada para muchos, lo cierto es que el cambio de década, cualquiera que sea, puede provocar en la persona un momento de análisis e introspección de sí misma y de su vida.

Es la llamada “Crisis de los 30”. Pero… ¿qué supone, realmente, la crisis de los 30? A pesar de que cada persona es diferente, hay ciertos aspectos generalizados a cada etapa de nuestra vida. Si a los 20 años hay personas que empiezan a trabajar y otras siguen estudiando, es a los 30 cuando sentimos la presión de “la sociedad”. De esa madre, de ese abuelo o de esos tíos que te indican la importancia de tener un trabajo estable, un sueldo digno (aunque para eso tenemos que pelearnos con altas esferas), una casa propia y empezar a formar una familia. Porque ya sabéis… la edad, el riesgo en el embarazo…

Cuando sucumbimos a esa presión social, podemos cometer el error de plantearnos si nuestra vida cumple las expectativas que nos pusimos hace años. ¿Por qué es un error? Porque justo después de recibir esa presión social, quizá no estamos valorando la vida que tenemos en función de nuestros gustos e intereses sino tal y como nos indican desde fuera.

Además, debemos tener en cuenta que el tiempo pasa y nosotros cambiamos con él. Por lo que, sin darnos cuenta, podemos haber cambiado de prioridades y necesidades en nuestra vida y valorar nuestros objetivos cumplidos en la actualidad desde la mirada de los 20 años, puede no ser realista. ¿Cuántas veces de pequeños quisimos ser astronautas, cantantes o futbolistas? Si todos valoráramos nuestra vida en función de esos objetivos puestos con menos de 10 años… ¿Cuántas de nosotras no habríamos cumplido con nuestra “misión”?

Por otra parte, ¿quién dictó que las crisis deben ser cada diez años? ¿Por qué no esos momentos de introspección cada 5 años o cada 25? Las crisis por década son algo cultural, por lo que lejos quedan de una valoración racional e interna.

Por tanto, yo os invito a valorar vuestro día a día por lo que conseguís y avanzáis y no por la edad biológica. Hay personas que con 25 años ya tienen hijos, por lo que su estilo de vida no tendrá nada que ver con una persona que tenga 30 años y su prioridad sea el trabajo por encima de tener pareja o cualquier otro aspecto lejos de su identidad laboral.

El día a día no se define por los años que cumples sino por los hitos de vida que consigues.

NO A LOS PROPÓSITOS DE AÑO NUEVO

Hace muy poco que entramos en el 2019, ya hemos vuelto a la rutina y poco a poco olvidaremos todo lo vivido en estos días para adentrarnos en el día a día de quehaceres y obligaciones.

Hace menos de dos semanas del fin de año y, por tanto, hace menos de medio mes que muchas personas se lanzaron a trabajar para cumplir sus propósitos de año nuevo. Propósitos, probablemente, difíciles de conseguir y con expectativas muy altas.

 

Propósitos típicos de Año Nuevo

Dejar de fumar

Dejar de beber

Salir menos de fiesta (¿pero no proponemos una alternativa?)

Ir al gimnasio (¿cuántos días?)

Comer sano (muy ambiguo)

Gastar menos dinero (¿en qué, concretamente?)

Bajar de peso (¿cuánto y cómo?)

Encontrar pareja (eso no depende únicamente de una persona)

 

El problema no es proponerse cambiar a algo que creemos mejor, sino hacerlo porque lo dicta la fecha y no porque hay una motivación real que se mantendrá una vez pasada la fecha.

Para que un propósito se cumpla más fácilmente, es importante que tenga sentido para ti. Si estás hartx de sentirte de una manera, si crees que ya es hora de hacer eso que siempre has querido, si notas que en tu vida necesitas eso ahora mismo… El motivo que lo desencadene será la clave para poder seguir trabajando en ello cuando hayan pasado unas semanas o aparezcan los primeros inconvenientes.

