BATALLAS CORRIENTES: PAULA Y JORDI EN NAVIDAD

Se acerca la Navidad y, con ella, la ilusión de mucha gente. Los pequeños con su ingenuidad, los mayores por ver contentos a los pequeños, familias que se reúnen, amigos que vuelven…

Ante un mes tan especial como éste, el blog tiene una entrevista igual de especial. Este mes os muestro la entrevista de Paula y Jordi. Dos hermanos de 7 y “casi” 6 años (ojo) respectivamente.

 

 

¿Con quién pasas los días de Nochebuena, Navidad, Nochevieja…?

Paula: Con mi familia. Con abuelos, con tíos, con primos, con papás, hermanos… A casa de la familia de mis padres viene Papá Nöel y a la de mi madre vienen los Reyes Magos.

Jordi: Con mis abuelos, con mis primos, con todos…

 

¿Qué comes en Navidad?

Paula: Roscón, bollitos de crema y polvorones.

Jordi: Eso lo preparan mis padres así que no lo sé.

 

¿Conoces algún villancico?

Paula: “Navidad, Navidad, dulce Navidad. La alegría en este día hay que celebrar ¡Ey!”

Jordi: El de Rodolfo el reno y el de “Navidad, Navidad, dulce Navidad. La alegría en este día hay que celebrar”.

 

¿Qué es lo que más te gusta de la Navidad?

Paula: Estar con mi familia porque me lo paso muy bien. Cenamos y comemos juntos. Lo especial es que la comida y la cena está más buena que todos los días.

Jordi: Lo que más me gusta son los regalos de Papá Nöel.

 

Si pudieras darle las gracias a los Reyes Magos por las cosas buenas que te han pasado desde la Navidad pasada o por los nuevos amigos que has hecho… ¿Por qué les darías las gracias?

Paula: Por traerme los regalos, por haber hecho tanto esfuerzo por ir a millones de casas a repartir regalos.

Jordi: Por ir por las casas repartiendo regalos.

 

Imagínate que te conviertes en uno de los tres Reyes Magos. ¿A quién le harías un regalo?

Paula: Sería Baltasar y le haría un regalo a cada uno de mi familia.

Jordi: Sería Gaspar y le haría un regalo a mi hermana, a mi madre, a mi padre, a ti, a Dani, a Quim, a mi tía, a mi tío… ¡A todos!

 

¿Qué le regalarías?

Paula: Regalaría amor. Dando abrazos, besos…

Jordi: A Paula le regalaría una Nancy, a mi madre un micrófono y a mi padre… ¡eso sí que me lo pienso!

 

Si pudieras pedir un deseo que durara hasta la Navidad del año que viene, ¿qué pedirías?

Paula: Ser feliz, no enfadarme, no ponerme triste, tener animales, compañía y que haya comida que me guste como los fideos y las albóndigas.

Jordi: Un coche teledirigido que sale en la tv que puede ir por la tierra, por las piedras, por el agua…

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Batallas corrientes: Padres de hoy

Se habla de buenas madres, de malas madres, de madres que dejan de trabajar para cuidar a sus hijos, de madres que piden reducir sus jornadas, de madres que crían y trabajan… Pero, ¿y los padres? ¿Por qué no se habla de ellos cuando están haciendo un verdadero trabajo titánico para compartir la crianza de forma igualitaria y dejar atrás la creencia de que los padres no se implican? La entrevista de este mes va dedicada a todos ellos a través de la experiencia de paternidad de Manuel, quien con 31 años es padre de un niño de 21 meses.

 

Para empezar, ¿cómo es un día junto a tu hijo?

Por suerte disfruto de mi hijo muchas horas al día. Desde las 14:30 que lo recojo al salir del trabajo y vamos a casa. Siempre sube al coche sonriente, lo pasa muy bien con su “madre de día”. Al llegar a casa, si no está dormido, me acompaña en mi comida y nos sentamos juntos a la mesa. No siempre ha sido fácil prepararse comida, sobre todo cuando era más pequeñito a veces con él en brazos, ni la comida es siempre sosegada, pero estamos acostumbrados. A veces hay que comer medio rápido si le entra sueño. O simplemente prefiere que juguemos hasta que llegue mamá.

