Pensamientos de una adolescente: Adolescentes, ¿niños o adultos?

“Este mes me apetecía escribir sobre algo que confunden muchas personas. Y es, que muchos tratan a los adolescentes de diferente manera en cuanto a que unos piensan que siguen siendo niños y otros, en cambio, piensan que ya pueden o deben actuar como adultos. Estos dos grupos están equivocados ya que los adolescentes no son ni niños ni adultos, y tratarlos como tales puede suponer un grave error y el/la adolescente puede llegar a sentir que no es comprendido. Y no es una sensación agradable.

 

Primero está el grupo de las personas que tratan a los adolescentes como a niños. Si tratas a una persona de entre 12 y 17 años como un niño/a, no madurará nunca y llegará el día en que tenga que ser independiente y no podrá serlo si antes nadie le ha dejado aprenderlo y a edades más avanzadas, será más difícil. Además, depende del trato que reciba, podrá tomarte más o menos en serio y eso en algunas situaciones puede acabar con alguna pelea. Además, si está acostumbrado/a a que siempre ha sido protegido, todo ha sido jugar y tomarse todo a risas… llegará el momento en que deje de ser así y no sabrá desenvolverse en otros ámbitos más serios.

 

Después está ese grupo de personas que creen que los adolescentes son adultos y por lo tanto gozan de plena libertad, deben tomar todas las decisiones sin tener que consultar, deben actuar como adultos, etcétera.

Los adolescentes no son adultos. Por lo tanto, requieren de un apoyo (unos más que otros) de alguien con más experiencia que ellos para enseñarles a poder comportarse como un adulto debe hacerlo. Pero no podemos pretender que los adolescentes aprendan a ello por si solos cuando no cuentan con esa ayuda que decía anteriormente. Muchas veces, por tratarlos como mayores de lo que son pueden soportar demasiadas cargas y no disfrutarán al máximo de otras cosas.

Después está el grupo de personas que tratan a los adolescentes de una manera u otra, dependiendo de la situación. Cosa que está bien si sabes en qué momentos debe disfrutar como un niño y en qué otros momentos debe pensar como un adulto. El problema viene cuando se les trata según conviene en ese momento. No solo a nosotros, los adolescentes, sino a todos nos molesta que nos utilicen según le convenga a otra persona. Por lo tanto, eso es algo que se debe tener en cuenta para no poder hacer sentir mal a nadie.

Para terminar el post de este mes, voy a añadir mi opinión personal, ya que lo escrito anteriormente ha sido contrastado con varios puntos de vista de otros adolescentes:

Yo creo que no es la edad la que define cómo debe ser el comportamiento de una persona y cómo debe ser tratado/a. Simplemente hay que conocer a la persona y saber cómo es mentalmente. Alguien de treinta años puede comportarse como uno de doce, y viceversa. Esto es lo mismo que: no juzgar por las apariencias.”

 

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

 

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Reseña del mes: Cuentos para bebés – De la cuna a la luna (Kalandraka)

La reseña de este mes va dedicada a los más pequeños de la casa. ¿Os habéis preguntando alguna vez qué cuentos comprar a los niños que están en su primer año de vida? ¿Y los que ya han cumplido el año pero no se quedan quietos a escuchar toda una historia?

Después de probar cuentos de fieltro, impermeables para el momento del baño y manipulativos, me quedo sin duda con la edición “De la cuna a la luna” de Kalandraka.

Estos cuentos son de un tamaño pequeño para que los puedan manipular los propios niños y de cartoné para poder soportar los golpes y mordiscos que suelen recibir. Además, son cuentos cortos, con palabras o frases sueltas y a los que se les puede acompañar con canciones para captar la atención del bebé.

Para que podáis ver cómo utilizar este tipo de cuentos, os dejo varios vídeos de YouTube. Esto os ayudará a haceros una idea puesto que no tiene nada que ver leerlos por primera vez como si fuera una historia cuando lo acabamos de conocer.

