Batallas Corrientes: Profesores de la nueva generación

Este mes contamos con la colaboración de Nacho para la entrevista de Batallas Corrientes. Nacho es profesor de secundaria en las especialidades de Matemáticas y TIC (Informática) además de ser tutor de 3ºESO.

 

Me gustaría empezar rompiendo un mito a favor de la gente que ejerce tu profesión. Es común oír frases como “claro, como los profesores tenéis más vacaciones que los alumnos” o “los profesores se sientan en clase, piden hacer 8 ejercicios y mientras leen el periódico”. Para muchos, a los profesores se os etiqueta con una imagen de pereza y vida ociosa. ¿Cómo es, en realidad, tu trabajo?

La verdad es que ser docente es un trabajo muy completo (y casi que a tiempo completo) ya que no se limita a “soltar el rollo” los 55 minutos de clase y ya está. O al menos no en mi caso.

Si nos centramos el trabajo más “objetivo”, pues aparte de las horas lectivas como tal, hay unas otras “extra” de dedicación al centro (aunque no en todos es igual) que incluyen las reuniones de departamento, la hora de tutoría, hora de visita con los padres, guardias y horas reuniones y trabajo con el resto del claustro. Y las horas lectivas no acaban ni empiezan con “la campana”: requieren mucho tiempo de preparación fuera de las horas en el centro, tanto para la sesión de clase en sí (contenidos a impartir, materiales, hojas de ejercicios… sobre todo si no se sigue un libro), así como preparación y corrección de exámenes. Además de la “burocracia” (organizar materiales y papeles, documentos para el centro…), que hay más de la que uno puede pensarse.

Y luego, además, si nos vamos a la parte que hay “más allá”, en lo que concierne al trato con los alumnos, las familias… que es lo que yo creo que es el grueso del trabajo de un docente… Es difícil acabar. Si eres alguien que empatiza con los demás, intentas estar pendiente de ellos, de sus problemas y sus alegrías, de su día a día, de cómo van… E inevitablemente, y más si eres tutor, hay cosas, pensamientos, ideas, que te acabas llevando también a casa y sigues dándole vueltas.

Y, en este mismo aspecto, cuando estás delante de 20-25-30 chavales distintos cada hora, y dentro de ese grupo cada alumno es distinto también, aunque haya días y días y grupos y grupos, tienes que ser casi una especie de psicólogo y showman para saber cómo presentar los contenidos que estás impartiendo y cómo hacerles llegar a cada uno, con sus circunstancias y sus características, lo que quieres decir.

 

¿Alguna vez has trabajado más horas de las que te correspondían?

Como se puede sacar un poco de lo anterior, sí. Muy frecuentemente, de hecho. Las horas que se está en el centro, que se supone que son las de nuestra jornada laboral y por las cuales percibimos nuestro salario, son las que hay para dar clase, tutorías, tener reuniones, juntas… A lo sumo, podemos disponer de una o dos (a la semana) para preparar o corregir algo (y ya te digo que no es suficiente… Para corregir un examen de un grupo de 25 alumnos, puedes emplear, dependiendo del examen y el nivel, perfectamente 5 horas si quieres corregirlo con detalle). Y esto sin contar viajes con los alumnos, en los que realmente estás trabajando las 24h, o los frecuentes cursos de formación y reciclaje del profesora, tan de actualidad (y necesarios, pero totalmente fuera de nuestro horario laboral).

De hecho, la mayoría de mis conocidos han ido cambiando bastante su percepción de lo que exige ser profesor desde que empecé a dar clase y desde que empezaron a llamarme para hacer planes y mis respuestas empezaban a ser: “no puedo, tengo que corregir” o “no puedo, tengo que preparar un examen y el temario del siguiente tema” o “¿Qué vas a hacer este puente? – ¡Corregir¡ ¡Que por fin tengo tiempo!”  (siendo éste un uso bastante habitual para los puentes entre mis compañeros…) Jejeje.

 

En tu profesión trabajas diariamente con personas y te relacionas con ellos para conseguir un objetivo en común, por lo que es probable que aprendas diariamente a nivel personal ¿Qué anécdotas o sentimientos positivos te llevas de tu trabajo diario con los chavales?

Totalmente. Y de hecho es una de las cosas que me motivaron a terminar de lanzarme a la enseñanza y por las que estoy más a gusto en el centro en el que trabajo.

