Reseña del mes: María, ¿qué color comes? (Noelia Caballero)

Este mes os traigo un libro que habla de algo que nos preocupa a todos. ¿Cuántas veces habéis hablado sobre lo que comen o no comen vuestros hijos/as? Que si hay peleas para que coma, que si tarda mucho en comer, que si no come a menos que tenga la televisión puesta… Y en cuanto a niños más mayores, ¿conocéis a alguno que coma con ansiedad? ¿Que solo coma pizza y macarrones? ¿Que se alimente a base de bollería industrial, chuches y patatas de bolsa?

Hoy os presento María, ¿Qué color comes?, una historia que pueden leer hasta los más peques ya que está en cartoné y los dibujos ocupan una gran parte del libro.

Es la hora de merendar y la madre de María le pone un gran plato de frutas de muchos colores. María, sorprendida, le pregunta: “¿por qué las frutas y verduras son de tantos colores?”. Y es así como empieza una historia en la que la escritora, en la voz de la madre de María, nos cuenta cómo nos puede ayudar cada alimento.

Las de color verde sirven para reparar todo lo que se estropea dentro del cuerpo y nos ayuda a mejorar cuando nos ponemos enfermos.

Las de color amarillo y naranja sirven para tener una piel sana y potenciar la vista.

Las de color blanco sirven para protegernos de nuestros “bichitos internos” y ayudan a nuestros huesos y articulaciones.

Las de color rojo sirven de ayuda a nuestro corazón y a nuestra sangre.

Y las de color morado nos permiten tener más memoria e influyen positivamente en nuestro aprendizaje.

 

Además, en el libro, María aprende qué tipos de frutas y verduras son de color verde, amarillo, naranja, blanco, rojo y morado. Una idea genial para aprender vocabulario sobre nutrición y sobre los colores.

 

Un libro lleno de colores y alimentos. ¡Es difícil leerlo sin que te entre hambre! ¿Os atrevéis?

Pensamientos de una adolescente: El impacto del feminismo en l@s adolescentes

“Hasta hace poco, la mentalidad de la sociedad decía que la mujer sólo servía para estar al cuidado del hogar y de la familia. De manera que si eras mujer, desde que nacías ya tenías ese cargo que tendrías que desempeñar durante toda tu vida. Afortunadamente, se puede observar cierto avance en cuanto a “una nueva mentalidad”, que ve a las mujeres como capaces de conseguir tantos méritos como los hombres de manera que, podemos hablar de igualdad entre géneros.

Sería fácil si todo terminara ahí: en que todos creemos que tanto mujeres como hombres somos iguales y por lo tanto, ninguno de los géneros está por encima del otro. A pesar de haber avanzado y haber conseguido que una gran parte de la población tenga una mentalidad más abierta y trate con igualdad a ambos géneros, también hay otra parte que sigue teniendo esas creencias machistas que no permiten el avance de la sociedad y hace que sigamos estancados en una constante lucha por conseguir que la mujer sea tratada con igualdad.

Gracias a esta lucha, ha surgido un nuevo término que define una ideología que defiende que las mujeres tengas los mismos derechos que los hombres. Este es el feminismo, una palabra que ha causado más de una confusión, porque algunas personas creen que esta ideología defiende la superioridad de la mujer, cuando realmente defiende la igualdad de derechos. Además, el feminismo lucha por poder obtener la libertad de que por ejemplo, un hombre pueda llorar sin sentirse menos masculino o etiquetado de ser homosexual (como si eso fuera un insulto…)

Por otra parte, en los colegios e institutos se está implantando un nuevo modelo de educación que tiene como principal objetivo enseñar desde la igualdad de valores sin discriminación según el sexo. Este es el modelo de coeducación. No es obligatorio, pero considerando que las ideas machistas que tienen algunas personas se deben a la educación que recibieron, ¿por qué no impedir el origen del problema? Desde mi punto de vista, sí he notado un cambio en la educación. Ahora, todos los cursos reciben charlas en las que se hablan de la violencia de género, la igualdad entre sexos, el feminismo… Además, a pesar de que la aparición de mujeres en los libros es escasa, los profesores (por lo menos los de mi centro), insisten en citar a mujeres que han demostrado ser igual de válidas que los hombres en todos los ámbitos. Marie Curie, Virginia Woolf, Frida Kahlo, Rosalind Franklin, Marilyn Monroe etc. No son menos importantes que cualquier hombre.

