Pensamientos de una adolescente: ¿Estamos perdiendo los valores?

Creo que en una de las cosas en las que debe mejorar nuestra sociedad es en el trato que tenemos con las personas. Al final somos seres sociales y cada día nos rodeamos de diferentes personas con personalidades distintas y eso es lo que hace que haya variedad en el mundo y aprendamos sobre el trato que se debe tener en cada situación.

A medida que crecemos y conocemos a más personas vamos viendo que unos son más sensibles, otros más serios, unos se toman todo a broma… Y para tratar con todos/as tenemos que adoptar una postura diferente. Esto no quiere decir como se suele decir ahora “eres un falso/a”. Creo que todas estamos formadas por muchas caras que mostramos en ámbitos diferentes, y esto es lo que nos forma como personas únicas.

Para desarrollar esta personalidad creo que desde pequeños/as debemos ser guiados por personas imparciales, es decir que no nos impongan sus ideas. Y sobre todo, que nos enseñen a tratar con la sociedad. Por ejemplo, creo que una buena idea es que en los colegios se hagan talleres donde se trabaje la empatía y la comprensión, imprescindibles para tener unas relaciones sociales sanas. A parte, debería fomentarse la competición siempre teniendo en cuenta el compañerismo para que en la fase adulta seamos capaces de esforzarnos para conseguir lo que queremos sin destrozar al de al lado (cosa que actualmente se ve demasiadas veces).

Además es muy importante saber cómo se sienten las personas que nos rodean. Muchas veces vemos que alguien está más decaído de lo normal pero no quiere contar qué le pasa y no sabemos cómo actuar para hacerle sentir mejor. Suele pasar que los dejamos solos y lo que realmente necesitan es compañía, o viceversa. Por ejemplo, en mi instituto he visto varias veces que alguien estaba triste por una mala nota y, como siempre, te responden que solo es un examen aunque el examen cuente un 80% de la nota. También pasa que te dan su opinión sin haberla pedido y en muchas ocasiones acaban hundiéndote más.

Por lo tanto, creo que se están perdiendo las habilidades sociales. Cuando era pequeña sí recuerdo que tus amigos se preocupaban por si no te encontrabas bien, compartían el almuerzo si te lo habías dejado en casa o si no habías hecho los deberes un día te los pasaban sin que la profe se diera cuenta. Pero ahora, veo que cada vez hay menos empatía. Es posible que opine esto por el curso en el que estoy. Bachillerato es una especie de competición por ver quién saca mejores notas, y más en el de ciencias porque sus carreras suelen ser las que mayor nota de corte tienen.

Y como opino en la mayoría de problemas sociales, creo que la base está en la educación que recibimos. Y esto es muy fácil de ver. Me centro en colegios e institutos porque son los ejemplos que más cerca tengo, pero cada día se ven alumnos, en concreto de primero y segundo de ESO (casualmente los más jóvenes), contestar mal a profesores, reírse de otros alumnos, no esforzarse y en general, con menos ilusión por ir al instituto. Por lo tanto, tenemos dos bandos muy diferentes. Por una parte los de bachillerato, que viven en una competición constante, con agobio por los exámenes y esforzándose. Y por otra, los alumnos/as de los primeros cursos de la ESO que tienen un comportamiento totalmente contrario.

En conclusión, pienso que es importante educar desde pequeños con valores como la humildad, el compañerismo, el esfuerzo, la empatía… Porque si la sociedad en la que viviéramos tuviera estos ideales a parte de otros muchos, seguramente todos y todas seríamos mucho más felices de lo que podemos ser ahora, por el hecho de sentirnos cómodos/as con las personas con las que tenemos que tratar cada día.

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

El símil de la urraca

Esta semana os hablo del símil de la urraca.\r\n\r\nVivo en el campo (más o menos) y desde hace un mes aproximadamente, las urracas se hacen notar por toda mi casa. Ha llegado la época en la que nacen sus crías y todavía no saben volar. Para salvar a su descendencia de todos los posibles peligros, las urracas adultas se pasean por el suelo gritando sin parar y a un volumen bastante alto, a todo lo que se mueva y consideren que pueden asustar (en mi caso, dos gatas).\r\n\r\nEn el 90% de las ocasiones, mis gatas duermen la siesta tranquilamente bajo un naranjo o un almendro, disfrutando de la sombra y el poco aire que pueda hacer en Alicante a estas alturas. Aun así, las urracas se ponen relativamente cerca y les chillan una y otra vez durante horas con el único objetivo de conseguir que se alejen del perímetro que ellas consideran cercano a sus crías (a veces ese perímetro me parece algo exagerado, quizá las urracas son seres precavidos).\r\n\r\n\r\n\r\nCon todo esto, ¿a dónde quiero llegar? Al parecido con los seres humanos. ¿Os ha pasado alguna vez o conocéis a alguien que, cuando divisa una “posible” amenaza (no segura), en lugar de proteger lo que teme, ataca a lo que tiene miedo?\r\n\r\nLas personas nos preparamos para atacar o para huir cuando nos sentimos amenazados. Esta herramienta instintiva nos permite sobrevivir cuando estamos ante un peligro real. Pero… ¿qué pasa cuando el peligro no es real puesto que no es seguro? ¿Qué nos ocurre cuando tenemos miedo de que algo pase sin la certeza de que vaya a ocurrir? ¿Qué hacemos entonces? Algunas personas huirán “por si…”, otras atacarán por el “y si…”, otras se bloquearán y otras no actuarán hasta que consideren la realidad de ese miedo.\r\n\r\nMuchas personas, al igual que las urracas, deciden que la mejor opción (o la única en su repertorio) es atacar a quienes consideran peligrosos “por si” su vulnerabilidad se destapa. Se pasan los días gritando, chillando, criticando, infravalorando, menospreciando, etc. a esas personas que, por alguna razón, consideran una amenaza. Las personas-urracas, por mucho que les pese, no atacan a quien consideran indiferente, sino a quienes ven más preparados, más queridos, mejor relacionados, más felices, mejor “algo”.\r\n\r\nY con los hijos no es nada diferente. En España hemos pasado de la frase “si tu profesor te ha castigado razón tendrá” a “voy a decirle cuatro cosas a ese profesor”. Hemos pasado de invalidar a los niños a “salvarlos” de cualquier amenaza atacando a quien atenta contra su autoimagen.\r\n\r\n¿Qué os parece si nos dedicamos a aprender a volar y a enseñar a volar a quienes queremos en lugar de chillar a los gatos que duermen la siesta bajo un árbol?\r\n\r\n\r\n\r\n