Y con respecto a los alumnos, parece mentira, pero en el transcurso de 9 meses, se les ve cambiar y evolucionar muchísimo. Ver cómo van superando poco a poco bloqueos que tenían, cómo van mejorando su autoconcepto y, ya no logrando metas, sino planteándoselas incluso cuando al principio no apostaban por ello… Es algo muy gratificante.

Por otro lado, ver que recurren a ti cuando te ven por el pasillo para contarte algo que les ha pasado el fin de semana, o acabar bromeando sobre alguna situación… Ver cómo se involucran en las ideas que les planteas sobre la vida del centro o de la comunidad en general, cómo van reaccionando y formando parte de la vida que les rodea y cómo van evolucionando día a día.

O un simple saludo y una sonrisa al cruzarte con ellos.

 

Por el contrario, ¿has vivido situaciones conflictivas en tu profesión que han influido negativamente en tu estado de ánimo?

También, claro, nada es idílico. De hecho, yo estoy en un centro en el que tenemos una población muy variada y en el que surgen muchísimos conflictos. Desde lo más básico, alumnos desmotivados y que están en contra del sistema y que están estudiando obligados, por lo que están totalmente desmotivados y desganados (en general o con una asignatura en concreto) y se prestan a saltar a la mínima y buscar cualquier motivo de confrontación para reventar la clase, a alumnos con problemas personales que les hacen ser más disruptivos, llamar la atención, provocar interrupciones… Y que terminan encarándose no respetando la autoridad del profesor ni a los propios compañeros. Estas faltas de respeto, de interés hacia tu trabajo y, sobre todo, hacia tu dedicación, pueden ir haciendo mucha mella en tu estado de ánimo y es una lucha constante contra ello para poner cierta distancia y no venirte abajo al ver que “no sirve de nada” lo que haces.

Y de ahí pasamos a casos más graves, que por suerte no he tenido que sufrir, en los que, por hacer tu trabajo y dar alguna nota o corregir o intentar modificar el comportamiento de algún alumno, te destrozan el coche o te esperan a la puerta del colegio el alumno en cuestión o un grupo de amigos del mismo para increparte y seguirte hasta el coche, como le ha pasado a una compañera (mujer, sola, a las ocho de la noche en invierno en un barrio conflictivo…). 

Sólo te queda reponerte, con el apoyo de dirección y de tus compañeros (y del resto de alumnos que sí que creen en ti, en lo que haces y que te lo agradecen realmente) y seguir adelante.

 

Los centros escolares están formados por una gran red de personas tanto a nivel profesional como a nivel de alumnado. Lograr una coordinación completa puede ser muy difícil. ¿Con qué dificultades te has encontrado a la hora de realizar tu trabajo tal y como deseabas?

En mi centro, por ejemplo, que es línea tres (tres clases por nivel), somos muchísimos profesores. En concreto, para Matemáticas entre ESO y Bachiller, somos este curso unos 6 profesores más los profesores que dan refuerzos, compensatorias y los ámbitos de PMAR. Por lo que el Departamento de Matemáticas lo integramos casi diez docentes. Imagínate los encajes que tenemos que hacer para coordinarnos en una hora a la semana. Cuadrar las programaciones para mantener una verticalidad en todo el departamento, sacar adelante iniciativas y proyectos, implantar propuestas de trabajo cooperativo y rutinas y destrezas de pensamiento a nivel de Departamento, revisar los criterios y estándares de evaluación (que con la implantación de la LOMCE es una revisión continua para adaptarnos a las nuevas formas de evaluación y que sea todo lo más homogéneo posible entre todos…).

Y no sólo nos tenemos que poner de acuerdo los de Mates. Se hacen muchísimas actividades interdepartamentales, y lo que hace un Departamento un día, afecta a otros o afecta a unos profesores porque un curso se va de excursión y hay que cuadrar horarios para que no afecte en tema pruebas o clases fundamentales; ciertas sesiones de tutoría se coordinan para varios cursos o con el departamento de orientación; según vayan viendo los tutores la evolución de sus alumnos les van derivando con el Departamento de Orientación para tratar ciertos temas… A la hora de cuadrar exámenes se tiene en cuenta el resto de áreas para que cuadre todo bien en fechas y no saturar en exceso la agenda de los alumnos…

Es un compendio de cosas que aporta un plus de detalles que van conformando una red MUY extensa de nodos a tener en cuenta que, si queremos que las cosas fluyan y salgan bien, no pueden fallar. Y, como comentábamos antes. Esto no se reduce a llegar a clase y dar tu “charla”…

 

Como ya se sabe, la relación entre padres y profesores es muy importante en la proyección de un alumno. ¿Has trabajado con familiares de algún alumno? ¿Cómo fue la experiencia?

