RESEÑA DEL MES: ÉRASE DOS VECES LA RATITA PRESUMIDA (BELÉN GAUDES Y PABLO MACÍAS)

Érase dos veces la ratita presumida, es otro libro de la gran colección “Érase dos veces” que ya reseñé en otra ocasión con Érase dos veces Cenicienta

 

Sinopsis

La ratita presumida es un clásico donde una ratita es castigada por ser coqueta, frívola y poner condiciones a sus pretendientes. En nuestra versión, vamos desmontando todas las cosas que se supone que una chica debe querer: un hombre que la mantenga, tener hijxs… Y el final ¡tiene sorpresa! Queremos dar un paso más allá en la defensa de la diversidad, de una forma natural y sencilla.

“Érase dos veces una ratita que vivía en una pequeña casa pintada con los colores del arcoíris. Cada mañana se levantaba, desayunaba un buen tazón de semillas y salía a barrer la puerta de su casa.”

Ratita, que tanto barría y barría porque hacía mucho viento, se encontró una moneda con la que quiso comprarse un lazo y salir a pasear. ¡Madre mía lo que supuso ese lazo! Pero… si solo era un lazo.

A partir de entonces, los animales vecinos tocaban a su puerta para empezar una relación. Pero, desde la visión de esta nueva versión, no eran muy acertados.

Que si cásate conmigo y no tendrás que trabajar fuera de casa con lo delicada que eres, que si cásate conmigo aunque no te conozca porque eres muy guapa, que si cásate conmigo para tener muchos hijos…

Ratita estaba estupefacta, no se lo podía creer. Por lo que quedó con Gato, un amigo con el que tenía confianza y le gustaba hablar porque era diferente a los demás animales del bosque.

Éste le preguntó si querían conocerse mejor e intimar más, pero Ratita también le dijo que no. Esto lo hizo porque resulta que quien le gustaba era…

Aplicación en consulta y en la vida

Este cuento es una idea genial para aquellos que quieran transmitir los valores que incluye dentro de la historia. El hecho de que la ratita se ponga el lazo azul para gustarse a sí misma sin que tenga que ser una “señal” para que los demás intenten casarse con ella, choca con la realidad en la que algunas personas creen que se visten para gustar a los demás o con una clara declaración de intenciones. La ratita se viste para sí misma como un claro ejemplo de autocuidado, autoconcepto y autoestima.

Cuando los animales del bosque comienzan a criticarla sacando deducciones totalmente subjetivas de por qué ha decidido ponerse ese lazo, nos refleja situaciones tan comunes como el dar por hecho el por qué una persona actúa como actúa sin esperarse a preguntarle o, simplemente, dejar de fijarnos en lo que hacen los demás para centrarnos en nosotros mismos.

En los diversos momentos en los que varios animales del bosque le piden a la ratita que sea su pareja, se enseñan valores importantísimos para establecer relaciones románticas seguras e igualitarias. La ratita quiere que le quieran por cómo es su personalidad y no únicamente por su físico demostrando que no es solo un cuerpo bonito. Además, quiere sentirse libre trabajando en lo que le gusta y quiere decidir si es madre o no con su propio criterio y no porque se lo impoga la sociedad.

También se expone la idea de un buen perfil de pareja. Pareja no es quien te compra cosas o te dice que eres guapa/o. Según el cuento, pareja es quien te escucha, te respeta y te acompaña en el camino.

Por último, también aborda temas como la homosexualidad y las familias homoparentales.

Estos valores no son importantes únicamente en la infancia. Es igual de importante en la adolescencia, quienes han crecido con valores de sumisión y estereotipos de género que, a pesar de ser “tiempos modernos” se pueden observar en la actualidad disfrazados de música y redes sociales.

Pensamientos de una adolescente: ¿Estamos perdiendo los valores?

Creo que en una de las cosas en las que debe mejorar nuestra sociedad es en el trato que tenemos con las personas. Al final somos seres sociales y cada día nos rodeamos de diferentes personas con personalidades distintas y eso es lo que hace que haya variedad en el mundo y aprendamos sobre el trato que se debe tener en cada situación.

A medida que crecemos y conocemos a más personas vamos viendo que unos son más sensibles, otros más serios, unos se toman todo a broma… Y para tratar con todos/as tenemos que adoptar una postura diferente. Esto no quiere decir como se suele decir ahora “eres un falso/a”. Creo que todas estamos formadas por muchas caras que mostramos en ámbitos diferentes, y esto es lo que nos forma como personas únicas.

