La importancia del esfuerzo en los niños

Desde hace unos meses me encuentro con padres y madres que se quejan de lo poco que se esfuerzan sus hijos/as. Tengan la edad que tengan. Niños y niñas de 5 a 12 años y adolescentes de 13 a 17. Pero, ¿qué es el esfuerzo?

El esfuerzo es la actitud de la persona que emplea gran fuerza física o mental con algún fin determinado. Thomas Edison afirmó que “el genio era un 1% inspiración y un 99% transpiración”, refiriéndose al sudor que genera el esfuerzo. La inteligencia es necesaria para desempeñar determinadas actividades, pero no es suficiente si no se le acompaña del esfuerzo que conlleva realizar una actividad hasta el final.

Pero, uno no se esfuerza únicamente a la hora de hacer los deberes y de prepararse exámenes. También se puede esforzar en el deporte, al tocar un instrumento, al cumplir una rutina, al organizarse las tareas diarias. Se puede esforzar para no cometer los mismos errores, para pensar antes de actuar, para no molestar a un compañero o a una amiga…

 

Y ¿cómo podemos ver el esfuerzo? ¿Por los resultados? ¿Por la conducta?

En ocasiones, los adultos miden el esfuerzo de los niños y adolescentes basándose en los resultados académicos, deportivos o artísticos. Pero, esta forma de observar el esfuerzo nos puede llevar a error ya que hay niños que se esfuerzan mucho y no obtienen resultados y no por ello deben ser tachados de vagos. De igual forma, hay menores inteligentes que pueden sacar resultados muy positivos sin esforzarse. Por tanto, el esfuerzo no depende única y exclusivamente de los resultados posteriores sino de la voluntad y la perseverancia que el niño o la niña ponen en la tarea que realizan.
Además, el esfuerzo está relacionado con la tolerancia a la frustración. Cuanto más acostumbrado está un niño a esforzarse para conseguir algo, más tolerancia a la frustración presenta. Esto es así porque, si una persona se tiene que esforzar para hacer algo, partimos de la base de que no le sale bien a la primera y de forma rápida, por lo que es probable que fracase alguna vez antes de conseguir su objetivo.

Esto, lo podemos ver en niños con Dificultades de Aprendizaje que invierten muchas horas de estudio para conseguir notas aceptables. Ellos están acostumbrados a obtener resultados negativos que le llevan a esforzarse más y a valorar la posibilidad de que no siempre salgan las cosas como uno quiere.

Por el contrario, los niños con una gran competencia cognitiva obtienen resultados muy positivos sin que les suponga esfuerzo. Pero, con el paso del tiempo, los contenidos curriculares aumentan en dificultad y extensión. Es entonces cuando encontramos problemas a la hora de conseguir resultados igual de buenos que en el pasado, porque no se ha instaurado el esfuerzo como pieza clave para conseguir los objetivos.

En el plano comportamental se puede observar cierta dificultad a la hora de tolerar la frustración en este tipo de niños por diversos motivos. Ser líder de un grupo, actuar tal y como esperan los adultos cuando tienen pocos años, el aprendizaje rápido en los cinco primeros años de edad, etc. puede hacer que estos niños y niñas con una alta capacidad cognitiva y/o social, estén acostumbrados a que las cosas suelan salir como ellos esperan.

Pero, ¿qué ocurre cuando crecen? Los roles grupales cambian, los amigos van aumentando su independencia, los adultos les dan más responsabilidades y las situaciones de la vida aumentan su dificultad. Es entonces cuando podemos ver diferentes situaciones que revelan una baja tolerancia a la frustración como niños que no quieren estudiar más de media hora seguida a pesar de no saberse todo el temario, pequeños que dejan un juego a medias porque van perdiendo e incluso adolescentes que pegan puñetazos al mobiliario por haber perdido una partida en la consola.