Para finalizar el post de este mes, me gustaría dar un pequeño resumen sobre mi opinión acerca de la sociedad de hoy en día: actualmente creo que se tiene en cuenta la gravedad de la mentalidad machista y cómo afecta sobretodo a las mujeres (sólo tenemos que mirar los casos de violencia de género que hay al año y cuántas mujeres mueren por haber sido maltratadas). Por suerte, el feminismo crece, y cada día se suman más personas a la lucha para evitar que se siga oprimiendo a las mujeres y demostrar que todos somos iguales. A pesar de esto, debemos seguir trabajando para lograr una sociedad igualitaria en la que todos dispongamos de la libertad y de los derechos que merecemos.”

 

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

Reseña del mes: Cuando las niñas vuelan alto (Raquel Díaz Reguera)

Tenía muchas ganas de reseñar este libro y qué mejor época que en el mes de marzo, el mes en el que las mujeres le recordamos al resto de sociedad que seguimos luchando por nuestros derechos.

Esta historia habla de tres niñas que representan a todas las niñas del planeta. Ellas son Adriana, Jimena y Martina.

Adriana es delgada y bajita. Quiere convertirse en la mejor piloto del mundo.

Jimena es muy callada y se lee todos los libros que encuentra. Quiere ser superescritora.

Martina es redondita como el punto de la i. Sueña con ser una gran violinista.

 

La persona encargada de que las niñas no pierdan la ilusión es el señor SIQUIERESPUEDES. Pero no todo es tan fácil. En esta historia no solo hay un personaje malvado. ¡Es una banda entera! La banda dirigida por NOLOCONSEGUIRÁS y sus secuaces SR.REFLEJOS, Señor-ITA, SRA.BELLEZAEXTERIOR y SR.DESIGUALDAD.

Esta banda tiene como misión principal que las niñas no cumplan sus sueños.

¿Y sabéis cómo lo consiguen? Metiendo piedras en sus zapatos, en sus bolsillos y en sus mochilas. De esta manera, con el peso de las piedras, consiguen que las niñas no puedan volar.

 

¿Qué podrán hacer Adriana, Jimena y Martina para conseguir deshacerse de esas piedras?

 

Aplicación en sesión

Este cuento se puede utilizar tanto a nivel individual como grupal, con chicos y con chicas. Con niños, adolescentes y adultos.

Con las chicas, podemos trabajar el autoconcepto y la autoestima así como los mensajes y las etiquetas que nos llegan desde el exterior. A veces, sin darnos cuenta, hacemos que esas etiquetas se conviertan en nosotras pero… ¿y si estamos a tiempo de redecidir si la queremos o no?

Con el sexo opuesto se pueden trabajar los prejuicios y la empatía. También podemos hacer un trabajo de etiquetas y de autoconcepto empezando desde una visión más alejada como son las mujeres y, poco a poco, cuando las defensas bajan, aproximarnos al autoconcepto de la propia persona con la que estamos trabajando.

 

Que las niñas vuelen alto no es solo cosa de mujeres. Todos elegimos si poner una piedra en el zapato o impulsarles para volar.

 

Psicóloga y mujer

Durante este mes, el blog tendrá como temática temas relacionados con la mujer o posts escritos por mujeres de diferentes edades. Algunos creen que ya no hace falta recurrir a estos temas, otros creen que la sociedad no ha avanzado nada. Yo, por mi parte, aporto mi granito de arena para que siga habiendo cambios que mejoren la calidad de vida de todas las personas.

Desde pequeña he vivido con la referencia de mis dos hermanos mayores. Un chico y una chica. Mi hermana siempre ha sido el prototipo de “mujer” que se estilaba entonces: femenina, coqueta, maquillada… Por el contrario, mi hermano siempre iba en chándal y le encantaba jugar a fútbol. Es por esto, entre otras cosas, que al tener ambas influencias siempre iba acompañada de mis muñecas y mi balón de reglamento.

