LA IMPORTANCIA DE LOS PADRES EN LA TERAPIA DE SUS HIJOS

Cuando los niños son pequeños y el objetivo de consulta consiste en manejar las rabietas, conseguir que coma aceptablemente bien o explicar un divorcio, nos parece algo más obvio que los padres tengan un gran peso en el proceso de terapia.

Pero, ¿qué ocurre cuando el menor ya no tiene 2, 3 o 4 años? ¿Somos conscientes de la importancia de la implicación de los padres en la terapia de sus hijos?

A veces, cuando los niños y niñas empiezan Educación Primaria, consideramos que ya son lo suficientemente mayores para responsabilizarse de sus propias dificultades. Y, ¡ojo! son capaces de responsabilizarse de muchas tareas de autonomía, pero todavía necesitan un modelo que les comunique por dónde pueden ir, hasta dónde se puede llegar y qué límite no deben pasar.

Si una niña reta, grita e insulta a sus padres cada vez que se enfada, en las sesiones podrá aprender sobre el manejo de las emociones, estrategias de resolución de problemas y aprenderá a conocerse. Pero, el objetivo no se podrá conseguir si los padres no aplican adecuadamente sus normas y límites.

Si un niño con dificultades de aprendizaje tiene su autoestima mermada a causa de tanto esfuerzo para tan poca nota, necesitará algo más que el trabajo psicopedagógico correspondiente y el refuerzo continuo a su esfuerzo para potenciar su percepción de autoeficacia. Ese “algo” que se escapa a las manos de cualquier profesional es la motivación por parte de sus figuras de referencia, es ese amor incondicional que se puede demostrar de muchas maneras.

Si una adolescente a la que no le han puesto límites responde con timidez, decaimiento y miedos irracionales excesivos; podemos ganarnos el vínculo, podemos conseguir que se abra a nosotros, potenciar su autoestima y que trabaje la irracionalidad de sus miedos para sentirse más capaz. Pero, ¿qué ocurre si sigue sin tener límites? Que nunca se sentirá capaz de hacer nada porque nunca ha tenido que afrontar sus limitaciones. Además, las obligaciones aumentan su exigencia con el paso de los años mientras ella no se ve preparada para solventar las situaciones de una edad inferior.

Y, ¿qué ocurre cuando tenemos delante a un adolescente con serias dificultades para acatar cualquier norma que venga de una figura de autoridad? ¿Cómo podemos trabajar en esta situación? Podemos ganarnos al chaval, hacer que no nos vea como otra figura autoritaria que le rodea, aumentar su reflexividad… y muchas otras cosas más. Pero, ¿cómo va a conseguir ese adolescente hacer caso a la autoridad que le resulta ajena? Teniendo un trabajo paralelo con los padres sobre la forma adecuada de poner límites y mantenerlos con el paso del tiempo.

Es por esto por lo que la coordinación con los padres y su implicación es un elemento básico en el proceso terapéutico de sus hijos. Son la parte clave, junto a los hijos, de este puzzle desbaratado que nos llega por la puerta, dispuesto a encontrar las piezas perdidas que necesita para poder completarse.

 

Cuando los castigos no sirven de nada

“Le he quitado todo y sigue sin hacer caso”. “Le dejo sin móvil, sin tablet y sin consola y me dice que le da igual. Ya no sé qué hacer”.

A veces se acude a consulta cuando se ha llegado al límite. Al límite con los profesores, al límite con los padres y al límite con los hermanos. Cuando esto ocurre, hace tiempo que la relación con los menores se convirtió en una lucha de poder. Esta lucha solo lleva a escaladas de rebeldía en la que todos los implicados se esfuerzan por imponer lo que cada uno quiere.

¿Qué suele pasar cuando se llega a este límite? Que los adultos quieren soluciones rápidas debido a su sensación de frustración e impotencia, y los menores llegan tan acostumbrados a evitar las responsabilidades que necesitan un mayor tiempo para bajar de esa escalada límite en la que están envueltos.

