Batallas corrientes: Padres de hoy

Se habla de buenas madres, de malas madres, de madres que dejan de trabajar para cuidar a sus hijos, de madres que piden reducir sus jornadas, de madres que crían y trabajan… Pero, ¿y los padres? ¿Por qué no se habla de ellos cuando están haciendo un verdadero trabajo titánico para compartir la crianza de forma igualitaria y dejar atrás la creencia de que los padres no se implican? La entrevista de este mes va dedicada a todos ellos a través de la experiencia de paternidad de Manuel, quien con 31 años es padre de un niño de 21 meses.

 

Para empezar, ¿cómo es un día junto a tu hijo?

Por suerte disfruto de mi hijo muchas horas al día. Desde las 14:30 que lo recojo al salir del trabajo y vamos a casa. Siempre sube al coche sonriente, lo pasa muy bien con su “madre de día”. Al llegar a casa, si no está dormido, me acompaña en mi comida y nos sentamos juntos a la mesa. No siempre ha sido fácil prepararse comida, sobre todo cuando era más pequeñito a veces con él en brazos, ni la comida es siempre sosegada, pero estamos acostumbrados. A veces hay que comer medio rápido si le entra sueño. O simplemente prefiere que juguemos hasta que llegue mamá.

Por la tarde solemos salir a dar un paseo. Al volver, por lo general va siendo hora de un baño. Uno de los momentos en que estoy más unido a él, ya que acostumbro a bañarlo yo mientras la mamá prepara la cena de los tres. Digo: “¡al agua pato!” y allá que me sigue corriendo. Llenamos la bañera, yo de agua, él lanzando en ella sus muñecos de goma. ¡Y listo! En el agua,

enjabonando su cabeza, masajeándolo con cuidado, bromeando y haciéndole algunas cosquillas es cuando más conecto con él. Después de secarlo y vestirlo de nuevo vamos a cenar, los tres juntos.

Después llega la hora de dormir, y a veces en otro de esos momentos especiales, me pide que lo aúpe para salir a buscar la luna o ver si pasan aviones. Le encanta mirar al cielo y es algo que nos gusta fomentarle. La curiosidad por la naturaleza y el mundo en general.

Tras eso, y después de “leer” algún libro (él nos relata con sonidos y gestos cada página), toca teta. E incluso si alguna noche eso no basta, aún tengo un último momento del día con él durmiéndolo en brazos paseando por casa. Tranquilidad y brazos, y a dormir. ¡Todos!

 

¿Crees que la paternidad te ha cambiado? ¿En qué aspectos?

Por supuesto. Ha cambiado mucho mis prioridades. Para mí, ahora la vida gira en torno a mi hijo, de manera que primero es él para todo y luego viene lo demás. Te das cuenta de cuántas cosas superfluas nos rodean y cuán importante es lo que tienes ahora ante ti para saber disfrutarlo. No quiere decir que en ocasiones uno no eche de menos cosas que era más fácil hacer antes, como una comida tranquila en un restaurante, salir una noche con amigos, una partida a la play… Y tanto. Pero no lo cambiaría por hacer cosas con mi hijo que ambos podemos disfrutar.

También, ahora te das cuenta de que para tu hijo eres su héroe y eso te lleva a tener que cuidar algunos hábitos, ya que eres su modelo a imitar.

Redescubres lo simple y vuelves a fijarte y disfrutar de las cosas que valora un niño.

Y por último lo más evidente es que duermes menos.

 

 

¿Sientes que la sociedad valora de forma objetiva el trabajo que realizan los padres en la crianza de sus hijos?

Creo que lo habitual es asociar la figura de un hijo con la de la madre o los padres, antes que solamente con el padre. Esto creo que se ve en la publicidad, en blogs o revistas infantiles. Pienso que tal vez es así porque probablemente la mujer hace más uso de estas herramientas. O porque a menudo son las que más organizan la vida en casa. No me hace sentir olvidado ni nada. Creo que es así porque no es tan reciente que los padres busquen su lugar en la crianza. Simplemente si vamos atrás una generación, o menos, seguro que nuestros padres no eran ogros, pero es muy posible que nuestra madre se encargase de muchas cosas que un padre puede hacer hoy y no hacía antes.