 

Aplicación en sesión

Los aspectos a trabajar pueden ser muchos con este tipo de cuentos. Desde la motricidad fina a la hora de coger el libro y pasar las hojas, hasta el entrenamiento de la atención desde bien pequeños. El hecho de que sean cantados les hace escuchar hasta el final, por lo que obtienen satisfacción con la lectura ya que no llegan a cansarse antes de finalizarlo.

También es posible trabajar el vocabulario señalando las imágenes que hay en cada página mientras se canta. De esta forma, los niños van asociando el nombre a la imagen de forma repetida para favorecer la memorización.

Si se quiere ir más lejos, puede trabajarse la lectura, más adelante, con historias que ya les son familiares desde pequeños. Debajo de cada imagen está la palabra escrita en mayúsculas, por lo que la curiosidad y la motivación les puede hacer iniciarse en el mundo de la lectura.

 

¿Quién se anima a cantar la lectura?

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Batallas corrientes: Padres de hoy

Se habla de buenas madres, de malas madres, de madres que dejan de trabajar para cuidar a sus hijos, de madres que piden reducir sus jornadas, de madres que crían y trabajan… Pero, ¿y los padres? ¿Por qué no se habla de ellos cuando están haciendo un verdadero trabajo titánico para compartir la crianza de forma igualitaria y dejar atrás la creencia de que los padres no se implican? La entrevista de este mes va dedicada a todos ellos a través de la experiencia de paternidad de Manuel, quien con 31 años es padre de un niño de 21 meses.

 

Para empezar, ¿cómo es un día junto a tu hijo?

Por suerte disfruto de mi hijo muchas horas al día. Desde las 14:30 que lo recojo al salir del trabajo y vamos a casa. Siempre sube al coche sonriente, lo pasa muy bien con su “madre de día”. Al llegar a casa, si no está dormido, me acompaña en mi comida y nos sentamos juntos a la mesa. No siempre ha sido fácil prepararse comida, sobre todo cuando era más pequeñito a veces con él en brazos, ni la comida es siempre sosegada, pero estamos acostumbrados. A veces hay que comer medio rápido si le entra sueño. O simplemente prefiere que juguemos hasta que llegue mamá.

Por la tarde solemos salir a dar un paseo. Al volver, por lo general va siendo hora de un baño. Uno de los momentos en que estoy más unido a él, ya que acostumbro a bañarlo yo mientras la mamá prepara la cena de los tres. Digo: “¡al agua pato!” y allá que me sigue corriendo. Llenamos la bañera, yo de agua, él lanzando en ella sus muñecos de goma. ¡Y listo! En el agua,

enjabonando su cabeza, masajeándolo con cuidado, bromeando y haciéndole algunas cosquillas es cuando más conecto con él. Después de secarlo y vestirlo de nuevo vamos a cenar, los tres juntos.

Después llega la hora de dormir, y a veces en otro de esos momentos especiales, me pide que lo aúpe para salir a buscar la luna o ver si pasan aviones. Le encanta mirar al cielo y es algo que nos gusta fomentarle. La curiosidad por la naturaleza y el mundo en general.

Tras eso, y después de “leer” algún libro (él nos relata con sonidos y gestos cada página), toca teta. E incluso si alguna noche eso no basta, aún tengo un último momento del día con él durmiéndolo en brazos paseando por casa. Tranquilidad y brazos, y a dormir. ¡Todos!

 

¿Crees que la paternidad te ha cambiado? ¿En qué aspectos?

Por supuesto. Ha cambiado mucho mis prioridades. Para mí, ahora la vida gira en torno a mi hijo, de manera que primero es él para todo y luego viene lo demás. Te das cuenta de cuántas cosas superfluas nos rodean y cuán importante es lo que tienes ahora ante ti para saber disfrutarlo. No quiere decir que en ocasiones uno no eche de menos cosas que era más fácil hacer antes, como una comida tranquila en un restaurante, salir una noche con amigos, una partida a la play… Y tanto. Pero no lo cambiaría por hacer cosas con mi hijo que ambos podemos disfrutar.

También, ahora te das cuenta de que para tu hijo eres su héroe y eso te lleva a tener que cuidar algunos hábitos, ya que eres su modelo a imitar.