En estas ocasiones, las demandas de adultos y menores no están, ni por asomo, en el mismo camino. Los padres y profesores desean que se cumplan las normas porque ya no recuerdan cuando fue la última vez que no hubo una bronca. Los menores, por su parte, hace tiempo que dejaron de sentirse comprendidos y escuchados por sus figuras de protección. Unos se sienten ninguneados, los otros se sienten juzgados.

Y, ante esta dificultad de comunicación donde los implicados se encuentran tan lejos unos de otros…, ¿qué podemos hacer? Algo diferente a lo esperado. Algo que rompe las expectativas de padres e hijos.

Los padres esperan que hagan caso a nuestros límites de profesional y sienten un aliado en nuestra parte. Los hijos, por el contrario, nos ven como una amenaza. Como a esa persona externa que no les conoce de nada y les va a juzgar por su comportamiento como el resto de los adultos. ¿Qué hacemos entonces? Lo contrario.

Antes de seguir poniendo castigos que, de momento, no han servido, necesitamos ganarnos al menor. Generar un vínculo con ellos con total confianza. Servir de modelo de figura protectora que les haga sentirse a gusto y seguros para, poco a poco, ir rompiendo esa coraza emocional que muestran en forma de comportamiento problemático.

Ante esto, no todos los padres lo entienden. “¿Por qué sigue sin hacer nada?” “¿Está “toreando” también a la psicóloga?”. Ni mucho menos. Estamos trabajando poquito a poco, de una forma diferente a la que tiene en casa y en clase y con la que no se obtienen los resultados esperados.

“Pero… ¿y qué hacemos los padres entonces? ¿Qué haga lo que quiera?”. No. No se trata de dejar a los hijos que vivan en su anarquía. Podemos dejar a un lado los castigos teniendo en cuenta los límites. Es el momento de cambiar el:

“Si no haces los deberes te quito el móvil”

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“Si haces los deberes tienes media hora de móvil y si recoges tu habitación tienes media hora más”.

Consiste en poner la norma que queremos que se cumpla desde un lenguaje positivo. Si haces una cosa, te premio con otra. Además, es muy importante que el premio sea lo suficientemente motivador como para que al menor le compense hacer esa norma que le supone tanto esfuerzo.

“¡Pero si solo es hacer la cama! ¿Cómo le va a costar?”. Hacer la cama, no es solo hacer la cama. Poner la mesa, no es solo poner la mesa. Estudiar, aunque pensemos que “es su deber”, no es solo estudiar. Todas estas conductas a realizar, como decía al principio, ya se han convertido en una lucha de poder, en una forma de relacionarse y empieza a ser la forma en la que se crea el autoconcepto como los que se definen diciendo “soy el gracioso de clase” o “soy un liante” y cambiar estas etiquetas, amigos, supone un arduo trabajo de padres, profesores, menores y psicólogos.

RESEÑA DEL MES: EL ÚNICO RECUERDO DE FLORA BANKS

“Estoy en lo alto de una montaña, y aunque sé que he hecho algo terrible, no tengo ni la menor idea de qué es. Lo sabía hace un minuto o una hora, pero se me ha ido de la cabeza y no he tenido tiempo de ponerlo por escrito, así que se ha perdido. Sé que debo permanecer alejada, pero no sé de qué me escondo.”

Así empieza el prólogo del libro El único recuerdo de Flora Banks, de la autora Emily Barr. Un libro que, a pesar de que su sinopsis nos puede dar a entender que es la típica novela de amor adolescente, es mucho más que eso.

Flora tiene 17 años y sufre amnesia anterógrada. A los 10 años le ocurrió algo terrible que le provocó una lesión cerebral. Desde entonces, no recuerda nada más de dos o tres horas seguidas. Sin embargo, mantiene todos los recuerdos de sus diez primeros años.
La chica de esta historia es valiente e intrépida. Debe poner en orden sus emociones continuamente puesto que, actualmente se siente adolescente pero sus únicos recuerdos le hacen sentirse una niña. ¿Hay mejor metáfora de las dificultades en el autoconcepto que viven los adolecentes? ¿Soy una niña? ¿Soy adulta? ¿Soy adolescente para unas cosas y niña para otras?