Por la tarde solemos salir a dar un paseo. Al volver, por lo general va siendo hora de un baño. Uno de los momentos en que estoy más unido a él, ya que acostumbro a bañarlo yo mientras la mamá prepara la cena de los tres. Digo: “¡al agua pato!” y allá que me sigue corriendo. Llenamos la bañera, yo de agua, él lanzando en ella sus muñecos de goma. ¡Y listo! En el agua,

enjabonando su cabeza, masajeándolo con cuidado, bromeando y haciéndole algunas cosquillas es cuando más conecto con él. Después de secarlo y vestirlo de nuevo vamos a cenar, los tres juntos.

Después llega la hora de dormir, y a veces en otro de esos momentos especiales, me pide que lo aúpe para salir a buscar la luna o ver si pasan aviones. Le encanta mirar al cielo y es algo que nos gusta fomentarle. La curiosidad por la naturaleza y el mundo en general.

Tras eso, y después de “leer” algún libro (él nos relata con sonidos y gestos cada página), toca teta. E incluso si alguna noche eso no basta, aún tengo un último momento del día con él durmiéndolo en brazos paseando por casa. Tranquilidad y brazos, y a dormir. ¡Todos!

 

¿Crees que la paternidad te ha cambiado? ¿En qué aspectos?

Por supuesto. Ha cambiado mucho mis prioridades. Para mí, ahora la vida gira en torno a mi hijo, de manera que primero es él para todo y luego viene lo demás. Te das cuenta de cuántas cosas superfluas nos rodean y cuán importante es lo que tienes ahora ante ti para saber disfrutarlo. No quiere decir que en ocasiones uno no eche de menos cosas que era más fácil hacer antes, como una comida tranquila en un restaurante, salir una noche con amigos, una partida a la play… Y tanto. Pero no lo cambiaría por hacer cosas con mi hijo que ambos podemos disfrutar.

También, ahora te das cuenta de que para tu hijo eres su héroe y eso te lleva a tener que cuidar algunos hábitos, ya que eres su modelo a imitar.

Redescubres lo simple y vuelves a fijarte y disfrutar de las cosas que valora un niño.

Y por último lo más evidente es que duermes menos.

 

 

¿Sientes que la sociedad valora de forma objetiva el trabajo que realizan los padres en la crianza de sus hijos?

Creo que lo habitual es asociar la figura de un hijo con la de la madre o los padres, antes que solamente con el padre. Esto creo que se ve en la publicidad, en blogs o revistas infantiles. Pienso que tal vez es así porque probablemente la mujer hace más uso de estas herramientas. O porque a menudo son las que más organizan la vida en casa. No me hace sentir olvidado ni nada. Creo que es así porque no es tan reciente que los padres busquen su lugar en la crianza. Simplemente si vamos atrás una generación, o menos, seguro que nuestros padres no eran ogros, pero es muy posible que nuestra madre se encargase de muchas cosas que un padre puede hacer hoy y no hacía antes.

 

Eres padre primerizo, ¿cómo has vivido esta experiencia?

Creo que es algo para lo que no te puedes preparar. Ya que desde el momento que llega a la vida, desborda cualquier idea que tuvieras en mente de lo que podrías sentir.

Desde el embarazo siempre he estado cerca en cada paso que da en su crecimiento. He acudido a las visitas al ginecólogo de control del embarazo, a las pruebas del hospital (incluso una vez fui yo solo con mi hijo), hemos consultado dudas juntos. Creo que también la madre tiene responsabilidad aquí, en el sentido de mostrar si prefiere ser acompañada al ginecólogo o no. He visto en las salas de espera muchas embarazadas con su madre al lado y muy pocas parejas.

También me doy cuenta de cuántas cosas sobre la crianza he aprendido. Cosas que no imaginaba saber hace unos años. Por otro lado, también ves que hay muchas cosas que no te enseñan, pero se aplican por instinto.

 

¿Te resulta fácil y accesible compartir dudas y experiencias sobre paternidad con personas de tu mismo sexo?

Personalmente no me cuesta compartir dudas o vivencias en general con otros hombres. Si bien en mi círculo de amigos cercanos aún no hay padres, cuando he necesitado o ha surgido he podido hablar con conocidos o familiares.

 

En algunas ocasiones, las mujeres están sometidas a un considerable nivel de presión social. Se les aconseja que hagan otras cosas con sus hijos, se les juzga por las decisiones que toman… ¿Sientes esa presión como padre?

