BATALLAS CORRIENTES: DE MAYOR QUIERO SER TRABAJADORA SOCIAL

Esta semana, la sección de Batallas Corrientes está realizada por Nieves Gómez, estudiante de Trabajo Social. Una persona motivada por lo que estudia y dedicada al cien por cien.  Durante los años de carrera o, incluso, en el ejercicio de la profesión, algunas personas pierden el foco. Se olvidan de por qué estudiaron una carrera y no otra,de por qué decidieron estudiar eso que tanto les gustaba… ¿Qué era lo que les gustaba? ¿Por qué ya no ilusiona ir cada día a trabajar? Nieves nos ayuda a recordarlo desde su experiencia de vida.

“Hoy vengo a hablaros sobre mi experiencia en una profesión tan bonita, pero tan desconocida a la vez, como lo es el Trabajo Social.  El grado en Trabajo Social se encuentra en la Universidad de Alicante (entre otras) y es un gran desconocido entre los tantísimos grados universitarios que imparte la Universidad de Alicante. No he conocido a nadie que, desde bien pequeño/a, se le pregunte qué quiere ser de mayor y responda orgulloso u orgullosa: “Quiero ser Trabajador/a Social”. ¿A qué se debe? Sinceramente, hay tantos factores que influyen. En primer lugar, los prejuicios y “topicazos” que se desenvuelven alrededor de la profesión, como pueden ser los comentarios tipo: “los trabajadores sociales solo ayudan a los pobres”, “los trabajadores sociales son esos que ayudan a los abuelos” o “Sí, esos del ayuntamiento que te quitan a los hijos”. Por no hablar, que ni siquiera en un porcentaje bastante amplio de la población de mi entorno lo reconoce como un grado universitario, estando este implantado desde el año 1983 en las universidades de España.

El grado en Trabajo Social, es una carrera universitaria que nos permite reflexionar, madurar, y lo más bonito, en mi opinión, encontrar nuestro lugar en la sociedad. Creo que es una profesión que se encuentra bastante infravalorada con respecto a otras del ámbito social. Una profesión que nos hace sentirnos útiles y valiosos ante una sociedad llena de injusticias sociales y desigualdad, sobre todo en estos tiempos que nos rodean. Es un grado que nos ayuda y nos da las herramientas teóricas y prácticas necesarias para poder ejercer el mayor beneficio posible ante la intervención con personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad. Es la inquietud ante un desequilibrio social, donde hoy en día los derechos sociales y humanos se desvalorizan al mismo ritmo que crece el conformismo social ante una sociedad infestada de valores individualistas que nos convierte en seres vacíos. Ser Trabajadora Social requiere una gran responsabilidad social, porque no somos simples gestores de recursos económicos, somos profesionales de las relaciones sociales y la problemática que envuelve a todas ellas. Somos profesionales donde nuestros principios profesionales deben estar presentes en cada intervención, por mínima que sea, pues es por ello que el Consejo General del Trabajo Social desarrolló nuestro propio Código Deontológico.

Si bien, todo esto es lo que nos enseñan en las aulas, he de reconocer que el ejercicio profesional a día de hoy es bien diferente a la realidad utópica que nos creamos en los vagones del Aulario III. He de agradecer a la Universidad de Alicante, los 48 créditos de prácticas externas que se conceden en este grado, porque sinceramente, somos de los pocos grados que comienzan sus prácticas externas en el tercer curso. Esta experiencia me ha servido (y me está sirviendo) para conocerme a mí misma como profesional y, sobre todo, saber donde se encuentran mis límites psíquicos y emocionales. Es duro, encontrarse con el primer parte de lesiones por una víctima de violencia de género; es duro el relato de una madre hablando sobre el abuso sexual que ha sufrido su hija con seis años; es duro ver día tras día como el reconocimiento de la Dependencia tarda dos años en resolverse, y muchas personas fallecen por el camino; es duro ver esas necesidades implícitas de conductas adictivas condicionadas por la situación socioeconómica en la que se encuentran muchas familias; en resumen, es duro querer ayudar como profesional y no tener los recursos suficientes para poder llevar a cabo la intervención más óptima posible. Sí, ser Trabajadora Social no es una profesión fácil, ya que en numerosas ocasiones la impotencia ante la realidad en la que vivimos nos desborda como personas. Es por ello, que nuestro mecanismo de defensa al fin y al cabo se trata de “normalizar” esa realidad que nos envuelve en nuestro ámbito profesional. Pero no por ello, debemos caer en la tentación de desvincularnos de nuestra práctica profesional, sino que, como mecanismo de defensa, debe ayudarnos a implicarnos cada vez más y con más fuerza para poner en práctica todas nuestras herramientas profesionales y conseguir el empoderamiento (empowertment) tan necesario para la persona que se encuentra enfrente de nosotros, haciéndoles partícipes de su propio cambio.

Porque trabajadores sociales hay muchos, pero ¿quiénes están dispuestos a implicarse al 100% para generar cambios? Porque es lo que somos. Somos profesionales generadores de cambios sociales, que luchan día tras día a través de las buenas prácticas que nos permiten avanzar y afrontar los nuevos retos profesionales a los que nos enfrentamos en esta sociedad cambiante. Somos y seremos profesionales implicados en la construcción de un Estado de bienestar, donde un sistema de protección social eficaz garantice la dignidad y la calidad de vida de cada una de las personas que viven en esta sociedad.”