Pensamientos de una adolescente: ¿Cuáles son tus prioridades en la vida?

Durante un tiempo he observado que todas las personas tenemos unas prioridades en la vida. La prioridad de unos es tener dinero, la de otros es tener el último móvil que ha salido al mercado, la de otras personas es sacar buenas notas… Hay infinidad de prioridades y cada uno tenemos como mínimo una. En este post he decidido hablar sobre las prioridades que me llaman la atención de algunas personas y decir qué pienso de cada una de ellas.

 

  • Ser perfecto

Esta opción es bastante demandada pero solo se puede saber que una persona la tiene si la conoces mucho, porque obviamente nadie dice “YO QUIERO SER PERFECTO”, y si hay personas que dicen esto, aún no las he conocido.  La forma de detectar a los que quieren ser perfectos es bastante sencilla:

persona que aparenta la felicidad al 100% = persona que quiere ser perfecta.

En realidad no es fácil poder decir qué pienso de estas personas porque la definición de perfección es diferente para cada persona. La única relación a la que todos podemos llegar es que para ser perfecto hay que hacer todo bien y caer a todos bien, y estas pocas palabras en negrita juntas se  hacen muy grandes en mi cabeza y entro es una debate conmigo misma a lo que desde que conozco a Mónica llamo “bucle”.

A lo que quiero llegar con esto es que es I M P O S I B L E ser perfecto y a las personas que intentar serlo… solo les puedo desear suerte porque suelen ser personas que no caen bien y eso ya es una imperfección 😉

 

 

  • Tener éxito

Seguimos con la segunda prioridad que a pesar de ser muy común me llama mucho la atención. Parece ser que tener éxito es muy importante para algunas personas. En realidad no es para nada malo si no te afecta demasiado no conseguir lo que querías.

Creo que querer tener éxito está vinculado a lo que te han enseñado desde pequeño y en algunos casos se quiere conseguir para complacer a una o varias personas que han estado metiendo presiones. Es por eso por lo que creo que cada uno debe hacer lo que le guste sin pensar en otros, entonces será más fácil conseguir el éxito y lo aprovecharás más.

 

 

  • Tener dinero

El dinero es importante, no lo voy a poner en duda, pero no creo que sea lo más importante. Podría soltar el típico discurso de que el dinero no lo es todo, ni da la felicidad, ni bla bla bla… Solo voy a mostrar lo que pienso con un sencillo ejemplo:

¿Qué valor tiene un billete de 500€ en Estados Unidos? NINGUNO. Porque si quieres que ese dinero adquiera valor tienes que cambiarlo a una moneda que tendrás que volver a cambiar para volver a tu país porque si no, volverá a no tener valor.

 

Por lo tanto y ya para terminar el post: al igual que el dinero, el valor de las prioridades depende del momento, la situación y la persona.

 

 

BATALLAS CORRIENTES: La implicación de una orientadora en el instituto

 

Meli es psicóloga orientadora de un instituto de la provincia de Alicante. En su día a día trabaja con adolescentes que se encuentran en problemas y que, en ocasiones, ven ignorados sus intereses fuera del ámbito académico. Hoy, Meli, nos cuenta cómo es su trabajo en el centro en el que se encuentra.

 

 

¿Qué tipo de problemáticas o temas a abordar son los que, en general, se ven más en el instituto?

Hay de todo: desde problemas de aprendizaje y discapacidad hasta depresión, ansiedad, fobia escolar o bulimia.

 

¿Cuáles son las principales tareas que realizas en tu labor como orientadora del centro?

Los orientadores tenemos cuatro funciones principales en los institutos:

  • La evaluación de las necesidades educativas de los alumnos para dar la respuesta más adecuada según cada caso particular: adaptaciones curriculares, acceso a programas específicos, establecer la modalidad de escolarización, facilitar recursos materiales o personales de pedagogía terapéutica, educador o logopeda, etc.
  • Realizar el plan de acción tutorial, que básicamente es establecer los contenidos y sesiones que se van a desarrollar en las tutorías. Además, trabajamos en coordinación muy estrecha con los tutores, que también realizan su función orientadora con su grupo de alumnos, y que son los que ponen en marcha las sesiones que facilitamos. También nos derivan los casos en los que piensan que podemos intervenir de alguna manera.
  • Realizar el plan de orientación educativa y profesional: nos encargamos de dar información sobre itinerarios educativos y profesionales a los alumnos, bien a través de charlas en las aulas o con los alumnos que lo demandan en el despacho de manera individual.
  • Asesoramiento a equipo directivo para la gestión de la convivencia en el centro. En éste caso, con alumnos disruptivos o con trastornos de conducta, o con chavales que no se adaptan a la vida del IES, los orientadores podemos asesorar sobre técnicas, medidas educativas o correctoras, protocolos a seguir, o podemos colaborar mediante la coordinación con recursos externos. En nuestro instituto, por ejemplo, trabajamos la mediación en conflictos interpersonales, entre otras cosas.