 

¿Cómo podemos potenciar el esfuerzo desde que son bien pequeños? Además de practicarlo en el ámbito académico y con las tareas de la casa, también se puede fomentar este valor de forma divertida:

  • Preparando recetas de cocina en las que deben organizarse, buscar alimentos, trabajar y esperar su turno.
  • Haciendo cualquier tipo de actividad que les divierta mientras aumentamos la dificultad paulatinamente: puzles, buscar las diferencias, construcciones, dibujos…
  • Hacerles partícipes de la organización de su propio cumpleaños o cualquier fiesta: eligiendo la decoración, yendo a comprar los alimentos, preparando invitaciones…
  • Aprendiendo a tocar un instrumento.
  • Practicando algún deporte.
  • Utilizando recursos prácticos como cuentos, películas y series que fomenten el esfuerzo.
  • Reforzando la conducta de esfuerzo independientemente del resultado obtenido.
  • Dotarles de autonomía sujeta a la edad del niño.
  • Reforzar la idea de seguir luchando a pesar de la dificultad en contraposición al abandono ante el primer contratiempo.
  • Servir de ejemplo como adultos.

 

Por último, os dejo algunos ejemplos de películas de dibujos que fomentan el esfuerzo:

Recordad, el esfuerzo en equipo siempre sabe mejor 😉

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Reseña del mes: Downtown

Downtown es un cómic cuyo personaje principal tiene Síndrome de Down. Ya en la portada se puede ver el aire desenfadado con el que escriben sus autores, Noël Lang y Rodrigo García.

“Me llamo Blo. Tengo Síndrome de Down, una novia, muchos amigos y un disco favorito.”

El libro está inspirado en Pablo, el tío de Noël Lang, que tiene síndrome de Down. Por este motivo, el personaje principal se llama Blo.
Durante todas las tiras cómicas, el libro presenta múltiples historias de humor ambientadas en la escuela, en casa y, sobre todo, con su grupo de amigos. El grande y perezoso Miguelote, el sincero e ingenuo Benjamín, la pizpireta Ruth (aunque Blo no sabe lo que significa pizpireta) y Bibi, la novia de Blo.

“Bibi es mi novia favorita. En realidad, es la única que tengo, pero es la única que tengo porque si tuviera otras, ya no podrían ser mis favoritas. Porque esa es Bibi”.

En el transcurso del cómic podemos ver algunas de las características de las personas con Síndrome de Down permitiéndonos acercarnos y empatizar con ellos. Se aprecia el déficit de atención de Blo y cómo afronta el estrés, la obsesión de Benjamín llamada tricotilomanía que consiste en arrancarse el pelo en situaciones que le resultan agobiantes, el bajo nivel de activación de Miguelote, el gran nivel de ensoñación y fantasía de Ruth, la realista y entregada Bibi, las dificultades que pueden tener al escuchar el lenguaje formal con el que se presentan las noticias televisivas… y muchas otras situaciones que se pueden dar en el día a día de personas con Síndrome de Down.

Lo más interesante es que todo esto lo leemos desde la visión de estos personajes. ¿Hay una mejor forma de empatizar con ellos que desde su forma de entender la vida?

 

Aplicación en sesión

Este cómic tiene multitud de aspectos en los que se puede profundizar tanto a nivel individual como grupal. El mero hecho de existir y de poder leerlo, favorece la integración y la normalización. De qué va el cómic, quienes son los personajes, qué características tienen, si conocen a alguien parecido…

Además, leerlo es un ejercicio claro de empatía. Podemos ponernos en su lugar, darnos cuenta de cómo pueden pensar, cómo sienten, lo que les gusta, lo que no les gusta…

El hecho de que sea un cómic y que la parte ilustrativa tenga más peso que la escritura, hace que hasta aquellos a quienes les cuesta coger un libro puedan sentarse delante de él con una actitud más positiva y motivadora. A todos los niños les gustan los libros con dibujos y, en este caso, no los echarán en falta.

La visión positiva y humorística desde la que está escrito el libro, hace que se pueda leer fácilmente y que divierta, fomentando emociones agradables y divertidas que abrirán más la mente de quienes lo lean.

 

¿Y tú? ¿Te atreves a conocer a Blo y sus amigos?

 

 

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Pensamientos de una adolescente: Adolescentes, ¿niños o adultos?

“Este mes me apetecía escribir sobre algo que confunden muchas personas. Y es, que muchos tratan a los adolescentes de diferente manera en cuanto a que unos piensan que siguen siendo niños y otros, en cambio, piensan que ya pueden o deben actuar como adultos. Estos dos grupos están equivocados ya que los adolescentes no son ni niños ni adultos, y tratarlos como tales puede suponer un grave error y el/la adolescente puede llegar a sentir que no es comprendido. Y no es una sensación agradable.