Redescubres lo simple y vuelves a fijarte y disfrutar de las cosas que valora un niño.

Y por último lo más evidente es que duermes menos.

 

 

¿Sientes que la sociedad valora de forma objetiva el trabajo que realizan los padres en la crianza de sus hijos?

Creo que lo habitual es asociar la figura de un hijo con la de la madre o los padres, antes que solamente con el padre. Esto creo que se ve en la publicidad, en blogs o revistas infantiles. Pienso que tal vez es así porque probablemente la mujer hace más uso de estas herramientas. O porque a menudo son las que más organizan la vida en casa. No me hace sentir olvidado ni nada. Creo que es así porque no es tan reciente que los padres busquen su lugar en la crianza. Simplemente si vamos atrás una generación, o menos, seguro que nuestros padres no eran ogros, pero es muy posible que nuestra madre se encargase de muchas cosas que un padre puede hacer hoy y no hacía antes.

 

Eres padre primerizo, ¿cómo has vivido esta experiencia?

Creo que es algo para lo que no te puedes preparar. Ya que desde el momento que llega a la vida, desborda cualquier idea que tuvieras en mente de lo que podrías sentir.

Desde el embarazo siempre he estado cerca en cada paso que da en su crecimiento. He acudido a las visitas al ginecólogo de control del embarazo, a las pruebas del hospital (incluso una vez fui yo solo con mi hijo), hemos consultado dudas juntos. Creo que también la madre tiene responsabilidad aquí, en el sentido de mostrar si prefiere ser acompañada al ginecólogo o no. He visto en las salas de espera muchas embarazadas con su madre al lado y muy pocas parejas.

También me doy cuenta de cuántas cosas sobre la crianza he aprendido. Cosas que no imaginaba saber hace unos años. Por otro lado, también ves que hay muchas cosas que no te enseñan, pero se aplican por instinto.

 

¿Te resulta fácil y accesible compartir dudas y experiencias sobre paternidad con personas de tu mismo sexo?

Personalmente no me cuesta compartir dudas o vivencias en general con otros hombres. Si bien en mi círculo de amigos cercanos aún no hay padres, cuando he necesitado o ha surgido he podido hablar con conocidos o familiares.

 

En algunas ocasiones, las mujeres están sometidas a un considerable nivel de presión social. Se les aconseja que hagan otras cosas con sus hijos, se les juzga por las decisiones que toman… ¿Sientes esa presión como padre?

No. Creo que a todos los padres en general se nos aconsejan cosas a menudo, y muchas veces por personas muy ajenas a nuestra vida, pero pienso que las madres son más objeto de estas situaciones. Siento que cuando hemos recibido algunos consejos o comentarios por parte de cualquiera que te cruzas en la calle, a menudo se fijan en la madre al hablar.

 

¿Crees que se podrían mejorar los recursos para ayudar a los hombres con respecto a la experiencia de la paternidad? ¿De qué manera?

Sí. Algo que sí nos afecta es la duración del permiso de paternidad. Si bien ahora son 4 semanas y antes eran 2, dista mucho de las 16 semanas de la madre. Está claro que cuanto más pequeñito es el bebé más apegado está ineludiblemente a su madre, pero eso no quita que el padre puede apoyar y ayudar mucho desde el principio. Ya que si la madre está 24 horas al servicio del bebé quedan muchas tareas secundarias en casa que solo el padre podrá atender. Desde cambiar pañales, ayudar en la higiene del bebé, etc.

 

Me gustaría terminar la entrevista con una pregunta que te sacará una sonrisa ¿Qué es lo que más disfrutas de tu hijo?

Pues, precisamente, verlo reír. Cosa que por suerte sucede muchas veces al día casi desde el despertar.

Me resulta fascinante ver como bromea con nosotros, como nos busca para que le hagamos cosquillas o para jugar. Como se trepa a nosotros para hacer el caballito.

Me parece alucinante que le gusten cosas que me gustan a mí y casi podamos jugar a lo mismo.