 

Eres padre primerizo, ¿cómo has vivido esta experiencia?

Creo que es algo para lo que no te puedes preparar. Ya que desde el momento que llega a la vida, desborda cualquier idea que tuvieras en mente de lo que podrías sentir.

Desde el embarazo siempre he estado cerca en cada paso que da en su crecimiento. He acudido a las visitas al ginecólogo de control del embarazo, a las pruebas del hospital (incluso una vez fui yo solo con mi hijo), hemos consultado dudas juntos. Creo que también la madre tiene responsabilidad aquí, en el sentido de mostrar si prefiere ser acompañada al ginecólogo o no. He visto en las salas de espera muchas embarazadas con su madre al lado y muy pocas parejas.

También me doy cuenta de cuántas cosas sobre la crianza he aprendido. Cosas que no imaginaba saber hace unos años. Por otro lado, también ves que hay muchas cosas que no te enseñan, pero se aplican por instinto.

 

¿Te resulta fácil y accesible compartir dudas y experiencias sobre paternidad con personas de tu mismo sexo?

Personalmente no me cuesta compartir dudas o vivencias en general con otros hombres. Si bien en mi círculo de amigos cercanos aún no hay padres, cuando he necesitado o ha surgido he podido hablar con conocidos o familiares.

 

En algunas ocasiones, las mujeres están sometidas a un considerable nivel de presión social. Se les aconseja que hagan otras cosas con sus hijos, se les juzga por las decisiones que toman… ¿Sientes esa presión como padre?

No. Creo que a todos los padres en general se nos aconsejan cosas a menudo, y muchas veces por personas muy ajenas a nuestra vida, pero pienso que las madres son más objeto de estas situaciones. Siento que cuando hemos recibido algunos consejos o comentarios por parte de cualquiera que te cruzas en la calle, a menudo se fijan en la madre al hablar.

 

¿Crees que se podrían mejorar los recursos para ayudar a los hombres con respecto a la experiencia de la paternidad? ¿De qué manera?

Sí. Algo que sí nos afecta es la duración del permiso de paternidad. Si bien ahora son 4 semanas y antes eran 2, dista mucho de las 16 semanas de la madre. Está claro que cuanto más pequeñito es el bebé más apegado está ineludiblemente a su madre, pero eso no quita que el padre puede apoyar y ayudar mucho desde el principio. Ya que si la madre está 24 horas al servicio del bebé quedan muchas tareas secundarias en casa que solo el padre podrá atender. Desde cambiar pañales, ayudar en la higiene del bebé, etc.

 

Me gustaría terminar la entrevista con una pregunta que te sacará una sonrisa ¿Qué es lo que más disfrutas de tu hijo?

Pues, precisamente, verlo reír. Cosa que por suerte sucede muchas veces al día casi desde el despertar.

Me resulta fascinante ver como bromea con nosotros, como nos busca para que le hagamos cosquillas o para jugar. Como se trepa a nosotros para hacer el caballito.

Me parece alucinante que le gusten cosas que me gustan a mí y casi podamos jugar a lo mismo.

Y verlo jugar y reír es lo único de lo que creo que un padre jamás se cansaría. Es el mejor premio y uno quiere que dure siempre.

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Hijos nacidos para salvar y a los que no salva nadie

A veces, más de las que les gustaría a los hijos, encontramos parejas que no funcionan, parejas que empiezan una relación positiva y poco a poco se deteriora mediante conflictos y peleas que se hacen cada vez más constantes.

En algunos casos, estas parejas deciden tener un hijo a pesar de sus diferencias. En otros casos, los quieren tener no solo ignorando los conflictos sino para que realicen un cometido que va más allá de las posibilidades reales de los pequeños: salvar a la pareja.

“La relación no iba muy bien y pensé que tener un hijo nos devolvería la ilusión”, “mi pareja pasaba por una mala época y creía que tener un hijo le ayudaría a centrarse en lo realmente importante” he escuchado en alguna ocasión. Mi pregunta sería: ¿Realmente sirvió?