Siempre me he sentido atraída por la ropa cómoda. Y no, señoras y señores, no considero las minifaldas o shorts como ropa cómoda. Para mí de toda la vida, la ropa cómoda era el chándal, las camisetas y las mallas, desde los seis años hasta la actualidad.

Mi hermana tuvo que enseñarme a resolver los típicos conflictos que se originaban con la familia de edad más avanzada. Me enseñó frases para responder a los comentarios del tipo “tú no puedes jugar a fútbol porque eres una chica”, “pareces un chicote con ese chándal” o “las chicas no se sientan con las piernas abiertas”.

Al llegar la preadolescencia, recibí un regalo por mi cumpleaños con el que nunca me sentí identificada. Me regalaron un estuche de maquillaje con la premisa de que así podría ser más femenina, tal y como hizo la madre de quien me hizo el regalo. Seguíamos perpetuando estereotipos de generación en generación.

Una vez comenzada la carrera de psicología, descubrí algo que me iba a acompañar en el resto de formación psicológica y en mi vida laboral. Tres cuartas partes del alumnado siempre son mujeres. ¿Por qué? Porque ayudar a los demás, aunque ya no se diga, siempre ha sido “cosa de mujeres”.

Pero estos sucesos no solo se quedan en mi experiencia de vida, los sigo viendo día tras día en el ámbito laboral. Impartiendo talleres de manualidades, he visto como niños a los que le encantaba la temática dejaban de acudir semanalmente porque, al pasar a Educación Primaria, decidían hacer fútbol porque las manualidades, según les habían dicho, eran cosas de chicas. ¿Por qué se debe elegir entre una cosa o la otra?

En mis sesiones, veo madres que se sienten responsables de toda la educación y crianza de sus hijos porque “son las que se deben encargar de ello” o porque el padre trabaja muchas horas fuera de casa. A veces, no hay una excusa. Lo que se ve es que, cada vez que hay un problema en el centro escolar, es la madre quien coge el teléfono y va a hablar con los docentes. Muchas madres son las que acuden a las reuniones o incluso a las sesiones de pautas en consulta, que se supone que son para ambos. Es por esto que mi compañera y yo damos las pautas si vienen los dos progenitores (en el caso de que pueda ser viable).

Veo a niñas con problemas de aprendizaje ¿qué ocurre con los niños? ¿su rendimiento académico va viento en popa? Veo mujeres adultas que quieren sentirse mejor pero menos hombres que se atreven a dar el paso.

Y es que los hombres sufren su propio machismo. En mi corta experiencia de futbito como actividad extraescolar cuando era pequeña, he tenido que escuchar comentarios como “uuuuuh, una chica te ha hecho un cañito…” de manera que, tanto mi compañero de juego como yo, salíamos perjudicados.

Los adolescentes varones suelen acudir a consulta cuando presentan problemas de comportamiento. Sufren de rabia intensa porque no deben mostrar tristeza. La tristeza puede suponer un síntoma de debilidad y eso “es cosa de chicas”. ¿Cuándo trabajaremos desde el seno familiar para que eso cambie?

Cuando se habla de igualdad, no significa que mujeres y hombres seamos iguales. Somos iguales ante la ley. Con los mismos derechos y deberes. ¿Y qué ocurre en lugar de bajar las obligaciones de las mujeres al mismo escalón que las de los hombres? Justo lo contrario, aparecen reglas implícitas de culto al cuerpo. Ya no es únicamente la mujer quien debe estar perfectamente maquillada, con tacones y con determinado peso. Ahora, tanto chicos como chicas dedican sus historias y fotos de Instagram a demostrar que deben estar perfectos y perfectas por fuera para merecerse el amor de sus amigos y parejas, porque solo así conseguirán amor propio.

A veces pienso que las personas complicamos las cosas muchísimo más de lo difícil que pueda ser la vida. La parte positiva es que somos nosotras y nosotros quienes podemos hacerla más fácil.

Aún queda mucho por hacer, pero motivación personal y profesional no me falta.