Además, es de vital importancia que el objetivo a cumplir sea lo más concreto posible, que no dé lugar a dudas. Imagina que la pereza o el abandono de ese objetivo es un monstruo maligno en tu interior. Ese monstruo va a conseguir que digas cosas como “no tengo tiempo”, “no vale la pena”, “no está sirviendo de nada”…

Cuando resulte un poco complejo realizarlo, te hará borrar los avances conseguidos e intentará que solo recuerdes lo que no ha salido bien.

 

Para ello, necesitas tener el objetivo bien definido y de forma positiva. Si ponemos de ejemplo algunos de la lista anterior de los propósitos típicos de Año Nuevo, podríamos cambiar:

Ir al gimnasio VS Ir al gimnasio al salir del trabajo los lunes y los miércoles durante 1h

Gastar menos dinero VS Ahorrar X€ (cantidad fijada y realista) al mes

 

De esta forma, cuando no tengas fuerza suficiente para llevarlo a cabo, no tendrás que pensar en cómo realizarlo porque ya lo tendrás todo establecido. De manera que la energía que tienes (ya sea mucha si hay motivación o poca por motivos varios) la utilizas en cumplir el objetivo. Te enfocas en la conducta y no te pierdes en los pensamientos.

También es muy importante que sean objetivos realistas. No se trata de infravalorarnos y pensar que no vamos a conseguir aquello que deseamos pero, por el contrario, si fijamos nuestras expectativas más altas de lo que vamos a querer realizar pasado un tiempo, nos estaremos autoboicoteando. No hay mejor manera de NO cumplir una meta que poniéndosela tan alta como para poder decir: “Lo intenté pero no pude”.

 

Por esto os invito a que cambiéis los Propósitos de Año Nuevo por los Propósitos Porque Sí. Porque os queréis, os cuidáis y os dedicáis tiempo.

Los propósitos de cambio en nuestra vida son porque queremos sentirnos mejor, no porque vienen impuestos de fuera. Eso no son propósitos, son obligaciones. Y de estas últimas, ya tenemos muchas en nuestra vida.

 

¡¡Felices Propósitos Porque Sí!!

 

Pensamientos de una adolescente: Navidad

Vuelve a llegar esa época en la que la familia se reúne, se hacen regalos, engordamos a base de dulces, algunos viajan, otros salen de fiesta y seguimos engordando más porque hasta el seis de enero todo está permitido.


Personalmente la navidad me gusta bastante, pero hace que me replantee ciertas cosas que han convertido esos días de pasarlo bien en otra realidad que a veces no nos beneficia tanto.

Empezaré hablando de los regalos. Si algo caracteriza esta época, son los Reyes Magos, Papá Noël, regalos etc. Y eso está genial, sobre todo para los que no tenemos que regalar a nadie. Y digo “tenemos que”, porque en muchas ocasiones nos sentimos obligadas a comprar regalos porque es Navidad. Y la mayoría de veces regalamos sin pensar en qué le gustaría a la
otra persona o compramos por dar algo y quedar bien. Incluso hay personas (en mi caso la mayoría) que se limitan a darte el dinero y que tú hagas lo que quieras con él.

También pasa que una de las partes se gasta más dinero que la otra y cuando se ven los regalos es posible que alguno no se sienta cómodo. Por eso no me gusta la parte de tener que estar comprando para otros, la mayoría de veces por compromiso, solo porque es navidad. Pienso que si quieres hacer un detalle a alguien, puedes hacerlo cuando te apetezca o
cuando mejor te venga. Pero claro, ¿qué sentido tendría entonces la Navidad?


Desde mi punto de vista, esta época con el paso del tiempo se ha ido comercializando. A parte de los regalos que había hablado antes, en general los precios de las empresas suben, porque saben que al ser Navidad, la gente no mira eso. Solo buscan tener lo mejor para servir en las cenas, los mejores regalos, etc.

Lo peor de la Navidad sin duda, son los momentos en los que te acuerdas de las personas que quieres y ya no están a tu lado. Y para aquellos que no se pueden permitir unos días con mejor calidad o más felicidad porque no disponen de los recursos para ello.

 

Y justo por eso, deberíamos aprovechar estos días para reflexionar y valorar más lo que nos rodea el resto del año y no solo disfrutar de ello/s dos semanas porque es lo que dice la tradición.