A pesar de que esta es una situación con un alto nivel emocional y ya se sabe que, a más emoción, peor es la capacidad racional; vamos a evaluar posibles razones por las que un nuevo miembro familiar no devuelve la ilusión a una pareja en conflicto.

Por lo general, las parejas que tienden a discutir de forma reiterada, lo hacen por diferencia de gustos, de ideologías y de opiniones personales. Lo hacen por considerar que las prioridades de uno no incluyen al otro, por la diferencia entre la independencia de uno y la necesidad de estar juntos de la otra persona… Por tanto, si puede ser difícil ponerse de acuerdo en estos aspectos, ¿cuánto costará ponerse de acuerdo respecto a los métodos de crianza de un niño o una niña? Cuándo poner límites, cómo ponerlos, si se le deja la Tablet o no, cuánta comida del plato comer, si se viste solo o con ayuda, si se pacta un horario de rutinas o los horarios pueden ser cambiantes… ¿Os hacéis una idea?

Exacto, ponerse de acuerdo en temas tan importantes como la educación y crianza de un niño es más complejo que ponerse de acuerdo en los temas que pueden surgir en la pareja.

Pero no solo es más complejo seguir un mismo camino sino que, además, las consecuencias para los menores son devastadoras. Cuando una pareja entra en conflicto de forma reiterada delante de su hijo/a, los pequeños crecen emocionalmente inestables puesto que viven en un ambiente de conflicto, inseguridad y amenaza creado por esos padres que son los que, en teoría, les aportan seguridad. Y, ¿qué ocurre cuándo las figuras de protección no dan la seguridad que los pequeños necesitan y, además, suponen una amenaza? ¿Cómo se protegen de esa situación?

Como consecuencia, podemos encontrar hijos emocionalmente inestables que viven en un ambiente de conflictos, de inseguridad y de amenaza. Menores que son incapaces de formar su autoestima y su manejo emocional de manera adaptativa porque las figuras que deben dar ese ejemplo también sufren su propia inestabilidad emocional.

Puede darse el caso de que el/la hijo/a, llegada la adolescencia, viva en medio de la pareja como salvavidas y único punto de unión, creyendo como obligación propia la responsabilidad de salvar la relación de sus padres actuando como cortafuegos de los conflictos. Esta situación puede generar frustración e impotencia añadida al malestar emocional general, al ver que sus continuos intentos de minimizar los conflictos no son más que “parches” que actúan a corto plazo. En este caso, los papeles y roles familiares se invierten. El hijo se convierte en el padre de ambos progenitores, puesto que los adultos no están siendo capaces de solventar sus problemas ellos solos.

Por esta razón, se corre el riesgo de perder la infancia libre y de perpetuar un modelo de inmadurez emocional y relacional. Por lo que podemos encontrar adultos que presentan miedo al compromiso y que repiten patrones paternos y maternos en sus relaciones personales.

Si te encuentras en una relación conflictiva, no tengas miedo a romperla si no te hace disfrutar. No necesitas provocar una situación “ideal” y, por tanto, creada mediante la ilusión y fantasía. Confía en ti y en tus posibilidades. Todos merecemos ser felices de verdad.

 

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Reseña: Érase dos veces Cenicienta

Esta semana os quiero hablar del primer libro que compré de la colección “Érase dos veces…”. Una colección de cuentos en la que se trabaja desde la coeducación, la igualdad de derechos y el respeto a los animales, entre otros muchos valores.

En este caso os hablo de Cenicienta, ¿os podéis imaginar un cuento que sea bastante fiel al original, pero sin que Cenicienta se deje acosar por sus hermanastras, no permita la injusticia de quedarse en casa limpiando y no necesite del amor del príncipe para ser feliz? Cuesta creerlo, pero los autores Belén Gaudes y Pablo Macías, lo han conseguido.

La historia empieza rompiendo, desde la primera hoja, los estereotipos de la mujer como único valor estético.

En las siguientes páginas, también nos enseña a poner límites. ¿Qué mejor persona que Cenicienta para quejarse ante lo injusta que era su vida?