 

En tu centro hay un aula específica de educación especial. ¿Qué perfil de alumnos se encuentran en esa aula y cuál es el método de trabajo?

En nuestra zona es la única aula específica que tenemos, por ahora. Esto hace que cada vez haya más alumnos y más heterogeneidad. Los perfiles para acceder al aula son: alumnos con discapacidad, TEA o trastornos de conducta grave.

En cuanto al método de trabajo, contamos con dos profesoras especialistas en pedagogía terapéutica, una logopeda y una educadora, que pasan con ellos la mayoría del tiempo. En el aula específica trabajan habilidades básicas de autocuidado e higiene, autonomía personal, habilidades sociales, además de los contenidos específicos de asignaturas adaptados a su nivel curricular. Por otro lado, los alumnos se integran varias horas en grupos ordinarios, por ejemplo en educación física. Con esto se pretende que puedan relacionarse con los demás alumnos del centro y que se encuentren en un entorno lo menos restrictivo posible, siempre mirando porque tengan una educación inclusiva.

 

¿En alguna ocasión te has implicado más de lo que se podía esperar de la figura de orientadora? ¿En qué aspectos?

Después de contarte las funciones del orientador, reconozco que además de esas hago otras que no entran en las instrucciones de inicio de curso, ni en ninguna legislación. Muchas veces te encuentras con chavales que tocan a tu puerta con lágrimas en los ojos, o temblando, para contarte algo que no tienen a quién más contar. En esos casos, aun teniendo que atender otras cosas, soy incapaz de decirles que me esperen y vuelvan mañana. La mayoría son problemas psicológicos, fuera de mi competencia en éste puesto, pero en la medida de lo posible intento atenderlos y hacer un seguimiento, además de derivar cuando es preciso al psicólogo clínico y avisar a las familias, con las que también trabajo bastante.

 

Con tu labor, consigues que los chavales que se les define como “problemáticos” confíen en ti y se planteen las consecuencias de algunos de sus actos. ¿Cómo lo consigues?

Lo único que hago es escuchar, dar pautas concretas para poder afrontar los problemas que se les plantean y reforzar mucho la autoestima. La mayor parte de los chavales que acuden al despacho del “psicólogo” es porque necesitan desahogarse con alguien que les escuche de verdad y que además, desde la empatía, les muestre el camino y las consecuencias positivas o negativas de sus posibles conductas. Si además reconoces sus aptitudes y sus potencialidades, y son capaces de poner en práctica pequeños cambios a mejor, son ellos mismos los que se ven reforzados por aprobar exámenes, recibir buenas valoraciones de profesores, etc. Es verdad que no todos los casos son iguales, y hay también alumnos que por diversas situaciones no responden al trabajo que podemos hacer los profesores. En estas situaciones, me dedico a acompañar en el proceso tanto a alumnos, profesores y padres, de manera que puedan contar conmigo en cualquier momento.

 

¿Qué aspectos crees que son importantes trabajar con los padres a la hora de abordar un tema con un/a alumno/a?

Me encuentro con familias que tienen estilos educativos muy diferentes. Algunos son muy permisivos y ponen pocos límites, otros demasiado estrictos y rígidos, algunos padres tienen que trabajar muchas horas para poder dar de comer a sus hijos y no pueden atenderles como les gustaría… también hay padres ejemplares que tienen claro cuáles son sus responsabilidades y de qué manera tienen que tratar a sus hijos para sacar lo mejor de ellos.

La mayor problemática que yo he encontrado en el ámbito familiar es el abandono emocional de padres a hijos, a veces de forma inconsciente, pero que puede provocar mucho malestar en los menores. También es importante trabajar la tolerancia a la frustración, encuentro padres que por miedo a que sus hijos les reprochen algo, o por no verles sufrir, no ponen límites firmes y coherentes. Esto también tiene consecuencias muy negativas en la adolescencia, a la hora de aceptar los imprevistos de la vida y que no todo es como ellos desearían.

 

¿Qué le dirías a esos adolescentes que están escolarizados sin ninguna motivación por lo que hacen?

Les diría que si no les motiva lo que hacen, busquen lo que les motiva. En la vida pasamos mucho tiempo trabajando, para ser feliz es importante estar a gusto con lo que haces. A lo mejor ahora no les motiva la ESO, pero si pensamos en ser entrenador físico, actriz, psicólogo, peluquero o Dj, y sabemos cuáles son los pasos exactos a seguir para conseguirlo, la cosa puede cambiar.

 

¿Qué le dirías a aquellos profesores que se encuentran con diversas dificultades con sus alumnos en clase?