Además, se hace especial hincapié en la capacidad de Flora para buscar las herramientas que necesita y sobrepasar sus límites. No se fomenta la pasividad y “el no puedo” o “no sé” que tanto nos incapacita a todos. Ella sabe lo que ocurre, se entera varias veces al día y lo vive como si se enterara por primera vez. Pero, lejos de victimizarse por si situación, se arma de valor y está dispuesta a vivir su vida como ella quiere.

Y por último y no menos importante, a pesar de que la novela aparenta ser la típica historia de la chica que lo deja todo por un chico, todo se queda en eso. En una simple apariencia. Al final, el libro nos da una lección de cómo se pueden perder personas a las que queremos por priorizar una historia de amor o de cómo podemos conseguir nuestros objetivos independientemente del ámbito de la pareja.

 

Aplicación en sesión

Dada su longitud, este libro lo recomiendo para leerlo fuera de la consulta a cualquier persona que se encuentre entre los 13-20 años. Nos acerca a los problemas que existen y la sociedad no nos cuenta, como es la amnesia o cualquier lesión cerebral. Nos enseña a ser proactivos y salir hacia delante tal y como somos, con nuestros puntos fuertes, pero también con esas cosas que nos cuestan más y que todos tenemos. Nos enseña que la sobreprotección no es la mejor opción, aunque a veces nos convenzamos de lo contrario. Y nos enseña que las mujeres no necesitamos de un hombre para ser lo que queramos ser.

BATALLAS CORRIENTES: Terapia de pareja y sexualidad

Cada vez más podemos ver a parejas que se separan o se divorcian. Parejas que no encuentran un camino común y personas que no se sienten satisfechas con su vida sexual. Empezamos las entrevistas del 2018 con Davinia Ribes, psicóloga especializada en terapia de pareja y sexología.

¿Qué te impulsó a especializarte en el campo de la terapia de pareja y sexología?

Siempre me han interesado las relaciones personales y sobre todo las más íntimas, es decir, las relaciones de pareja. Cuando estaba estudiando psicología en la universidad fui a varios seminarios de pareja y sexología y cada vez me fue interesando más este campo del que poco se veía en la carrera.  Además, nuestra pareja es la persona con la que decidimos pasar el resto de nuestra vida y esa relación hay que cuidarla siempre,. En todo ese tiempo es normal que surjan problemas de algún tipo entre ambos y, como psicóloga, quiero ayudar a esas parejas a superarlos.

 

¿Crees que, actualmente, es un tabú acudir a consulta psicológica por problemas en la pareja y/o por temas sexuales?

Creo que a todos nos cuesta reconocer que tenemos problemas y mucho más hacerlos públicos, ya que queremos ser aceptados por la sociedad. Hay parejas que acuden a terapia lejos de sus pueblos o de su ciudad para evitar que sus amigos o vecinos se puedan enterar.

Por otro lado, los problemas sexuales todavía siguen siendo tabú en la actualidad y los pacientes suelen acudir cuando ya están desesperados.

 

A pesar de que todo el mundo habla sobre la terapia de pareja o sobre la terapia sexual, no todas las personas son conscientes de los aspectos que se trabajan en la consulta a estos dos niveles. ¿A qué se dedica una psicóloga de pareja y sexóloga?

 La psicóloga de pareja persigue mejorar todos los aspectos de la relación actual y futura de aquellos que acuden a consulta, ayudando a construir una relación sana. Para ello crea un clima de respeto en el que se puede llegar a una comunicación efectiva y da pautas para que los miembros de la pareja puedan adquirir las habilidades necesarias para resolver sus conflictos de manera adecuada.

En este ámbito se tratan problemas de comunicación, celos, infidelidad y duelo por ruptura, entre otros.

Por otro lado, la terapia sexual se centra en la mejora del funcionamiento sexual. Muchos de los problemas sexuales que sufre la población tienen un origen psicológico o se mantienen en el tiempo por causas psicológicas, como pueden ser la ansiedad asociada a la práctica sexual o los prejuicios asociados al sexo. Es en estos casos en los que un/a sexólogo/a puede intervenir y mejorar las dificultades sexuales que sufren estas personas.