Pero, no os creáis que la nueva Cenicienta solo cambia a nivel familiar. El príncipe también aprende de sus lecciones cuando le invita a pensar sobre el baile que ha organizado. Le insta a darse cuenta de que las mujeres deben ser respetadas y no valoradas solamente por su cuerpo.

El pobre príncipe, al que Cenicienta le desbarata sus creencias y su forma de vida, se enamora de Cenicienta y cree que con un zapato va a poder conquistarla. ¡Pobre príncipe! Lo que no sabe, es que ésta le enseñará que una persona no se puede enamorar de otra si no la conoce.

Pero, una de las cosas que más me gusta de este libro es que no se basa solo en el cuestionamiento de los valores actuales, sino que también explica cuál es el comportamiento adecuado a ojos de los autores.

 

Aplicación en consulta

Como se puede observar, este cuento tiene muchas aplicaciones tanto a nivel infantil como juvenil y se puede utilizar en casa, en talleres de coeducación e igualdad, etc.

Yo, por mi parte, uno de los usos que le di en las sesiones fue para empoderar y fomentar la autonomía en una niña que dependía demasiado de su madre para tomar decisiones y para hacerse cargo de sus propias cosas (tareas de clase, obligaciones en casa, conductas de autocuidado…). Llevábamos varias semanas trabajando para que se convirtiera en superheroína a la vez que cumplía “los retos” que le ponía en las sesiones, por lo que añadí la lectura de cuentos para que escogiera características de los personajes que creyeran que le podían servir para convertirse en esa superheroína que habíamos creado.

La lectura de los libros la hacía junto a su madre o junto a mí, por lo que después había un período de reflexión en el que se le preguntaba qué había leído, qué tenía de diferente esta historia con respecto a la original, cuál le gustaba más, por qué, qué era lo que más le gustaba de la protagonista y lo que menos…

Como ya se sabe, la lectura tiene un poder mágico en los niños y los adultos. La niña percibió desde un primer momento que la protagonista del cuento era una persona independiente que tomaba sus decisiones y que era una característica muy buena para añadir a su personaje al que aspiraba llegar.

Se podría haber tratado este tema como algo negativo. Se le podría haber dicho que debía hacer caso a su madre y que tenía que aprender a hacerlo sola porque “ya era mayor”. Es cierto, se podría haber hecho igual que lo he hecho en otras ocasiones. Pero, ¿por qué no utilizar un recurso tan pedagógico y positivo como la lectura en consulta psicológica? 😉

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Los niños de ahora: Ricos, famosos y sin tiempo

Antes de seguir leyendo os pido que veáis este video que se emitió este lunes pasado en televisión.  Durante 2:03 minutos, los niños hablan de Rafa Nadal pero se dicen muchísimas más cosas que, debido a su normalización en la sociedad, pueden pasar por alto.

El vídeo lo podéis encontrar en el siguiente enlace: https://goo.gl/eQwQbJ

¿Lo habéis visto? Para los resistentes que no quieran verlo, resumiré el texto en sus frases más importantes:

Entrevistadora: “¿De mayor te gustaría ser como Rafa Nadal?”

Niño: “Sí, pero en lugar de tenista, futbolista. Porque es famoso y yo quiero ser famoso porque gana mucho dinero”.

 

Entrevistadora: ¿A ti te gusta el deporte?

Niña: Sí. Hago muchos deportes. Baile, balonmano, hago flamenco, ballet. También voy a inglés y catequesis”.

Entrevistadora: “No te queda tiempo para jugar.”

Niña: “No mucho. Bueno, solo para hacer los deberes y justo irme a cenar.

 

 

Qué más necesitamos para darnos cuenta de que los niños hace tiempo que dejaron de ser niños. ¡Nos lo están diciendo ellos! ¿Por qué todos estamos de acuerdo en que los idiomas son importantes, el deporte es importante pero no todos lo estamos para decir que jugar es importante?