 

Primero está el grupo de las personas que tratan a los adolescentes como a niños. Si tratas a una persona de entre 12 y 17 años como un niño/a, no madurará nunca y llegará el día en que tenga que ser independiente y no podrá serlo si antes nadie le ha dejado aprenderlo y a edades más avanzadas, será más difícil. Además, depende del trato que reciba, podrá tomarte más o menos en serio y eso en algunas situaciones puede acabar con alguna pelea. Además, si está acostumbrado/a a que siempre ha sido protegido, todo ha sido jugar y tomarse todo a risas… llegará el momento en que deje de ser así y no sabrá desenvolverse en otros ámbitos más serios.

 

Después está ese grupo de personas que creen que los adolescentes son adultos y por lo tanto gozan de plena libertad, deben tomar todas las decisiones sin tener que consultar, deben actuar como adultos, etcétera.

Los adolescentes no son adultos. Por lo tanto, requieren de un apoyo (unos más que otros) de alguien con más experiencia que ellos para enseñarles a poder comportarse como un adulto debe hacerlo. Pero no podemos pretender que los adolescentes aprendan a ello por si solos cuando no cuentan con esa ayuda que decía anteriormente. Muchas veces, por tratarlos como mayores de lo que son pueden soportar demasiadas cargas y no disfrutarán al máximo de otras cosas.

Después está el grupo de personas que tratan a los adolescentes de una manera u otra, dependiendo de la situación. Cosa que está bien si sabes en qué momentos debe disfrutar como un niño y en qué otros momentos debe pensar como un adulto. El problema viene cuando se les trata según conviene en ese momento. No solo a nosotros, los adolescentes, sino a todos nos molesta que nos utilicen según le convenga a otra persona. Por lo tanto, eso es algo que se debe tener en cuenta para no poder hacer sentir mal a nadie.

Para terminar el post de este mes, voy a añadir mi opinión personal, ya que lo escrito anteriormente ha sido contrastado con varios puntos de vista de otros adolescentes:

Yo creo que no es la edad la que define cómo debe ser el comportamiento de una persona y cómo debe ser tratado/a. Simplemente hay que conocer a la persona y saber cómo es mentalmente. Alguien de treinta años puede comportarse como uno de doce, y viceversa. Esto es lo mismo que: no juzgar por las apariencias.”

 

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

 

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Reseña del mes: Cuentos para bebés – De la cuna a la luna (Kalandraka)

La reseña de este mes va dedicada a los más pequeños de la casa. ¿Os habéis preguntando alguna vez qué cuentos comprar a los niños que están en su primer año de vida? ¿Y los que ya han cumplido el año pero no se quedan quietos a escuchar toda una historia?

Después de probar cuentos de fieltro, impermeables para el momento del baño y manipulativos, me quedo sin duda con la edición “De la cuna a la luna” de Kalandraka.

Estos cuentos son de un tamaño pequeño para que los puedan manipular los propios niños y de cartoné para poder soportar los golpes y mordiscos que suelen recibir. Además, son cuentos cortos, con palabras o frases sueltas y a los que se les puede acompañar con canciones para captar la atención del bebé.

Para que podáis ver cómo utilizar este tipo de cuentos, os dejo varios vídeos de YouTube. Esto os ayudará a haceros una idea puesto que no tiene nada que ver leerlos por primera vez como si fuera una historia cuando lo acabamos de conocer.

 

Aplicación en sesión

Los aspectos a trabajar pueden ser muchos con este tipo de cuentos. Desde la motricidad fina a la hora de coger el libro y pasar las hojas, hasta el entrenamiento de la atención desde bien pequeños. El hecho de que sean cantados les hace escuchar hasta el final, por lo que obtienen satisfacción con la lectura ya que no llegan a cansarse antes de finalizarlo.

También es posible trabajar el vocabulario señalando las imágenes que hay en cada página mientras se canta. De esta forma, los niños van asociando el nombre a la imagen de forma repetida para favorecer la memorización.

Si se quiere ir más lejos, puede trabajarse la lectura, más adelante, con historias que ya les son familiares desde pequeños. Debajo de cada imagen está la palabra escrita en mayúsculas, por lo que la curiosidad y la motivación les puede hacer iniciarse en el mundo de la lectura.

 

¿Quién se anima a cantar la lectura?

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