No. Creo que a todos los padres en general se nos aconsejan cosas a menudo, y muchas veces por personas muy ajenas a nuestra vida, pero pienso que las madres son más objeto de estas situaciones. Siento que cuando hemos recibido algunos consejos o comentarios por parte de cualquiera que te cruzas en la calle, a menudo se fijan en la madre al hablar.

 

¿Crees que se podrían mejorar los recursos para ayudar a los hombres con respecto a la experiencia de la paternidad? ¿De qué manera?

Sí. Algo que sí nos afecta es la duración del permiso de paternidad. Si bien ahora son 4 semanas y antes eran 2, dista mucho de las 16 semanas de la madre. Está claro que cuanto más pequeñito es el bebé más apegado está ineludiblemente a su madre, pero eso no quita que el padre puede apoyar y ayudar mucho desde el principio. Ya que si la madre está 24 horas al servicio del bebé quedan muchas tareas secundarias en casa que solo el padre podrá atender. Desde cambiar pañales, ayudar en la higiene del bebé, etc.

 

Me gustaría terminar la entrevista con una pregunta que te sacará una sonrisa ¿Qué es lo que más disfrutas de tu hijo?

Pues, precisamente, verlo reír. Cosa que por suerte sucede muchas veces al día casi desde el despertar.

Me resulta fascinante ver como bromea con nosotros, como nos busca para que le hagamos cosquillas o para jugar. Como se trepa a nosotros para hacer el caballito.

Me parece alucinante que le gusten cosas que me gustan a mí y casi podamos jugar a lo mismo.

Y verlo jugar y reír es lo único de lo que creo que un padre jamás se cansaría. Es el mejor premio y uno quiere que dure siempre.

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Batallas Corrientes: Profesores de la nueva generación

Este mes contamos con la colaboración de Nacho para la entrevista de Batallas Corrientes. Nacho es profesor de secundaria en las especialidades de Matemáticas y TIC (Informática) además de ser tutor de 3ºESO.

 

Me gustaría empezar rompiendo un mito a favor de la gente que ejerce tu profesión. Es común oír frases como “claro, como los profesores tenéis más vacaciones que los alumnos” o “los profesores se sientan en clase, piden hacer 8 ejercicios y mientras leen el periódico”. Para muchos, a los profesores se os etiqueta con una imagen de pereza y vida ociosa. ¿Cómo es, en realidad, tu trabajo?

La verdad es que ser docente es un trabajo muy completo (y casi que a tiempo completo) ya que no se limita a “soltar el rollo” los 55 minutos de clase y ya está. O al menos no en mi caso.

Si nos centramos el trabajo más “objetivo”, pues aparte de las horas lectivas como tal, hay unas otras “extra” de dedicación al centro (aunque no en todos es igual) que incluyen las reuniones de departamento, la hora de tutoría, hora de visita con los padres, guardias y horas reuniones y trabajo con el resto del claustro. Y las horas lectivas no acaban ni empiezan con “la campana”: requieren mucho tiempo de preparación fuera de las horas en el centro, tanto para la sesión de clase en sí (contenidos a impartir, materiales, hojas de ejercicios… sobre todo si no se sigue un libro), así como preparación y corrección de exámenes. Además de la “burocracia” (organizar materiales y papeles, documentos para el centro…), que hay más de la que uno puede pensarse.

Y luego, además, si nos vamos a la parte que hay “más allá”, en lo que concierne al trato con los alumnos, las familias… que es lo que yo creo que es el grueso del trabajo de un docente… Es difícil acabar. Si eres alguien que empatiza con los demás, intentas estar pendiente de ellos, de sus problemas y sus alegrías, de su día a día, de cómo van… E inevitablemente, y más si eres tutor, hay cosas, pensamientos, ideas, que te acabas llevando también a casa y sigues dándole vueltas.

Y, en este mismo aspecto, cuando estás delante de 20-25-30 chavales distintos cada hora, y dentro de ese grupo cada alumno es distinto también, aunque haya días y días y grupos y grupos, tienes que ser casi una especie de psicólogo y showman para saber cómo presentar los contenidos que estás impartiendo y cómo hacerles llegar a cada uno, con sus circunstancias y sus características, lo que quieres decir.

 

¿Alguna vez has trabajado más horas de las que te correspondían?