Totalmente. La colaboración con las familias es fundamental.

El curso pasado no era tutor y esa comunicación fue mucho menor, pero aún así era bastante fluida, atendiendo a padres cuando lo necesitaban, sobre todo gracias a las facilidades que aportan las nuevas tecnologías.

Este curso, siendo tutor, las reuniones y tutorías con los padres son frecuentes. Nos reunimos, individualmente, mínimo una vez con los padres de todos nuestros alumnos de tutoría (preferiblemente con el alumno presente) para conocerles más de cerca, conocer la realidad del alumno y de su familia y así poder saber de dónde vienen y bajo qué circunstancias responden. Y, de cada reunión, sacamos una serie de compromisos que llevar a cabo entre el alumno, la familia, el centro… para que todo vaya adelante y vaya mejorando, para que puedan alcanzar sus objetivos de una forma más optima (porque lo que necesita o lo que se plantea uno, no tiene por qué ser lo mismo que necesita o que se plantea otro).

Y, en estos casos, mi experiencia siempre ha sido positiva. Creo que he tenido la suerte de conectar muy bien con mis tutorados y sus familias y de estar en contacto con familias muy receptivas y en disposición de adoptar cambios y medias y velar por que sus hijos sigan evolucionando y trabajar con ellos para que así sea. Sin embargo, sé que no siempre se tiene tanta suerte y no todos los casos son así y, muchas veces, conseguir cruzar esa puerta de la colaboración con la familia es muy difícil por distintas circunstancias (disponibilidad, horarios en casa, situación laboral o familiar, ideologías, motivos personales, relación paterno-filial…).

 

En la actualidad, la población está recibiendo información sobre el acoso escolar por todos los medios de comunicación. ¿Crees que tus alumnos están más sensibilizados desde que hay más información a su alcance?

Yo creo que se está movilizando mucho más el tema, tanto en los medios como en los centros, pero es difícil que a ellos les llegue realmente el sentido, el trasfondo, la importancia, las consecuencias… que encierra este tema. Quizá por la edad, quizá porque la mayoría no se han visto afectados en primera persona, porque han sido meros espectadores…

Tampoco estoy seguro de la utilidad con la que se está tratando el tema, ya que, la opinión que me llega a mí de ellos es la de “¡¿otra vez vamos a hablar del acoso escolar?!”. Como si nunca se les estuviese diciendo nada nuevo o no se les aportaran más cosas útiles, por lo que quizá la efectividad disminuya y haya que buscar nuevas ideas y formas de hacerles llegar ese trasfondo.

 

¿Se ha abordado el acoso escolar en tu centro? ¿Cómo?

Sí. En todos los cursos es un tema que se aborda desde las tutorías e incluso en diferentes áreas. Además, existen protocolos de acción, tanto los pautados por la ley, como propios, para atajar los posibles casos desde que se empiezan a entrever.

Por ejemplo, en mi caso, en 3º de la ESO, hemos tenido varias sesiones en tutoría en las que, primero, mediante vídeos al respecto presentando casos reales e iniciativas que se están llevando a cabo (como la campaña “Se buscan valientes”), noticias de actualidad que presentan las trágicas consecuencias del acoso o vídeos más enfocados a la reflexión, se han llevado a cabo una serie de actividades para reflexionar sobre el problema (porque aunque sea algo que llevan haciendo quizá año tras año, el trabajo sobre ello y la prevención son cosas fundamentales, ya que la visión y las circunstancias personales de cada alumno van cambiando muy rápidamente a estas edades). Después, este año, queríamos hacer especial hincapié en los “actores” que entran en juego en la dinámica del acoso (acosado, acosador y observador) y, en especial, centrarnos en ese papel que tiene el grupo como “observador” y la importancia de sacarles de ese papel. Porque si dejan de actuar y toman parte activa para frenar el acoso, no dejando solo al acosado, no siguiendo el juego al acosador y, sobre todo, avisando a las figuras de autoridad, es una de las principales maneras de frenar el acoso. Y, para ello, les propusimos un juego de roles en el que, por grupos, recrearon diferentes situaciones de acoso (acoso físico, verbal, acoso en redes sociales (incluyendo whatsapp), por subir material gráfico sensible sin consentimiento, esparcir rumores…) y las representaron ante el resto de la clase mediante vídeos que hicieron recreando una conversación de whatsapp, una mini obra de teatro representando la situación, un Mannequin Challenge… Fue una actividad muy interesante y con la cual experimentaron un poco, en primera persona, cómo es sentirse en vuelto en esas situaciones.

