Batallas corrientes: O-presión de la moda hacia la mujer

Hoy, la sección de Batallas corrientes no consta de una entrevista sino de un post escrito por Ana, una chica de 19 años que sufre, como un gran porcentaje de la población, una batalla de autoestima contra las tiendas de moda. ¿Por qué cambian las tallas? ¿Cómo nos afecta? ¿Qué supone en nuestro autoconcepto y en nuestra autoestima?

Ana

“Vivimos en una sociedad que permite que en una parte del mundo se explote a mujeres de todas las edades, para que en otra parte del mundo otras mujeres vistan camisetas que defienden la libertad de todas las mujeres.

Toda una contradicción son estas camisetas feministas que tanto se han puesto de moda últimamente. No sólo por haberse apoderado de un movimiento para ganar dinero (como ya ha pasado en otras muchas ocasiones), sino porque además de reírse del movimiento feminista, lo niega. Esto no sólo es palpable en el hecho de que sean mujeres explotadas las que hacen estas camisetas, sino también porque si no tienes unas medidas perfectas (socialmente hablando) no puedes ponértelas. Por lo tanto, según la lógica de estas camisetas y las empresas que las venden, sólo puedes ser feminista si eres primermundista y delgada.

Por desgracia, esta regla no se aplica únicamente a las susodichas camisetas. Hoy en día si tu cadera pasa de los 100 cm no puedes vestirte. Las tiendas, además de haber reducido considerablemente las medidas de las tallas, también han decidido no fabricar ninguna talla más allá de una 42 o una L; y suerte para encontrarlas. Sobre todo, en lo referente a los pantalones, porque en las tiendas ni siquiera suelen tenerlos.

Yo soy la primera víctima de este abuso. En el último año apenas he podido comprarme un pantalón, y mucho menos corto. He tenido que vestir casi todo el verano con vestidos porque no podía comprarme ni un solo pantalón que me entrara. A día de hoy, para vestirme tendría que ir a una tienda de tallas grandes. Tengo 19 años y peso 65 kg, no debería tener la obligación de ir a una tienda de tallas grandes, en las que además tampoco hacen tallas para mí por ser demasiado pequeñas.

Esto antes no era así. Yo siempre he sido una persona que adelgaza y engorda con facilidad, por lo que sé perfectamente cuales eran las tallas de los pantalones y las camisetas anteriormente, y puedo decir a ciencia cierta que no son las mismas que ahora. Yo he vestido tallas hasta la 42 estando más “gorda” de lo que estoy ahora y me estaban bastante grandes. Ahora encontrar un pantalón de la 42 que me pase de las piernas es misión imposible.

Esto es algo con lo que tenemos que lidiar personas de todos los tamaños y pesos, no soy la única. Conozco varias chicas, todas con distintos cuerpos, que están sufriendo por culpa de este abusivo recorte de tallas. Muchas de ellas solían vestir una 36 o una 38 y ahora se han visto con que necesitan una o dos tallas más, sin que su peso haya cambiado en absoluto.

Una consecuencia importante de esto podría ser el aumento de casos de chicas que sufren trastornos alimenticios, porque hay personas que pueden no darle importancia, pero hay otras a las que esta situación puede afectarles muy negativamente y nadie hace nada.

Si una chica que ya tiene complejos y que se siente mal con su cuerpo resulta que un día decide ir de compras y descubre que su talla habitual no le cabe, podría causarle problemas inimaginables psicológica y mentalmente.

Claramente, esto no quiere decir que la gente delgada no sufra este mismo problema a la hora de encontrar tallas porque todo le quede grande. Sin embargo, son casos mucho menos numerosos y más fáciles de solucionar.

Ir de compras, algo que antes adoraba, se ha convertido en una tortura para mí. Siempre salgo enfadada o llorando de las tiendas. A pesar de que desde hace tiempo adopté una postura bastante conformista en lo referente a mi cuerpo.

Sé que no estoy gorda, pero tampoco estoy delgada. Sin embargo, cada vez que paso por alguna de las tiendas que me gustan, salgo pensando que no merece la pena seguir siendo optimista, que ya no merece la pena intentar seguir preocupándome por mi aspecto, ya que por mucho que lo intente nunca me quedará bien nada. Este pensamiento no debería tenerlo nadie, porque todas las personas valemos lo mismo y este sistema enfermizo está acabando con demasiadas autoestimas. Incluso ha llegado al punto de que en las webs de las tiendas prefieren que el vestido o el pantalón que están mostrando (y que es lo que supuestamente están intentando vender) se vea como un saco con tal de que la chica que lo lleve esté delgada (a veces alcanza unos límites bastante preocupantes).

Esto ha llegado hasta a la ropa escolar, en la que un pantalón de la talla 14 de chico es exactamente igual a la talla 18 de chica. ¿De verdad es necesario que ya desde niñas estemos sufriendo este indirecto ataque? ¿Qué necesidad hay de hacer las cosas así? ¿Qué hay de malo en la diversidad en los cuerpos? ¿Por qué tienen que ser las opciones tan reducidas? Todas estas preguntas me vienen a la cabeza cada vez que voy de compras o miro alguna web de ropa, y me temo que cada día es peor.

Sin duda, lo que más duele del asunto es que nadie haga nada, que nadie se queje y que mientras las empresas esclavizan para vender camisetas feministas, las verdaderas feministas (o mujeres en general) tengan que sufrir este ataque hacia sus cuerpos y autoestimas a diario.”

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