Batallas corrientes: La vida de una opositora

Este mes lo hemos dedicado a todos esos valientes que luchan por sacarse un hueco laboral mediante oposiciones. Para ello hemos hablado con María quien, tras sacar su plaza en el PIR, es R2 en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

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La entrevista se titula “La vida de una opositora”, ¿Cómo era tu vida mientras te preparabas la oposición?

La verdad es que fue una época de mucha rutina y sacrificio. Preparar una oposición es un trabajo de “hormiguita”, a largo plazo, y al final eso requiere adquirir una disciplina y unos hábitos en el día a día, sobre todo para poder mantener un ritmo de estudio coherente y no agotarse por el camino. Es cierto que una oposición absorbe gran parte de tu vida mientras la preparas, pero siempre vi importante que no se convirtiera en “mi vida”. Creo que es vital no perder la perspectiva (que es fácil hacerlo) y no dejar de lado otras cosas que son importantes (y que además, indirectamente, también ayudan a estudiar): ocio, amigos, familia…

Todo el mundo habla del sacrificio que supone estudiar una oposición de tal magnitud como es el PIR pero, ¿te imaginabas que sería así?

Antes de tomar la decisión, valoré los pros y contras y sabía más o menos en qué “berenjenal” me metía, pero la verdad es que, como en la mayoría de cosas, hasta que no estás en la situación no sabes realmente lo que implica ni cómo vas a reaccionar (a veces, te sorprendes).

Según tengo entendido, no sacaste plaza la primera vez que te presentaste al examen ¿Cómo te sentiste?

La primera vez que me presenté al examen pude estudiar muy poquito. Compaginé la preparación del PIR con la realización de un Máster, por lo que no me dio tiempo a estudiar todo el temario completo. Teniendo en cuenta esto, fui al examen con unas expectativas ajustadas a la situación, asumiendo ese día como un “entrenamiento” y una oportunidad para ver a lo que me enfrentaba. Entendí que lo esperable era no sacar plaza en esa convocatoria y aprendí qué cosas me podrían servir de cara a la siguiente. Es complicado porque, en ese momento, se hace aún más patente que el camino es largo y que queda aún mucho esfuerzo por delante, pero yo al menos trataba de tener paciencia y  fijarme objetivos a corto plazo.

¿Qué hiciste o pensaste  para volver a coger fuerzas y presentarte de nuevo con todo el esfuerzo que eso conlleva?

Siempre he tenido en cuenta que el PIR se ha convertido en una prueba tremendamente difícil por varios factores, algunos no directamente relacionados con el estudio o el esfuerzo personal. No llegan al 5% los opositores que finalmente consiguen plaza, por lo que siempre tuve en mente que, aunque hay todo tipo de casos, lo “normal” era tener que realizar varios intentos para conseguir el objetivo. A pesar de eso, siempre me planteaba a mí misma qué era lo que yo quería para mí a largo plazo, qué me veía haciendo en el futuro, y pensaba que mientras me siguiera compensando ese objetivo, lo seguiría intentando. Me decía a mí misma que otras personas lo habían conseguido y que por qué yo no podía hacerlo también.

Por otro lado, como comentaba en la pregunta anterior, el hecho de que en la primera experiencia no lo hubiera podido preparar del todo, me hacía pensar que aún podía hacer más cosas que estuvieran en mi mano para conseguirlo, que podía poner “más carne en el asador”. A pesar de no obtener plaza pude quedarme muy cerca, y eso también me dio ánimos porque vi que era una meta difícil, pero posible.

¿Cuál dirías que ha sido el momento más difícil en tu trayecto como opositora?

Para mí hay dos momentos especialmente complicados: uno, el mes antes del examen. La recta final es difícil, son muchos meses de estudio a la espalda, mucho cansancio acumulado, y es fácil enredarse con la culpabilidad (lo que debería haber hecho y no hice, etc). Otro, el mes después del examen. A pesar de que ya no está presente la carga del estudio, el proceso de espera de notas, impugnaciones, etc… a mí al menos me resultaba agónico. Cuando no obtienes plaza, es un momento de “recomponerse” y de reflexión. Aquí yo creo que es importante no “volverse loca” y no ponerse a estudiar otra vez nada más acabar el examen, sino que es necesario descansar (sobre todo, a nivel psicológico) y reorganizarse. Cuando estás “en el otro lado”, es decir, cuando has realizado un buen examen y tienes posibilidades de optar a plaza, pero todavía dependes de la resolución del proceso y de las notas de los demás opositores, es un momento de mucha incertidumbre y cuesta mucho “desconectar”, al menos en mi caso.

¿Qué cualidades crees que son fundamentales para estudiar una oposición?

En mi opinión, la perseverancia, la tolerancia a la frustración y la flexibilidad.

¿Qué cosas/personas/herramientas/métodos te han servido para “sobrevivir” la rutina que supone una oposición?

Como he comentado antes, creo que es vital no obsesionarse con la oposición y no convertirla en el centro de tu vida, aunque por unos meses (o años) absorba gran parte de ti. En mi caso, intentaba no perder mis planes de ocio, tanto en casa como fuera de ella, compartir momentos agradables con las personas de mi alrededor, etc… En una oposición es muy importante la disciplina, pero también la flexibilidad. En este sentido, lo que más me sirvió fue aprender a escucharme, a saber cuándo tocaba descansar, cuándo igual no me daba la cabeza para más y había que dejarlo, cuándo sí me daba pero me estaba dejando llevar por la pereza…

¿Qué consejos le darías a una persona que está en su andadura opositora?

En mi primer lugar, que tenga mucha paciencia. Una oposición es una meta a largo plazo, y va a haber días malos y buenos, pero eso forma parte del proceso. Como he mencionado antes, para mí una de las cosas más importantes fue la flexibilidad, tanto a la hora de saber cómo gestionar las fuerzas, como también a la hora de planificar el estudio. No hay una manera “mejor” de prepararse una oposición, ni un “método mágico”, sino que creo que cada uno debe conocerse y adaptar el estudio a sus fortalezas/debilidades y a sus circunstancias personales. Creo que uno tiene que ser honesto consigo mismo y saber lo que puede exigirse o no (por exceso y por defecto) en cada momento del proceso.

Aunque una oposición implica una “competición” con otros por una plaza, creo que al final la “batalla” más dura es la que tiene el opositor consigo mismo, con las dudas, el cansancio, la autoexigencia, la sensación de incontrolabilidad… estudiar es muy importante, pero si se consigue manejar esta otra parte, creo que se tiene recorrido un tramo muy importante del camino.