 

Para terminar, me gustaría que nos dejaras ver un poco de tu trabajo con los alumnos. Cuéntanos cómo les motivas para realizar alguna actividad.

Uff, es una pregunta difícil… jejeje El motivarles para hacer algo y que lo hagan convencidos, depende de muchas cosas… Del alumno, del grupo, de la asignatura, de la actividad a realizar… Incluso del día y de la hora a la que estemos. No es lo mismo un martes a las 10 de la mañana, que un miércoles a las 16h o que un viernes a las 13h…

Considero que es fundamental conocerles, conectar con sus inquietudes, sus gustos, sus aspiraciones, saber de dónde vienen y qué les mueve. No podemos pretender motivarles con frases e ideas prefabricadas, porque no sirve para todos lo mismo. Cada uno tiene sus propios objetivos y es ahí a donde tenemos que intentar llegar con ellos y conseguir que se hagan las preguntar necesarias para ver qué necesitan para llegar a esos objetivos que se plantean. Si no les gustan las Matemáticas (por ejemplo), aunque sea que tengan que aprobarlas para llegar a titular y poder estudiar la carrera o el módulo que ansían, que vean ahí una posible meta y un fin, y vean así las diferentes materias como un vehículo para conseguir sus fines. Porque, aunque intentes demostrarles las bondades y utilidades de las derivadas y se lo expliques con el mayor entusiasmo, si no les interesan lo más mínimo, va a seguir sin interesarles… jejeje

Algo a lo que yo recurro también habitualmente es al plano del desarrollo cognitivo para contestar a las típicas preguntas del “¿para qué sirve esto?”. Pues hombre, a aprender a sumar radicales no le vas a sacar gran partido cuando vayas a comprar el pan, pero la capacidad de abstracción que están entrenando con ello y desarrollo cognitivo y las relaciones neuronales que estás estableciendo al enfrentarte a ello y resolver ese tipo de operaciones cada vez más abstractas te van a servir, y mucho, en tu vida, a la hora de enfrentarte a cualquier tipo de problemas, ya no matemáticos, sino de cualquier índole. Al igual que trabajar las transformaciones geométricas te ayudará a trabajar tu visión espacial en tres dimensiones y te facilitará, entre otras cosas, que te sea más fácil aprender a aparcar en un futuro.

 

BATALLAS CORRIENTES: La implicación de una orientadora en el instituto

 

Meli es psicóloga orientadora de un instituto de la provincia de Alicante. En su día a día trabaja con adolescentes que se encuentran en problemas y que, en ocasiones, ven ignorados sus intereses fuera del ámbito académico. Hoy, Meli, nos cuenta cómo es su trabajo en el centro en el que se encuentra.

 

 

¿Qué tipo de problemáticas o temas a abordar son los que, en general, se ven más en el instituto?

Hay de todo: desde problemas de aprendizaje y discapacidad hasta depresión, ansiedad, fobia escolar o bulimia.

 

¿Cuáles son las principales tareas que realizas en tu labor como orientadora del centro?

