Carta: No robes mi dolor

El post de esta semana corre a cargo de Inma Rodríguez, quien nos muestra una carta en la que nos habla de la importancia de respetar los duelos ajenos. No hay un tiempo concreto para cada suceso doloroso ni es de la misma forma en diferentes personas.

“La vida es así. Cruel, inesperada. Un día te despiertas y, sin saber cómo, todo ha cambiado.

Quizá hemos leído y escuchado esto muy a menudo, pero no entendemos su significado hasta que no lo vivimos en nuestra propia piel. El dolor de perder a un pilar importante en tu vida es indescriptible, inimaginable, insoportable. Puede parecer que exagero, pero es real, totalmente real.

A menudo, intentando consolar al que sufre, se nos llena la boca diciendo “me imagino lo que estás pasando”. Yo siempre respondo: “no, no te lo imaginas”. Ni siquiera yo, cuando habían pasado unas semanas, podía imaginar que el dolor seguiría creciendo y haciéndose más y más amargo, más y más cruel, más y más desolador.

Suelo decir que “si fuéramos capaces sólo de imaginar un dolor tan grande y tan desgarrador, no sería posible vivir”. Incluso yo, ahora que ha pasado el tiempo, no puedo “revivir” con exactitud ese dolor tan tremendo que te rompe en pedazos, que te llena de impotencia, de rabia, de odio, de pena, de llanto. Porque, de ser así, no sería posible seguir adelante.

Nadie puede entender el dolor de nadie, incluso aunque estén en el mismo proceso. Cada vínculo es diferente, cada persona es diferente, cada situación es distinta.

Nos queda mucho por aprender sobre duelo. Y no lo digo sólo por el que lo “vive”, en su alma sin vida, lo digo también por el que intenta consolar a alguien en duelo sin haber pasado por ello.

Me he hartado de escuchar comentarios inoportunos, palabras que dañan más de lo que alivian. ¡He perdido a “la mitad de mí misma” a sus 33 añitos! y la gente lo intenta arreglar con “aún eres muy joven”, “el tiempo lo cura todo”, “tienes toda la vida por delante” y, el top de los top, “a él no le gustaría verte así”.

¿Y qué hay de lo que yo siento? ¿Qué hay de mi dolor? ¿Qué tal si alguien me dejara llorarle en el hombro sin que sienta la necesidad de decir unas “palabras de alivio” que no alivian en absoluto?

¡Dejadme llorar!, ¡dejadme gritar!, ¡dejadme volverme loca!, ¡dejadme estar en silencio!….por favor, simplemente… ¡dejadme estar con él!”

Inma Rodríguez