Y verlo jugar y reír es lo único de lo que creo que un padre jamás se cansaría. Es el mejor premio y uno quiere que dure siempre.

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Hijos nacidos para salvar y a los que no salva nadie

A veces, más de las que les gustaría a los hijos, encontramos parejas que no funcionan, parejas que empiezan una relación positiva y poco a poco se deteriora mediante conflictos y peleas que se hacen cada vez más constantes.

En algunos casos, estas parejas deciden tener un hijo a pesar de sus diferencias. En otros casos, los quieren tener no solo ignorando los conflictos sino para que realicen un cometido que va más allá de las posibilidades reales de los pequeños: salvar a la pareja.

“La relación no iba muy bien y pensé que tener un hijo nos devolvería la ilusión”, “mi pareja pasaba por una mala época y creía que tener un hijo le ayudaría a centrarse en lo realmente importante” he escuchado en alguna ocasión. Mi pregunta sería: ¿Realmente sirvió?

A pesar de que esta es una situación con un alto nivel emocional y ya se sabe que, a más emoción, peor es la capacidad racional; vamos a evaluar posibles razones por las que un nuevo miembro familiar no devuelve la ilusión a una pareja en conflicto.

Por lo general, las parejas que tienden a discutir de forma reiterada, lo hacen por diferencia de gustos, de ideologías y de opiniones personales. Lo hacen por considerar que las prioridades de uno no incluyen al otro, por la diferencia entre la independencia de uno y la necesidad de estar juntos de la otra persona… Por tanto, si puede ser difícil ponerse de acuerdo en estos aspectos, ¿cuánto costará ponerse de acuerdo respecto a los métodos de crianza de un niño o una niña? Cuándo poner límites, cómo ponerlos, si se le deja la Tablet o no, cuánta comida del plato comer, si se viste solo o con ayuda, si se pacta un horario de rutinas o los horarios pueden ser cambiantes… ¿Os hacéis una idea?

Exacto, ponerse de acuerdo en temas tan importantes como la educación y crianza de un niño es más complejo que ponerse de acuerdo en los temas que pueden surgir en la pareja.

Pero no solo es más complejo seguir un mismo camino sino que, además, las consecuencias para los menores son devastadoras. Cuando una pareja entra en conflicto de forma reiterada delante de su hijo/a, los pequeños crecen emocionalmente inestables puesto que viven en un ambiente de conflicto, inseguridad y amenaza creado por esos padres que son los que, en teoría, les aportan seguridad. Y, ¿qué ocurre cuándo las figuras de protección no dan la seguridad que los pequeños necesitan y, además, suponen una amenaza? ¿Cómo se protegen de esa situación?

Como consecuencia, podemos encontrar hijos emocionalmente inestables que viven en un ambiente de conflictos, de inseguridad y de amenaza. Menores que son incapaces de formar su autoestima y su manejo emocional de manera adaptativa porque las figuras que deben dar ese ejemplo también sufren su propia inestabilidad emocional.

Puede darse el caso de que el/la hijo/a, llegada la adolescencia, viva en medio de la pareja como salvavidas y único punto de unión, creyendo como obligación propia la responsabilidad de salvar la relación de sus padres actuando como cortafuegos de los conflictos. Esta situación puede generar frustración e impotencia añadida al malestar emocional general, al ver que sus continuos intentos de minimizar los conflictos no son más que “parches” que actúan a corto plazo. En este caso, los papeles y roles familiares se invierten. El hijo se convierte en el padre de ambos progenitores, puesto que los adultos no están siendo capaces de solventar sus problemas ellos solos.

Por esta razón, se corre el riesgo de perder la infancia libre y de perpetuar un modelo de inmadurez emocional y relacional. Por lo que podemos encontrar adultos que presentan miedo al compromiso y que repiten patrones paternos y maternos en sus relaciones personales.

Si te encuentras en una relación conflictiva, no tengas miedo a romperla si no te hace disfrutar. No necesitas provocar una situación “ideal” y, por tanto, creada mediante la ilusión y fantasía. Confía en ti y en tus posibilidades. Todos merecemos ser felices de verdad.

 

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