Como se puede sacar un poco de lo anterior, sí. Muy frecuentemente, de hecho. Las horas que se está en el centro, que se supone que son las de nuestra jornada laboral y por las cuales percibimos nuestro salario, son las que hay para dar clase, tutorías, tener reuniones, juntas… A lo sumo, podemos disponer de una o dos (a la semana) para preparar o corregir algo (y ya te digo que no es suficiente… Para corregir un examen de un grupo de 25 alumnos, puedes emplear, dependiendo del examen y el nivel, perfectamente 5 horas si quieres corregirlo con detalle). Y esto sin contar viajes con los alumnos, en los que realmente estás trabajando las 24h, o los frecuentes cursos de formación y reciclaje del profesora, tan de actualidad (y necesarios, pero totalmente fuera de nuestro horario laboral).

De hecho, la mayoría de mis conocidos han ido cambiando bastante su percepción de lo que exige ser profesor desde que empecé a dar clase y desde que empezaron a llamarme para hacer planes y mis respuestas empezaban a ser: “no puedo, tengo que corregir” o “no puedo, tengo que preparar un examen y el temario del siguiente tema” o “¿Qué vas a hacer este puente? – ¡Corregir¡ ¡Que por fin tengo tiempo!”  (siendo éste un uso bastante habitual para los puentes entre mis compañeros…) Jejeje.

 

En tu profesión trabajas diariamente con personas y te relacionas con ellos para conseguir un objetivo en común, por lo que es probable que aprendas diariamente a nivel personal ¿Qué anécdotas o sentimientos positivos te llevas de tu trabajo diario con los chavales?

Totalmente. Y de hecho es una de las cosas que me motivaron a terminar de lanzarme a la enseñanza y por las que estoy más a gusto en el centro en el que trabajo.

Y con respecto a los alumnos, parece mentira, pero en el transcurso de 9 meses, se les ve cambiar y evolucionar muchísimo. Ver cómo van superando poco a poco bloqueos que tenían, cómo van mejorando su autoconcepto y, ya no logrando metas, sino planteándoselas incluso cuando al principio no apostaban por ello… Es algo muy gratificante.

Por otro lado, ver que recurren a ti cuando te ven por el pasillo para contarte algo que les ha pasado el fin de semana, o acabar bromeando sobre alguna situación… Ver cómo se involucran en las ideas que les planteas sobre la vida del centro o de la comunidad en general, cómo van reaccionando y formando parte de la vida que les rodea y cómo van evolucionando día a día.

O un simple saludo y una sonrisa al cruzarte con ellos.

 

Por el contrario, ¿has vivido situaciones conflictivas en tu profesión que han influido negativamente en tu estado de ánimo?

También, claro, nada es idílico. De hecho, yo estoy en un centro en el que tenemos una población muy variada y en el que surgen muchísimos conflictos. Desde lo más básico, alumnos desmotivados y que están en contra del sistema y que están estudiando obligados, por lo que están totalmente desmotivados y desganados (en general o con una asignatura en concreto) y se prestan a saltar a la mínima y buscar cualquier motivo de confrontación para reventar la clase, a alumnos con problemas personales que les hacen ser más disruptivos, llamar la atención, provocar interrupciones… Y que terminan encarándose no respetando la autoridad del profesor ni a los propios compañeros. Estas faltas de respeto, de interés hacia tu trabajo y, sobre todo, hacia tu dedicación, pueden ir haciendo mucha mella en tu estado de ánimo y es una lucha constante contra ello para poner cierta distancia y no venirte abajo al ver que “no sirve de nada” lo que haces.

Y de ahí pasamos a casos más graves, que por suerte no he tenido que sufrir, en los que, por hacer tu trabajo y dar alguna nota o corregir o intentar modificar el comportamiento de algún alumno, te destrozan el coche o te esperan a la puerta del colegio el alumno en cuestión o un grupo de amigos del mismo para increparte y seguirte hasta el coche, como le ha pasado a una compañera (mujer, sola, a las ocho de la noche en invierno en un barrio conflictivo…). 

Sólo te queda reponerte, con el apoyo de dirección y de tus compañeros (y del resto de alumnos que sí que creen en ti, en lo que haces y que te lo agradecen realmente) y seguir adelante.

 

Los centros escolares están formados por una gran red de personas tanto a nivel profesional como a nivel de alumnado. Lograr una coordinación completa puede ser muy difícil. ¿Con qué dificultades te has encontrado a la hora de realizar tu trabajo tal y como deseabas?