No confundamos enriquecer con extenuar. Enriquecemos cuando un niño nos pide más actividades porque se aburre, enriquecemos cuando hacemos un niño integrado en su totalidad: conocimientos, parte física, parte emocional, parte creativa y sí, también la parte de ocio y calma… ¿Cómo van a aprender a calmarse si no les dejamos momentos para ello? A veces se nos olvida que con nuestra mirada de adultos y, según lo que creemos más importante o menos, condicionamos ese enriquecimiento inclinando la balanza a la parte académica y de competición. Enriquecer es genial pero, por favor, con criterio.

Más tarde, los adultos nos quejamos de que tenemos niños irritables, enfadados y que no “toleran los límites y la frustración”. ¿Y si no es únicamente cuestión de educación o autorregulación? ¿Y si tenemos niños igual de malhumorados que los adultos cuando salimos muchos días del trabajo y estamos cansados o estresados?

Algunos padres acuden a consulta porque sus hijos “tienen mucho genio y necesitan aprender a controlarse” pero no encuentran el tiempo suficiente para acudir a las sesiones porque los lunes, miércoles y viernes tienen fútbol y los martes y jueves tienen inglés. Además, no pueden ir a consulta después de las otras clases porque si no, no les queda tiempo para hacer los deberes.

Como he dicho en muchas otras ocasiones, en la sociedad actual falta empatía. Si pensamos que el problema en estos casos es que los niños no controlan su ira, pensaremos que es un problema intermitente y que no tiene mayor prioridad que otras cosas en su vida. Si pensamos esto, los niños se frustrarán más y se enfadarán más porque no verán una nueva solución para calmarse.

Si, por el contrario, empatizamos con ellos y pensamos que el enfado no es más que una consecuencia de su cansancio y su poco tiempo de juego o distracción, quizá tomamos vías de trabajo diferentes. Encontramos tiempo para ellos y les generamos más momentos de tranquilidad.

 

Pero hoy el post no acaba aquí, falta un tema muy importante que se puede ver en la entrevista. ¿Cuáles son las metas en la vida de nuestros niños? Cada vez son más quienes aspiran a ser científicos, profesores, deportistas sacrificados… pero aún queda mucho por hacer. Quedará por hacer siempre que los pequeños encuentren su modelo a seguir en gente cuya prioridad, según los medios de comunicación, sea su riqueza o su fama.

 

 

Quiero ser positiva y deciros que empezamos a hacerlo bien. Si lo creemos así, nos daremos cuenta de que los perfiles de programas como “Hombres, Mujeres y Viceversa” y “Gran Hermano” son admirados únicamente en adolescentes y adultos de generaciones anteriores y que los niños de hoy, posiblemente, sean adolescentes del futuro alejados de eso. Vamos a pensar en eso, seamos positivos.

Pero, ¿qué ocurre con el que parece el único deporte en nuestro país? ¿qué ocurre con el fútbol? Vemos como los medios de comunicación basan sus noticias en la prensa amarilla, llena de morbo y lejos de los minutos de partido. Se les olvida que el fútbol es un deporte de equipo en el que solos no son nadie y se centran en los que ellos consideran estrellas, dejando atrás a quienes enseñan valores como el compañerismo, la cooperación y la humildad. Ensalzan con minutos y minutos de programa la actitud arrogante, individualista y los conflictos entre compañeros. Enseñan a mentir, a quejarse cuando no ha habido falta, a acribillar al árbitro y a hacer públicos sus conflictos entre compañeros de equipo o entre entrenadores rivales. Los niños ven cómo sus modelos se sienten responsables únicamente de sus logros y echan “balones fuera” cuando ha habido algún error. Ven como se junta la política con el fútbol creando barreras entre su propio país cuando esos equipos tienen más de un 50% de jugadores extranjeros. ¡No tiene sentido! Y en ese sinsentido crecen los menores de hoy en día, resguardados por los adultos que disfrutan de ese juego televisado y no se dan cuenta de todos los valores que echan por tierra con respecto a sus hijos.

Por favor, no podemos criar niños sin tiempo para ser niños y a su vez, aunque parezca contradictorio, convertirlos en adolescentes cuya misión en la vida es ser famoso y ganar dinero. La vida no consiste en eso o, al menos, hagamos que la vida no consista en eso.

 

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