Algunos de los problemas que se tratan son disfunción eréctil,  eyaculación precoz o retardada, vaginismo, anorgasmia, dificultades de excitación y bajo deseo.

Es común que las personas que tienen problemas de pareja también tengan problemas en la “cama”. Pero cuando la relación de pareja mejora, también lo hacen las relaciones sexuales que mantienen.

 

¿Cuáles son los problemas que son más habituales en la consulta?

En el ámbito de la pareja suelen acudir con problemas de comunicación negativa, diferencias de intereses en las que no saben llegar a un acuerdo,  infidelidad y celos, y también suelen acudir cuando uno de los miembros de la pareja le da un “ultimátum” al otro, es decir, uno de los miembros quiere dejar la relación y el otro la quiere conservar. En este caso acuden a terapia como un último intento de seguir adelante con la relación.

En el ámbito de la sexología lo que más solemos encontrar son mujeres con bajo deseo o con dificultades para alcanzar el orgasmo y hombres con disfunción eréctil o eyaculación precoz.

Aunque cada vez encontramos más hombres con bajo deseo, es posible que por prejuicios sociales les cueste más acudir a terapia por este problema, ya que los mitos nos dicen que “ellos siempre están dispuestos”.

Lo cierto es que, aunque los problemas que he mencionado se den con más frecuencia, en terapia nos encontramos con problemas de todo tipo.

 

Como decía en la introducción, cada vez hay más parejas que deciden separarse o divorciarse. ¿Es cierto este dato o, simplemente ahora somos más conscientes de ello? ¿Cuáles pueden ser las causas de que las parejas no encuentren los puntos en común que necesitan para seguir juntos?

Es cierto que los divorcios han aumentado en los últimos años y es que la sociedad ha cambiado.

El hecho de que tanto hombres como mujeres tengan independencia económica, que  cada vez tengamos más facilidades para conocer gente (gracias a las redes sociales y aplicaciones de citas) y que podamos optar a diferentes tipos de relación, ha llevado a que seamos “consumistas” en el ámbito de las relaciones.

Y es que antes, cuando se rompía algo lo arreglábamos, y ahora compramos algo nuevo.

Pero tampoco quiero ser alarmista, porque aunque haya aumentado el número de separaciones en la última década, también está aumentando el número de parejas que piden ayuda porque quieren arreglar las partes rotas de su relación y seguir juntos en una relación que han conseguido fortalecer.

 

¿Cuáles son los mitos más típicos sobre la terapia de pareja y/o sexual?

Uno de los mitos que más se encuentra en consulta es que las parejas piensan que van a entrar por la puerta y cuando salgan estarán “curados”. Los psicólogos no tenemos una varita mágica, si queremos mejorar nuestras relaciones, debemos trabajar para conseguirlo.

Otro mito que se da mucho es que uno de los miembros de la pareja acude a terapia para que el otro cambie “porque el otro es el culpable” y buscan que le demos la razón. En pareja se funciona como un equipo y los dos miembros deben poner de su parte.

También hay parejas que piensan que la terapia es el lugar donde ir a “pelear” y no es así. En terapia debe haber un clima de tranquilidad y respeto para que las sesiones puedan avanzar de manera adecuada.

 

¿Qué les dirías a las personas que tienen algún problema sexual y/o de pareja y dudan en acudir a un sexólogo/a?

Si tenéis un problema sexual o de pareja, supongo que habréis intentado resolverlo por vuestra cuenta. Si no ha funcionado deberíais pedir ayuda, ya que a veces esperamos tanto, restándole importancia a los problemas, que el vaso está a rebosar cuando nos decidimos a acudir a consulta. Mi consejo es que pidáis ayuda antes de que esto pase.

 

¿Cómo pueden contactar contigo las personas que estén interesadas?

Actualmente podéis encontrarme en el Instituto de la Pareja en Murcia. (Información de contacto en la web: www.ipareja.com)

Si queréis tener la terapia en Alicante podéis contactar conmigo vía mail para concretar una cita: davinia.ribes@gmail.com