En mi centro, por ejemplo, que es línea tres (tres clases por nivel), somos muchísimos profesores. En concreto, para Matemáticas entre ESO y Bachiller, somos este curso unos 6 profesores más los profesores que dan refuerzos, compensatorias y los ámbitos de PMAR. Por lo que el Departamento de Matemáticas lo integramos casi diez docentes. Imagínate los encajes que tenemos que hacer para coordinarnos en una hora a la semana. Cuadrar las programaciones para mantener una verticalidad en todo el departamento, sacar adelante iniciativas y proyectos, implantar propuestas de trabajo cooperativo y rutinas y destrezas de pensamiento a nivel de Departamento, revisar los criterios y estándares de evaluación (que con la implantación de la LOMCE es una revisión continua para adaptarnos a las nuevas formas de evaluación y que sea todo lo más homogéneo posible entre todos…).

Y no sólo nos tenemos que poner de acuerdo los de Mates. Se hacen muchísimas actividades interdepartamentales, y lo que hace un Departamento un día, afecta a otros o afecta a unos profesores porque un curso se va de excursión y hay que cuadrar horarios para que no afecte en tema pruebas o clases fundamentales; ciertas sesiones de tutoría se coordinan para varios cursos o con el departamento de orientación; según vayan viendo los tutores la evolución de sus alumnos les van derivando con el Departamento de Orientación para tratar ciertos temas… A la hora de cuadrar exámenes se tiene en cuenta el resto de áreas para que cuadre todo bien en fechas y no saturar en exceso la agenda de los alumnos…

Es un compendio de cosas que aporta un plus de detalles que van conformando una red MUY extensa de nodos a tener en cuenta que, si queremos que las cosas fluyan y salgan bien, no pueden fallar. Y, como comentábamos antes. Esto no se reduce a llegar a clase y dar tu “charla”…

 

Como ya se sabe, la relación entre padres y profesores es muy importante en la proyección de un alumno. ¿Has trabajado con familiares de algún alumno? ¿Cómo fue la experiencia?

Totalmente. La colaboración con las familias es fundamental.

El curso pasado no era tutor y esa comunicación fue mucho menor, pero aún así era bastante fluida, atendiendo a padres cuando lo necesitaban, sobre todo gracias a las facilidades que aportan las nuevas tecnologías.

Este curso, siendo tutor, las reuniones y tutorías con los padres son frecuentes. Nos reunimos, individualmente, mínimo una vez con los padres de todos nuestros alumnos de tutoría (preferiblemente con el alumno presente) para conocerles más de cerca, conocer la realidad del alumno y de su familia y así poder saber de dónde vienen y bajo qué circunstancias responden. Y, de cada reunión, sacamos una serie de compromisos que llevar a cabo entre el alumno, la familia, el centro… para que todo vaya adelante y vaya mejorando, para que puedan alcanzar sus objetivos de una forma más optima (porque lo que necesita o lo que se plantea uno, no tiene por qué ser lo mismo que necesita o que se plantea otro).

Y, en estos casos, mi experiencia siempre ha sido positiva. Creo que he tenido la suerte de conectar muy bien con mis tutorados y sus familias y de estar en contacto con familias muy receptivas y en disposición de adoptar cambios y medias y velar por que sus hijos sigan evolucionando y trabajar con ellos para que así sea. Sin embargo, sé que no siempre se tiene tanta suerte y no todos los casos son así y, muchas veces, conseguir cruzar esa puerta de la colaboración con la familia es muy difícil por distintas circunstancias (disponibilidad, horarios en casa, situación laboral o familiar, ideologías, motivos personales, relación paterno-filial…).

 

En la actualidad, la población está recibiendo información sobre el acoso escolar por todos los medios de comunicación. ¿Crees que tus alumnos están más sensibilizados desde que hay más información a su alcance?

Yo creo que se está movilizando mucho más el tema, tanto en los medios como en los centros, pero es difícil que a ellos les llegue realmente el sentido, el trasfondo, la importancia, las consecuencias… que encierra este tema. Quizá por la edad, quizá porque la mayoría no se han visto afectados en primera persona, porque han sido meros espectadores…

Tampoco estoy seguro de la utilidad con la que se está tratando el tema, ya que, la opinión que me llega a mí de ellos es la de “¡¿otra vez vamos a hablar del acoso escolar?!”. Como si nunca se les estuviese diciendo nada nuevo o no se les aportaran más cosas útiles, por lo que quizá la efectividad disminuya y haya que buscar nuevas ideas y formas de hacerles llegar ese trasfondo.