Cada caso es un mundo, cada profesor tiene su estilo a la hora de tratar con los alumnos. A mí me gusta el profesor que gestiona el aula de forma democrática, que tiene en cuenta las necesidades concretas de cada alumno y apoya y orienta a todos, que mantiene una relación cercana y de confianza pero que pone límites consistentes cuando alguno se pasa de la raya. Por lo que observo, estos profesores son los que consiguen mejores respuestas por parte de sus alumnos, que hasta les cuentan sus problemas personales, se motivan en sus clases y obtienen buenos resultados en la asignatura.

2017: Es la primera vez que…

Todavía estamos con la resaca de las fiestas, los estudiantes acaban de empezar las clases y algunos trabajadores vuelven a sus rutinas. Durante esta semana todavía quedan sentimientos de estos días pasados, comentamos qué tal fueron las fiestas y alguno que otro sigue acercándose a la feria para aprovechar todo lo que sea posible.

Por otra parte se encuentran las personas que no quieren saber nada de la Navidad, que no les gusta y que están deseado que todo vuelva a la normalidad.

Para unos y para otros, ¿qué hacemos ahora?

Muchos se han hecho sus típicos propósitos de año nuevo y más de uno se habrá puesto objetivos inalcanzables con su posible frustración futura. ¿Qué es lo que toca hacer ahora que hemos terminado? ¿Somos gente diferente por haber pasado un año más? ¿Vamos a valorar si el trabajo que tenemos es el que nos gusta o el que nos da seguridad? ¿Nos gusta la persona que tenemos a nuestro lado? ¿Va a ser un año genial porque nos lo han deseado amigos y familiares por whatsapp o redes sociales?

Es bueno que aprovechemos las fechas señaladas para dar un respiro a nuestra mente y nuestro cuerpo cansado pero también es importante que sepamos que el mundo sigue tal y como estaba antes del 24 de diciembre. Nos va a tocar pelear por conseguir sacar un curso escolar, sacar plaza en una oposición o seguir dándolo todo en nuestro trabajo. También toca seguir imprimiendo currículums y patearnos las calles de nuestra ciudad, llenar las bandejas de entradas de las empresas españolas e incluso las del extranjero.

Vamos a tener que ser asertivos con determinadas personas para defender nuestros derechos, quizá nos toca ignorar comentarios de personas que no nos importan lo suficiente y estoy segura de que haremos unos cuantos duelos durante este 2017. Van a nacer niños a nuestro alrededor, crecer los que ya estaban y vamos a tener que respirar hondo contando hasta 10 para mantener la paciencia con pequeños, medianos y grandes.

Pero también vamos a tener a gente a nuestro lado que nos ayude en los momentos que lo necesitemos, vamos a reírnos más de una vez, vamos a disfrutar de la familia o de los amigos y vamos a compartir con los demás nuestros logros o alegrías. Van a salir novelas y cuentos nuevos que nos hagan desconectar, películas en los cines que podemos ver solos o pedir a quien queramos que nos acompañen para vivirlo juntos. Vamos a celebrar cumpleaños, vamos a pasear y a disfrutar de los fines de semana. Un niño va a decir su primera palabra, un adolescente se va a sacar el graduado y alguien va a entrar a la Universidad. Otros se graduarán, quizá alguien encuentra un trabajo que le guste y más de uno se va a jubilar con ganas por todos sus años trabajados.

Y, sobre todo, vamos a vivir nuevas experiencias. Sí, los adultos también. Con el paso de los años parece que la felicidad consiste en mantener lo que ya tenemos sintiendo esa seguridad que tanto nos gusta a los seres humanos. Pero yo os reto a registrar todas esas primeras veces que a veces ignoramos porque no creemos relevantes. Quizá en el 2017 vais por primera vez a un restaurante nuevo, a un parque de atracciones o hacéis un viaje a un sitio que no conocíais. A lo mejor os apuntáis a un curso o conocéis a alguien que os cae muy bien, tenéis una fiesta diferente o disfrutáis de un almuerzo sin que los peques se levanten de la mesa y quieran jugar todo el rato. ¿Y si esa primera vez consiste en algo tan sencillo como probar una comida nueva que está riquísima? ¿Y si el cocinero eres tú o alguien cercano? ¿Y si escucháis una canción en la radio que es perfecta para ese día y ese momento concreto?

 

¿Y si es la primera vez que aceptáis el reto de pensar en todas esas primeras veces que vivimos diariamente? A lo mejor os gusta y acabáis aceptando este reto durante el resto de vuestros días. Pero, en ese caso, recordad que siempre vivimos primeras veces porque no sentimos, pensamos y actuamos de igual forma cuando teníamos 5 años, 10, 15, 20, 30, o 50. Las experiencias que vivimos nos cambian y, por tanto, siempre estamos predispuestos a vivir sucesos como si fuera la primera vez.

 

¿Te atreves a sentir desde cero?