Los orientadores tenemos cuatro funciones principales en los institutos:

  • La evaluación de las necesidades educativas de los alumnos para dar la respuesta más adecuada según cada caso particular: adaptaciones curriculares, acceso a programas específicos, establecer la modalidad de escolarización, facilitar recursos materiales o personales de pedagogía terapéutica, educador o logopeda, etc.
  • Realizar el plan de acción tutorial, que básicamente es establecer los contenidos y sesiones que se van a desarrollar en las tutorías. Además, trabajamos en coordinación muy estrecha con los tutores, que también realizan su función orientadora con su grupo de alumnos, y que son los que ponen en marcha las sesiones que facilitamos. También nos derivan los casos en los que piensan que podemos intervenir de alguna manera.
  • Realizar el plan de orientación educativa y profesional: nos encargamos de dar información sobre itinerarios educativos y profesionales a los alumnos, bien a través de charlas en las aulas o con los alumnos que lo demandan en el despacho de manera individual.
  • Asesoramiento a equipo directivo para la gestión de la convivencia en el centro. En éste caso, con alumnos disruptivos o con trastornos de conducta, o con chavales que no se adaptan a la vida del IES, los orientadores podemos asesorar sobre técnicas, medidas educativas o correctoras, protocolos a seguir, o podemos colaborar mediante la coordinación con recursos externos. En nuestro instituto, por ejemplo, trabajamos la mediación en conflictos interpersonales, entre otras cosas.

 

En tu centro hay un aula específica de educación especial. ¿Qué perfil de alumnos se encuentran en esa aula y cuál es el método de trabajo?

En nuestra zona es la única aula específica que tenemos, por ahora. Esto hace que cada vez haya más alumnos y más heterogeneidad. Los perfiles para acceder al aula son: alumnos con discapacidad, TEA o trastornos de conducta grave.

En cuanto al método de trabajo, contamos con dos profesoras especialistas en pedagogía terapéutica, una logopeda y una educadora, que pasan con ellos la mayoría del tiempo. En el aula específica trabajan habilidades básicas de autocuidado e higiene, autonomía personal, habilidades sociales, además de los contenidos específicos de asignaturas adaptados a su nivel curricular. Por otro lado, los alumnos se integran varias horas en grupos ordinarios, por ejemplo en educación física. Con esto se pretende que puedan relacionarse con los demás alumnos del centro y que se encuentren en un entorno lo menos restrictivo posible, siempre mirando porque tengan una educación inclusiva.

 

¿En alguna ocasión te has implicado más de lo que se podía esperar de la figura de orientadora? ¿En qué aspectos?

Después de contarte las funciones del orientador, reconozco que además de esas hago otras que no entran en las instrucciones de inicio de curso, ni en ninguna legislación. Muchas veces te encuentras con chavales que tocan a tu puerta con lágrimas en los ojos, o temblando, para contarte algo que no tienen a quién más contar. En esos casos, aun teniendo que atender otras cosas, soy incapaz de decirles que me esperen y vuelvan mañana. La mayoría son problemas psicológicos, fuera de mi competencia en éste puesto, pero en la medida de lo posible intento atenderlos y hacer un seguimiento, además de derivar cuando es preciso al psicólogo clínico y avisar a las familias, con las que también trabajo bastante.

 

Con tu labor, consigues que los chavales que se les define como “problemáticos” confíen en ti y se planteen las consecuencias de algunos de sus actos. ¿Cómo lo consigues?

Lo único que hago es escuchar, dar pautas concretas para poder afrontar los problemas que se les plantean y reforzar mucho la autoestima. La mayor parte de los chavales que acuden al despacho del “psicólogo” es porque necesitan desahogarse con alguien que les escuche de verdad y que además, desde la empatía, les muestre el camino y las consecuencias positivas o negativas de sus posibles conductas. Si además reconoces sus aptitudes y sus potencialidades, y son capaces de poner en práctica pequeños cambios a mejor, son ellos mismos los que se ven reforzados por aprobar exámenes, recibir buenas valoraciones de profesores, etc. Es verdad que no todos los casos son iguales, y hay también alumnos que por diversas situaciones no responden al trabajo que podemos hacer los profesores. En estas situaciones, me dedico a acompañar en el proceso tanto a alumnos, profesores y padres, de manera que puedan contar conmigo en cualquier momento.

 

¿Qué aspectos crees que son importantes trabajar con los padres a la hora de abordar un tema con un/a alumno/a?

Me encuentro con familias que tienen estilos educativos muy diferentes. Algunos son muy permisivos y ponen pocos límites, otros demasiado estrictos y rígidos, algunos padres tienen que trabajar muchas horas para poder dar de comer a sus hijos y no pueden atenderles como les gustaría… también hay padres ejemplares que tienen claro cuáles son sus responsabilidades y de qué manera tienen que tratar a sus hijos para sacar lo mejor de ellos.

