Pensamientos de una adolescente: ¿Qué nos preocupa en la adolescencia?

“Este mes me apetecía escribir sobre las preocupaciones o situaciones que nos pueden agobiar, que normalmente tenemos los adolescentes.


Por una parte, una de las cosas que más nos agobia es pensar en el futuro. Desde que empezamos la ESO, todos los profesores empiezan a hablarnos de carreras universitarias, bachillerato, notas, responsabilidad, horas de estudio… Y en esta etapa empiezas a reeplantearte qué vas a querer hacer o a qué vas a querer dedicarte el resto de tu vida. Y, en muchas ocasiones, nadie tiene claro qué es lo que le gustaría hacer porque no encuentra una carrera en la que se sienta a gusto. En este caso, creo que los centros deben tener otro enfoque hacia el futuro de los alumnos. Por ejemplo si informaran de que no hace falta ir a la universidad para tener cierto título, sino que mediante un ciclo formativo también puedes tener otras opciones para tener trabajo, posiblemente los alumnos no se agobiarían tanto pensando en que si no van a la universidad, no podrán tener opciones a conseguir trabajo.

En cuanto al tema de la universidad, que es al que me quiero enfrentar yo, creo que el sistema educativo que tenemos no nos ayuda en absoluto a disfrutar de nuestra época de aprendizaje y hacen que los alumnos pensemos más en la nota que en lo que deberíamos estar aprendiendo. No me parece justo que para acceder a una carrera tengas que tener una nota exacta. Me refiero a que si una persona quiere estudiar una carrera cuya nota de corte es 9’85, pero ha obtenido en las pruebas de acceso un 9’5, esta persona no pueda hacer la carrera que le gustaría y tiene que hacer otra en la que no se sienta cómodo/a. Estas situaciones son las que provocan un descontento general durante la época de bachillerato, en la que durante dos años tienes que dedicar la mayor parte de tu tiempo estudiando para conseguir las notas más altas y poder ir a la universidad y estudiar aquello que quieres.
Hay otros casos en los que la carrera que se quiere elegir no requiere una puntuación muy alta y, por lo tanto, la ansiedad durante estos años no es tanta, pero los alumnos también pensamos en las salidas laborales de lo que queremos estudiar y cuando piensas en ello y ves la situación de desempleo en la que muchas de las personas con estudios, másters etc. se encuentran… sientes que no vas a sobrevivir haciendo lo que te gusta. Posiblemente esto no sería así, si en los institutos los profesores u orientadores hablaran con los alumnos sobre cómo enfrentarse al futuro laboral en vez de hablar sobre la importancia de la nota de selectividad.

Dejando de lado una de las situaciones que más nos agobia a los adolescentes, hablaré de otra que tiene relación con la anterior y a la que también le damos mucha importancia. Se trata de las relaciones sociales. Por lo general, a todas las personas nos gusta relacionarnos con otros y compartir el tiempo con gente con la que nos sentimos cómodos/as, pero sobretodo en la adolescencia estas relaciones son muy importantes y cuando estas nos decepcionan, parece que hemos perdido una parte de nosotros que era muy importante.

Es en esta etapa, la adolescencia, en la que te das cuenta de que los amigos del cole dejan de serlo o quedan muy pocos, que las nuevas personas a las que conoces y que puedes considerar tus amigos, por una razón u otra acaban separándose de ti o, incluso, que tu mejor amiga/o deja de hablarte de un día para otro. Entonces es cuando sientes que puedes confiar en poca gente y te da miedo que los que se acercan a ti lo hagan por interés propio y cuando ya no te necesitan, simplemente pasan a formar parte del pasado. Esto,  muchos adultos lo  consideran como algo natural y sin importancia, pero a veces las cosas más insignificantes (a simple vista), son las que más duelen en una época en la que las emociones fluyen y no se pueden controlar.


Desde mi punto de vista, deberíamos dejar de hablar de trabajo, estudios, política… Y centrarnos más en cómo se sienten las personas que tenemos alrededor, sin infravalorar estos sentimientos que podemos ver como algo sin importancia, pero que puede que para la otra persona sea algo que de verdad le importe.”