 

¿Se ha abordado el acoso escolar en tu centro? ¿Cómo?

Sí. En todos los cursos es un tema que se aborda desde las tutorías e incluso en diferentes áreas. Además, existen protocolos de acción, tanto los pautados por la ley, como propios, para atajar los posibles casos desde que se empiezan a entrever.

Por ejemplo, en mi caso, en 3º de la ESO, hemos tenido varias sesiones en tutoría en las que, primero, mediante vídeos al respecto presentando casos reales e iniciativas que se están llevando a cabo (como la campaña “Se buscan valientes”), noticias de actualidad que presentan las trágicas consecuencias del acoso o vídeos más enfocados a la reflexión, se han llevado a cabo una serie de actividades para reflexionar sobre el problema (porque aunque sea algo que llevan haciendo quizá año tras año, el trabajo sobre ello y la prevención son cosas fundamentales, ya que la visión y las circunstancias personales de cada alumno van cambiando muy rápidamente a estas edades). Después, este año, queríamos hacer especial hincapié en los “actores” que entran en juego en la dinámica del acoso (acosado, acosador y observador) y, en especial, centrarnos en ese papel que tiene el grupo como “observador” y la importancia de sacarles de ese papel. Porque si dejan de actuar y toman parte activa para frenar el acoso, no dejando solo al acosado, no siguiendo el juego al acosador y, sobre todo, avisando a las figuras de autoridad, es una de las principales maneras de frenar el acoso. Y, para ello, les propusimos un juego de roles en el que, por grupos, recrearon diferentes situaciones de acoso (acoso físico, verbal, acoso en redes sociales (incluyendo whatsapp), por subir material gráfico sensible sin consentimiento, esparcir rumores…) y las representaron ante el resto de la clase mediante vídeos que hicieron recreando una conversación de whatsapp, una mini obra de teatro representando la situación, un Mannequin Challenge… Fue una actividad muy interesante y con la cual experimentaron un poco, en primera persona, cómo es sentirse en vuelto en esas situaciones.

 

Para terminar, me gustaría que nos dejaras ver un poco de tu trabajo con los alumnos. Cuéntanos cómo les motivas para realizar alguna actividad.

Uff, es una pregunta difícil… jejeje El motivarles para hacer algo y que lo hagan convencidos, depende de muchas cosas… Del alumno, del grupo, de la asignatura, de la actividad a realizar… Incluso del día y de la hora a la que estemos. No es lo mismo un martes a las 10 de la mañana, que un miércoles a las 16h o que un viernes a las 13h…

Considero que es fundamental conocerles, conectar con sus inquietudes, sus gustos, sus aspiraciones, saber de dónde vienen y qué les mueve. No podemos pretender motivarles con frases e ideas prefabricadas, porque no sirve para todos lo mismo. Cada uno tiene sus propios objetivos y es ahí a donde tenemos que intentar llegar con ellos y conseguir que se hagan las preguntar necesarias para ver qué necesitan para llegar a esos objetivos que se plantean. Si no les gustan las Matemáticas (por ejemplo), aunque sea que tengan que aprobarlas para llegar a titular y poder estudiar la carrera o el módulo que ansían, que vean ahí una posible meta y un fin, y vean así las diferentes materias como un vehículo para conseguir sus fines. Porque, aunque intentes demostrarles las bondades y utilidades de las derivadas y se lo expliques con el mayor entusiasmo, si no les interesan lo más mínimo, va a seguir sin interesarles… jejeje

Algo a lo que yo recurro también habitualmente es al plano del desarrollo cognitivo para contestar a las típicas preguntas del “¿para qué sirve esto?”. Pues hombre, a aprender a sumar radicales no le vas a sacar gran partido cuando vayas a comprar el pan, pero la capacidad de abstracción que están entrenando con ello y desarrollo cognitivo y las relaciones neuronales que estás estableciendo al enfrentarte a ello y resolver ese tipo de operaciones cada vez más abstractas te van a servir, y mucho, en tu vida, a la hora de enfrentarte a cualquier tipo de problemas, ya no matemáticos, sino de cualquier índole. Al igual que trabajar las transformaciones geométricas te ayudará a trabajar tu visión espacial en tres dimensiones y te facilitará, entre otras cosas, que te sea más fácil aprender a aparcar en un futuro.

 

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