Para desarrollar esta personalidad creo que desde pequeños/as debemos ser guiados por personas imparciales, es decir que no nos impongan sus ideas. Y sobre todo, que nos enseñen a tratar con la sociedad. Por ejemplo, creo que una buena idea es que en los colegios se hagan talleres donde se trabaje la empatía y la comprensión, imprescindibles para tener unas relaciones sociales sanas. A parte, debería fomentarse la competición siempre teniendo en cuenta el compañerismo para que en la fase adulta seamos capaces de esforzarnos para conseguir lo que queremos sin destrozar al de al lado (cosa que actualmente se ve demasiadas veces).

Además es muy importante saber cómo se sienten las personas que nos rodean. Muchas veces vemos que alguien está más decaído de lo normal pero no quiere contar qué le pasa y no sabemos cómo actuar para hacerle sentir mejor. Suele pasar que los dejamos solos y lo que realmente necesitan es compañía, o viceversa. Por ejemplo, en mi instituto he visto varias veces que alguien estaba triste por una mala nota y, como siempre, te responden que solo es un examen aunque el examen cuente un 80% de la nota. También pasa que te dan su opinión sin haberla pedido y en muchas ocasiones acaban hundiéndote más.

Por lo tanto, creo que se están perdiendo las habilidades sociales. Cuando era pequeña sí recuerdo que tus amigos se preocupaban por si no te encontrabas bien, compartían el almuerzo si te lo habías dejado en casa o si no habías hecho los deberes un día te los pasaban sin que la profe se diera cuenta. Pero ahora, veo que cada vez hay menos empatía. Es posible que opine esto por el curso en el que estoy. Bachillerato es una especie de competición por ver quién saca mejores notas, y más en el de ciencias porque sus carreras suelen ser las que mayor nota de corte tienen.

Y como opino en la mayoría de problemas sociales, creo que la base está en la educación que recibimos. Y esto es muy fácil de ver. Me centro en colegios e institutos porque son los ejemplos que más cerca tengo, pero cada día se ven alumnos, en concreto de primero y segundo de ESO (casualmente los más jóvenes), contestar mal a profesores, reírse de otros alumnos, no esforzarse y en general, con menos ilusión por ir al instituto. Por lo tanto, tenemos dos bandos muy diferentes. Por una parte los de bachillerato, que viven en una competición constante, con agobio por los exámenes y esforzándose. Y por otra, los alumnos/as de los primeros cursos de la ESO que tienen un comportamiento totalmente contrario.

En conclusión, pienso que es importante educar desde pequeños con valores como la humildad, el compañerismo, el esfuerzo, la empatía… Porque si la sociedad en la que viviéramos tuviera estos ideales a parte de otros muchos, seguramente todos y todas seríamos mucho más felices de lo que podemos ser ahora, por el hecho de sentirnos cómodos/as con las personas con las que tenemos que tratar cada día.

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

Pensamientos de una adolescente: Castigada por ser de ciencias

Siempre he dicho que no me gusta el sistema educativo que hay actualmente en España, creo que organizado de otra forma, captaría más la atención y motivación de alumnas y alumnos. Hoy hablaré de una de esas partes que creo que se podría mejorar y cómo afecta sobre todo a los alumnos del bachillerato.

Para empezar, en todos los institutos cada curso está dividido en diferentes clases bien sea por la elección del idioma en el que se prefiere la enseñanza del alumno/a, o en mi caso, y en general la de la etapa del bachillerato, se divide según la modalidad que se quiera cursar.

Cada modalidad de bachillerato es totalmente diferente y va dirigida a unos estudios concretos. Sin embargo, todas las clases tenemos unas asignaturas comunes, las famosas “troncales” y de las que todas las personas tienen que examinarse durante el curso y por supuesto, en la selectividad en la
fase obligatoria. Estas asignaturas son lengua y literatura, historia (solo para segundo de bachillerato), inglés, matemáticas para ciencias, matemáticas aplicadas para ciencias sociales o latín para letras; y en el caso de la Comunidad Valenciana, (por qué no, una más…) valenciano.

Lo que me llama la atención de todas estas asignaturas es que para los y las alumnas del bachillerato de ciencias, en la fase obligatoria solo tenemos una asignatura de ciencias, matemáticas. Y por si no fuera poco, los alumnos de ciencias sociales, esta asignatura la dan “aplicada”, es decir que no dan el temario tan completo como los alumnos de ciencias, lógico.

Lo que no me parece justo es que los que cursamos ciencias demos el resto de asignaturas igual que el resto de modalidades aún siendo asignaturas de letras sin embargo, las matemáticas de los otros cursos sí son aplicadas. Creo que al igual que las matemáticas para los de ciencias sociales son aplicadas, para las de ciencias la lengua y literatura, el valenciano también deberían ser asignaturas aplicadas.