La mayor problemática que yo he encontrado en el ámbito familiar es el abandono emocional de padres a hijos, a veces de forma inconsciente, pero que puede provocar mucho malestar en los menores. También es importante trabajar la tolerancia a la frustración, encuentro padres que por miedo a que sus hijos les reprochen algo, o por no verles sufrir, no ponen límites firmes y coherentes. Esto también tiene consecuencias muy negativas en la adolescencia, a la hora de aceptar los imprevistos de la vida y que no todo es como ellos desearían.

 

¿Qué le dirías a esos adolescentes que están escolarizados sin ninguna motivación por lo que hacen?

Les diría que si no les motiva lo que hacen, busquen lo que les motiva. En la vida pasamos mucho tiempo trabajando, para ser feliz es importante estar a gusto con lo que haces. A lo mejor ahora no les motiva la ESO, pero si pensamos en ser entrenador físico, actriz, psicólogo, peluquero o Dj, y sabemos cuáles son los pasos exactos a seguir para conseguirlo, la cosa puede cambiar.

 

¿Qué le dirías a aquellos profesores que se encuentran con diversas dificultades con sus alumnos en clase?

Cada caso es un mundo, cada profesor tiene su estilo a la hora de tratar con los alumnos. A mí me gusta el profesor que gestiona el aula de forma democrática, que tiene en cuenta las necesidades concretas de cada alumno y apoya y orienta a todos, que mantiene una relación cercana y de confianza pero que pone límites consistentes cuando alguno se pasa de la raya. Por lo que observo, estos profesores son los que consiguen mejores respuestas por parte de sus alumnos, que hasta les cuentan sus problemas personales, se motivan en sus clases y obtienen buenos resultados en la asignatura.

BATALLAS CORRIENTES: Terapia Ecuestre, una experiencia enriquecedora

Ana B. Pliego es graduada en Terapia Ocupacional y E.U. en Equitación Terapéutica. Hace unos años, tuve la suerte de notar todos los beneficios que tiene la Terapia Ecuestre y de comprobar cómo lo enfoca nuestra entrevistada del mes para un mayor aprendizaje y mejora.

 

 

Primero te graduaste en Terapia Ocupacional, ¿qué te llevó a combinar tus conocimientos con la equitación?

En abril hace 20 años que estoy en el mundo ecuestre. Una cosa llevó a la otra; terminé mis estudios y una compañera me comentó que hacían un curso de fin de semana de introducción en Terapia Ecuestre dirigido a Terapeutas Ocupacionales. No dudé en apuntarme. ¡Menos mal! Porque comentaron que había un postgrado en la complutense y como era de esperar, fui a cumplir mi sueño.

 

¿A quién va dirigida la Terapia Ecuestre?

Va dirigida a multitud de personas, puesto que abarca diversas edades, fundamentalmente de bebés a adultos de 50-60 años y cualquier discapacidad o riesgo de padecerla. Para evaluar cada caso se hace un estudio previo y se comprueba si realmente es seguro y beneficioso para el paciente.

 

Es posible, que cuando se habla de Terapia Ecuestre, se tenga la idea de que es un abordaje terapéutico especialmente para niños. ¿Has trabajado con adultos?

La mayoría de pacientes que atendemos son niños. Con adultos sí he trabajado y da muy buenos resultados en Daño Cerebral Adquirido  como en el caso de Accidente Cerebro Vascular (ictus) y Traumatismo Craneoencefálico. Es bastante común en el tratamiento de Parálisis Cerebral y Esclerosis Múltiple, entre otras.

 

¿Para qué tipo de patologías está recomendada la Terapia Ecuestre?

En general, para la mayoría de patologías, pero depende del profesional que realice la intervención. Las áreas se podrían clasificar en psicopedagógica, psicomotora, comunicación y lenguaje, social…

Desde la Terapia Ocupacional el abordaje es bastante amplio. Mis especialidades son Neurología y Atención Temprana. También forma parte del equipo de trabajo una Psicóloga Clínica y Maestra.

 

¿Cómo se trabaja en una sesión de Terapia Ecuestre?