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

Reseña del mes: María, ¿qué color comes? (Noelia Caballero)

Este mes os traigo un libro que habla de algo que nos preocupa a todos. ¿Cuántas veces habéis hablado sobre lo que comen o no comen vuestros hijos/as? Que si hay peleas para que coma, que si tarda mucho en comer, que si no come a menos que tenga la televisión puesta… Y en cuanto a niños más mayores, ¿conocéis a alguno que coma con ansiedad? ¿Que solo coma pizza y macarrones? ¿Que se alimente a base de bollería industrial, chuches y patatas de bolsa?

Hoy os presento María, ¿Qué color comes?, una historia que pueden leer hasta los más peques ya que está en cartoné y los dibujos ocupan una gran parte del libro.

Es la hora de merendar y la madre de María le pone un gran plato de frutas de muchos colores. María, sorprendida, le pregunta: “¿por qué las frutas y verduras son de tantos colores?”. Y es así como empieza una historia en la que la escritora, en la voz de la madre de María, nos cuenta cómo nos puede ayudar cada alimento.

Las de color verde sirven para reparar todo lo que se estropea dentro del cuerpo y nos ayuda a mejorar cuando nos ponemos enfermos.

Las de color amarillo y naranja sirven para tener una piel sana y potenciar la vista.

Las de color blanco sirven para protegernos de nuestros “bichitos internos” y ayudan a nuestros huesos y articulaciones.

Las de color rojo sirven de ayuda a nuestro corazón y a nuestra sangre.

Y las de color morado nos permiten tener más memoria e influyen positivamente en nuestro aprendizaje.

 

Además, en el libro, María aprende qué tipos de frutas y verduras son de color verde, amarillo, naranja, blanco, rojo y morado. Una idea genial para aprender vocabulario sobre nutrición y sobre los colores.

 

Un libro lleno de colores y alimentos. ¡Es difícil leerlo sin que te entre hambre! ¿Os atrevéis?

LA IMPORTANCIA DE LOS PADRES EN LA TERAPIA DE SUS HIJOS

Cuando los niños son pequeños y el objetivo de consulta consiste en manejar las rabietas, conseguir que coma aceptablemente bien o explicar un divorcio, nos parece algo más obvio que los padres tengan un gran peso en el proceso de terapia.

Pero, ¿qué ocurre cuando el menor ya no tiene 2, 3 o 4 años? ¿Somos conscientes de la importancia de la implicación de los padres en la terapia de sus hijos?

A veces, cuando los niños y niñas empiezan Educación Primaria, consideramos que ya son lo suficientemente mayores para responsabilizarse de sus propias dificultades. Y, ¡ojo! son capaces de responsabilizarse de muchas tareas de autonomía, pero todavía necesitan un modelo que les comunique por dónde pueden ir, hasta dónde se puede llegar y qué límite no deben pasar.

Si una niña reta, grita e insulta a sus padres cada vez que se enfada, en las sesiones podrá aprender sobre el manejo de las emociones, estrategias de resolución de problemas y aprenderá a conocerse. Pero, el objetivo no se podrá conseguir si los padres no aplican adecuadamente sus normas y límites.

Si un niño con dificultades de aprendizaje tiene su autoestima mermada a causa de tanto esfuerzo para tan poca nota, necesitará algo más que el trabajo psicopedagógico correspondiente y el refuerzo continuo a su esfuerzo para potenciar su percepción de autoeficacia. Ese “algo” que se escapa a las manos de cualquier profesional es la motivación por parte de sus figuras de referencia, es ese amor incondicional que se puede demostrar de muchas maneras.

Si una adolescente a la que no le han puesto límites responde con timidez, decaimiento y miedos irracionales excesivos; podemos ganarnos el vínculo, podemos conseguir que se abra a nosotros, potenciar su autoestima y que trabaje la irracionalidad de sus miedos para sentirse más capaz. Pero, ¿qué ocurre si sigue sin tener límites? Que nunca se sentirá capaz de hacer nada porque nunca ha tenido que afrontar sus limitaciones. Además, las obligaciones aumentan su exigencia con el paso de los años mientras ella no se ve preparada para solventar las situaciones de una edad inferior.