Tal vez este es el motivo por el que se dice que el bachiller de ciencias es el más difícil. Y no con esto se quiere decir que es solo para las alumnas con las mejores notas, o los que se consideran “mejores estudiantes”. Simplemente se dice esto porque en esta modalidad a parte de dar asignaturas como física y química o biología (los de ciencias de la salud), que son las que más suelen costar, también damos todo el temario de las asignaturas troncales al igual que el resto de bachilleres.

Este es un tema que se habla bastante en mi clase, ya que a algunos y algunas de mis compañeras, no les gusta la idea de cómo está estructurada esta parte de la educación, porque justo nosotros estamos en un curso donde nuestras notas dependen de qué queremos estudiar, y por lo tanto de qué trabajaremos en el futuro.

Todas estamos de acuerdo en que se debe modificar esta organización de manera que sea justa para todos los estudiantes y que en cada modalidad de bachillerato, se estudien las asignaturas que realmente están orientadas a nuestro futuro académico.

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

RESEÑA DEL MES: ¿Me lo prestas? (Sara Laso y Marta Mayo)

En alguna otra ocasión, en este blog, se ha hablado de la idea de compartir o no entre los niños pequeños. Hay varias corrientes. Quienes opinan que es necesario y quienes creen que no es bueno obligarles a hacerlo si no quieren.

Quizá, en este aspecto, no hay una decisión buena o mala. Hay actos y cada uno tiene sus consecuencias. Si un niño decide compartir un juguete y el otro niño también lo hace, habrán establecido un trueque que les permite jugar y divertirse con objetos que para ellos son nuevos. Por el contrario, si hay un juguete que uno de los dos no quiere compartir, tendrá que aprender que es probable que el otro niño tampoco quiera dejarle los suyos, porque las relaciones son igualitarias y no sería justo que un niño lo deje todo, pero nunca pueda jugar con los juguetes del otro.

Entonces, ¿qué preferimos? ¿Jugar en conjunto y compartir o jugar solos con nuestras cosas? Hay momentos para cada cosa. Porque, de igual forma que los adultos compartimos un juego de mesa pero no dejamos nuestro móvil o nuestro coche, la clave está en el equilibrio y la capacidad de poder utilizar cualquiera de las dos estrategias.

Pero… ¿qué ocurre con un niño o una niña que nunca quiere compartir? Podemos utilizar el cuento que os traigo esta semana.


El cuento de Sara Laso y Marta Mayo titulado ¿Me lo prestas? abarca este conflicto tan usual entre los más pequeños.

Cuenta la historia de Dani, un niño al que le frustra mucho tener que compartir sus cosas y siempre se enfada con sus compañeros de clase si cogen alguna cosa suya. Esta situación lleva al protagonista a no poder jugar con sus compañeros que sí comparten y juegan juntos.

Un día, llega una compañera nueva a clase y lleva un juego muy divertido para que puedan jugar todos juntos. Pero Dani, acostumbrado a no dejar sus juguetes, no se atreve a preguntarle si puede jugar con ellos puesto que considera que van a decirle que no tal y como él hace con ellos. Lo que no sabía Dani es que se iba a quedar muy sorprendido cuando su compañera se acercara a él y le preguntara si quería jugar con ellos.


Aplicación en sesión

Este cuento es un gran material para trabajar con los más pequeños (y no tan pequeños) la idea que os comentaba al principio de este post.

No se debe compartir porque sí de la misma manera que podemos preguntarle a alguien si nos deja un juguete y nos pueden decir que no. Pero podemos ver con ellos las consecuencias que tiene nuestro comportamiento. Si nunca prestamos nuestras cosas, no querrán jugar con nosotros o no nos dejarán algo cuando lo necesitemos. Si siempre prestamos nuestras cosas a personas que no nos dejan las suyas, quizá no está siendo tan buen amigo o amiga en ese aspecto. Y, además, también pueden aprender a que las cosas se deben pedir y no coger sin avisar a sus dueños.

Es una buena forma de trabajar la empatía:

  • ¿Cómo te sentirías tú si alguien te quitara los juguetes sin avisar?
  • ¿Qué crees que te pasará si nunca, nunca dejas tus juguetes?
  • ¿Qué sentirán los demás cuando te enfadas siempre con ellos cuando, en realidad, ellos quieren jugar contigo?

Un buen libro para trabajar la resolución de conflictos desde temprana edad. Porque si no aprenden a lidiar con sus conflictos en la infancia… ¿cómo vamos a pretender que puedan resolverlos cuando sean adolescentes?