Cuando me llaman los papás siempre les digo la estructura general, aunque depende de cada caso. Generalmente, solemos hacer 15 minutos de actividades pie a tierra (desde abajo) como cepillar al caballo y/o aparejarlo (ponerle la montura o cinchuelo, según el caso) y los 30 min restantes los dedicamos a la monta. Según los objetivos planteados en la entrevista previa, realizamos equitación terapéutica, adaptada, hipoterapia o volteo terapéutico.

El material que usamos para el caballo es el ecuestre, aunque realizamos adaptaciones tanto en los cepillos o los aparejos si la persona lo requiere. Y el trabajo didáctico es el mismo que podemos usar en sala o en el domicilio; fichas, juegos, aros, conos, pelotas…

 

¿Qué aspectos aporta la Terapia Ecuestre en comparación con el resto de terapias con animales?

Aparte de motivante, el tamaño del caballo nos permite realizar gran variedad de actividades. Estamos al aire libre, en un entorno normalizado como es el centro ecuestre, fuera del contexto clínico aunque trabajemos los mismos objetivos y el paciente lo percibe más como una actividad de ocio que como terapia, lo que conlleva mayor implicación.

El caballo transmite por medio del movimiento de su dorso impulsos rítmicos al cinturón pélvico, a la columna vertebral, y a los miembros inferiores del jinete. Por lo tanto, se transfieren entre 90 y 110 oscilaciones tridimensionales por minuto.

El paso del caballo transfiere a la pelvis del jinete, el patrón fisiológico de la marcha humana en sedestación (sin requerir el uso de las piernas se podría decir que el paciente camina sentado). El cerebro registra no sólo movimientos aislados, sino toda una gama de patrones motores que tienden a automatizarse, lo que facilita su transferencia a la marcha, si sus habilidades motrices lo permiten.

 

En tu experiencia profesional, ¿has tenido casos en los que se ha dado una gran mejora en el tratamiento una vez se ha iniciado con la Equitación Terapéutica a pesar de haber trabajado previamente con otro tipo de terapia?

En pacientes que tras una lesión están recuperando el control de tronco y equilibrio, sí se evidencia un mayor control postural gracias al paso del caballo y los ejercicios que realizamos.

En un tratamiento intensivo que realicé con un niño que presentaba Parálisis Cerebral Espástica, tuvimos diez sesiones consecutivas y hubo una mejora notoria; tanto en marcha y equilibrio como en destreza manipulativa, integración del lado afecto en las actividades planteadas además de un alto nivel de autoconfianza, participación y motivación.

 

¿Cómo puede contactar contigo alguien que, después de leer esta entrevista, está interesada en experimentar los beneficios de este tipo de terapia?

Me pueden escribir a ana.pliego.to@hotmail.com o llamar al 680861094. Las sesiones se realizan en el Club Hípico “La Llar del Cavall” aunque también colaboro en “Teranimalia”.

 

 

Batallas Corrientes: El estigma de la mujer sin hijos

El pasado mes de octubre dediqué la entrevista a una bonita familia numerosa. En ella, María nos hablaba de la famosa conciliación entre la maternidad y el trabajo. Si queréis volver a leerla podéis hacerlo pinchando aquí.

Esta semana os traigo el tema contrario pero igual de interesante. Hoy hablamos con Cristina, mujer de 41 años que ha decidido no vivir la maternidad.

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Desde hace muchos años y todavía en la actualidad, el concepto de “reloj biológico” es algo importante en nuestra sociedad. ¿Crees que las mujeres estamos marcadas por un reloj biológico que nos invita a ser madres?

Por supuesto que no. La metáfora sexista del reloj biológico la acuñó un periodista del Washington Post en los años 70 que afirmaba que el reloj seguía avanzando para las mujeres centradas en su carrera y que todas las mujeres trabajadoras que conocía en edad de tener hijos y que no los tenían eran infelices y aseguraban oír el tic tac de un reloj como cuenta atrás de sus años fértiles.

Es, sin duda, una cuestión cultural. A las mujeres se nos ha educado desde pequeñas para desempeñar el rol de madre porque era lo que “debíamos hacer”. Para las generaciones anteriores una mujer que no quisiera tener hijos era algo impensable y ni se lo cuestionaban. Actualmente ya no es una postura tan firme, pero me sorprende encontrar todavía personas jóvenes que me miran con cierta condescendencia cuando les hablo del tema.