Y, ¿qué ocurre cuando tenemos delante a un adolescente con serias dificultades para acatar cualquier norma que venga de una figura de autoridad? ¿Cómo podemos trabajar en esta situación? Podemos ganarnos al chaval, hacer que no nos vea como otra figura autoritaria que le rodea, aumentar su reflexividad… y muchas otras cosas más. Pero, ¿cómo va a conseguir ese adolescente hacer caso a la autoridad que le resulta ajena? Teniendo un trabajo paralelo con los padres sobre la forma adecuada de poner límites y mantenerlos con el paso del tiempo.

Es por esto por lo que la coordinación con los padres y su implicación es un elemento básico en el proceso terapéutico de sus hijos. Son la parte clave, junto a los hijos, de este puzzle desbaratado que nos llega por la puerta, dispuesto a encontrar las piezas perdidas que necesita para poder completarse.

 

Pensamientos de una adolescente: El impacto del feminismo en l@s adolescentes

“Hasta hace poco, la mentalidad de la sociedad decía que la mujer sólo servía para estar al cuidado del hogar y de la familia. De manera que si eras mujer, desde que nacías ya tenías ese cargo que tendrías que desempeñar durante toda tu vida. Afortunadamente, se puede observar cierto avance en cuanto a “una nueva mentalidad”, que ve a las mujeres como capaces de conseguir tantos méritos como los hombres de manera que, podemos hablar de igualdad entre géneros.

Sería fácil si todo terminara ahí: en que todos creemos que tanto mujeres como hombres somos iguales y por lo tanto, ninguno de los géneros está por encima del otro. A pesar de haber avanzado y haber conseguido que una gran parte de la población tenga una mentalidad más abierta y trate con igualdad a ambos géneros, también hay otra parte que sigue teniendo esas creencias machistas que no permiten el avance de la sociedad y hace que sigamos estancados en una constante lucha por conseguir que la mujer sea tratada con igualdad.

Gracias a esta lucha, ha surgido un nuevo término que define una ideología que defiende que las mujeres tengas los mismos derechos que los hombres. Este es el feminismo, una palabra que ha causado más de una confusión, porque algunas personas creen que esta ideología defiende la superioridad de la mujer, cuando realmente defiende la igualdad de derechos. Además, el feminismo lucha por poder obtener la libertad de que por ejemplo, un hombre pueda llorar sin sentirse menos masculino o etiquetado de ser homosexual (como si eso fuera un insulto…)

Por otra parte, en los colegios e institutos se está implantando un nuevo modelo de educación que tiene como principal objetivo enseñar desde la igualdad de valores sin discriminación según el sexo. Este es el modelo de coeducación. No es obligatorio, pero considerando que las ideas machistas que tienen algunas personas se deben a la educación que recibieron, ¿por qué no impedir el origen del problema? Desde mi punto de vista, sí he notado un cambio en la educación. Ahora, todos los cursos reciben charlas en las que se hablan de la violencia de género, la igualdad entre sexos, el feminismo… Además, a pesar de que la aparición de mujeres en los libros es escasa, los profesores (por lo menos los de mi centro), insisten en citar a mujeres que han demostrado ser igual de válidas que los hombres en todos los ámbitos. Marie Curie, Virginia Woolf, Frida Kahlo, Rosalind Franklin, Marilyn Monroe etc. No son menos importantes que cualquier hombre.

Para finalizar el post de este mes, me gustaría dar un pequeño resumen sobre mi opinión acerca de la sociedad de hoy en día: actualmente creo que se tiene en cuenta la gravedad de la mentalidad machista y cómo afecta sobretodo a las mujeres (sólo tenemos que mirar los casos de violencia de género que hay al año y cuántas mujeres mueren por haber sido maltratadas). Por suerte, el feminismo crece, y cada día se suman más personas a la lucha para evitar que se siga oprimiendo a las mujeres y demostrar que todos somos iguales. A pesar de esto, debemos seguir trabajando para lograr una sociedad igualitaria en la que todos dispongamos de la libertad y de los derechos que merecemos.”

 

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.