¿Alguna vez te ha rondado la idea de tener hijos?

Para ser sincera, una vez. Estaba pasando una mala racha anímica y me lo planteé como solución a mis problemas. Afortunadamente descarté pronto la idea, ya que considero que ser madre no es una decisión que se deba tomar de forma tan egoísta.

¿Cómo fue tu decisión de no tener hijos? ¿La tenías clara desde el principio o es algo que se ha ido formando con el tiempo?

No recuerdo exactamente cuando decidí no tener hijos. Es algo que me fui planteando conforme se desarrollaba mi vida. Mi trayectoria profesional requería mucho tiempo y consideré que los hijos no encajaban en ella.

¿Lo consensuaste con tu pareja o es una decisión que tomaste tú sola?

La decisión la tomé yo antes de tener pareja estable, por eso se lo advertí a mi marido al principio de la relación. En ese momento yo ya tenía muy clara mi postura ante la maternidad y no me pareció justo ocultarlo. Por suerte, él pensaba lo mismo.

¿Te has sentido presionada por la gente de tu alrededor para que te decidieras a tener hijos?

Por supuesto, como ya he comentado antes es una cuestión cultural. Mucha gente no comprende que yo haya decidido voluntaria y conscientemente no ser madre, porque, para ellos, no es normal.

¿De qué sectores has sentido esa presión?

De todos, familia, amigos, compañeros de trabajo, conocidos… La idea de que la mujer debe ser madre está tan arraigada en nuestra sociedad que cualquiera se cree capacitado para hacerte el manido comentario: << ¿Todavía no tienes hijos? Pues se te va a pasar el arroz>> Dando por hecho, indudablemente, que quieres tenerlos antes o después. Les cuesta entender que sea una decisión libre. Incluso hay quien piensa que lo que pasa en realidad es que tienes un problema físico y no puedes quedarte embarazada, pero te da vergüenza admitirlo.

¿A partir de qué edad sientes que una de las cosas que se esperaba de ti era tu maternidad?

La edad no es relevante, pero el momento que decides compartir tu vida con otra persona es cuando empiezas a notar que se espera de ti que tengas hijos como siguiente paso lógico.

Actualmente, ¿cómo es tu vida sin hijos?

Estoy muy centrada en el aspecto laboral. Hace poco me cambiaron de departamento y tengo que residir fuera de mi ciudad entre semana. Además, en estos momentos, estoy realizando un Máster que necesitaba para mi nuevo puesto de trabajo. También disfruto de tiempo libre para dedicarlo a la lectura, el cine…

¿Qué aspectos positivos y negativos crees que ha conllevado tu estilo de vida con respecto a este tema?

Entre los aspectos positivos destacaría el poder estudiar siempre que quiera. Al tener una jornada laboral completa, es difícil sacar tiempo para estudiar y aprovecho cualquier momento libre para hacerlo. Además, como ya he dicho antes, también me queda tiempo para mí.\r\n\r\nEn cuanto a los aspectos negativos, yo soy consciente de que nunca gozaré de esa emoción que sienten las madres cuando cogen a su hijo en brazos por primera vez, ni la satisfacción y orgullo que sienten cada vez que sus pequeños consiguen cualquier logro. Sabía a lo que renunciaba con mi decisión, pero no me arrepiento. Igualmente sé que al no tener descendencia puede que me sienta sola en mi vejez, pero tampoco es algo que me preocupe mucho. Lamentablemente hay ancianos que tienen hijos y también se sienten solos.

¿Qué le dirías a una mujer que no quiere ser madre pero siente dudas por la posible presión de sus personas más próximas?

Que la decisión de ser madre es muy importante y no debería hacerlo por la presión de otras personas. La maternidad debe ser responsable, no se puede tener un hijo porque es lo que se espera que hagas, sino porque realmente lo quieres. Cuando una mujer da a luz cambia su vida en todos los aspectos y eso es lo que debe valorar. Se tiene que plantear si va a ser capaz, no solo de dar amor a ese hijo, sino de dedicarle el tiempo y la atención que se merece, porque si no es así es mejor no tenerlo. La maternidad es un derecho, no una obligación y, como tal, se debe ejercer de forma sensata y coherente.