Pensamientos de una adolescente: Adiós E.S.O, adiós amig@s, adiós etapa

Se acerca el final de curso y para mí, el final de la etapa de la ESO. Desde mi punto de vista, estos años han sido en los que he notado más cambio en las personas que me rodeaban y, puede que esto sea porque han dejado de verme como a una niña.
Además, me he dado cuenta de que en esta etapa es en la que las personas empiezan a coger el camino que quieren y por lo tanto, muchos amigos que tenía desde siempre, ahora siguen un rumbo diferente al cual yo no pertenezco. La parte buena es que muchos caminos se juntan y conoces a gente nueva que te aporta muchos momentos buenos y ayudan a que crezcas como persona.
A parte de cambios en las relaciones, en cuanto al rendimiento académico, ha sido increíble. Estos años de ESO han sido los que me han ayudado a decidir qué quiero estudiar, han resuelto todas esas preguntas que me causaban tanta curiosidad etc.
Pero todo no ha sido bueno. También he tenido mis momentos de nervios antes de un examen y siempre he tenido mucho estrés encima. Y ahora me doy cuenta de que siempre me he exigido mucho con las notas y que lo que realmente cuenta, es lo que empieza ahora. Pero no me arrepiento de haberlo hecho porque si puedo hacer algo bien, ¿por qué no iba a hacerlo? Y esto es lo que siempre respondo cuando a alguien se le ocurre preguntarme que por qué siempre quiero hacerlo todo bien, o que si lo hago mal, no pasa nada. Bueno, está claro que todo no se pude hacer bien, pero hay que intentarlo.
Después de la ESO, hay que elegir si quieres hacer un ciclo, dejar los estudios o como en mi caso, hacer bachillerato. En cuanto a mi elección, parece que la palabra bachillerato suena como algo con mucha importancia. Y si dices “bachillerato de ciencias”, parece que vas a ser ingeniera de la NASA. Y esto es más o menos lo que pasa con los profesores, cuando terminas cuarto para hacer bachillerato, empiezan a meter miedo a los alumnos sobre que esa etapa es diferente, más difícil.
Con las charlas “orientativas” que nos dan, hacen que alumnos que podrían estudiar carreras como farmacia, escojan el bachillerato de letras, que se supone que es “más fácil”. Pero esto es cuestión del nivel de influencia que dejas que tengan sobre ti.
Para terminar el post, me gustaría decir que el instituto, es esa etapa en la que las personas empiezan a ser como realmente son y durante estos años, las influencias que tengas pueden ser decisivas para el futuro. Por eso, creo que es importante que los familiares ayuden a la persona que está creciendo a fijarse metas y a enseñarle que tiene que tener su propia personalidad y que lo que hace la mayoría, no tiene por qué ser lo correcto.
 
*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

Reseña del mes: Idiotizadas (Moderna de Pueblo)

Este mes os traigo una reseña a la que le tengo ganas desde hace mucho tiempo. Tuve el libro en mis manos muy poco después de que saliera a la venta y no me defraudó. No por ser fan de Moderna de Pueblo (que también), sino por todos los aspectos psicológicos y de igualdad entre mujeres y hombres.

Que las películas Disney han mantenido un sistema patriarcal hasta la actualidad no es algo nuevo. Ahora las películas infantiles van cambiando y hay nuevas versiones de los cuentos antiguos. Pero, ¿qué hacemos ahora las jóvenes y adultas que proyectan en sus relaciones esa desigualdad que nos han grabado a fuego lento, como dice la canción?

Leer. Y el libro de Idiotizadas es una forma fácil, rápida y profunda de cambiar nuestra forma de ver las cosas. De cuestionarnos aquellas situaciones y decisiones que teníamos normalizadas.

El libro tiene ocho capítulos protagonizados por Moderna de Pueblo, su madre y sus amigas transformadas en La Sirenita Pescada, Zorricienta y Gordinieves.

En el primer capítulo, Moderna nos cuenta cómo su pasado, su experiencia de vida y la de su madre le ha influido en su presente a la hora de relacionarse. Una fantástica forma de empezar desde el plano psicológico. Es importante el origen de nuestra forma de actuar para entender por qué somos lo que somos y por qué hacemos lo que hacemos. Entender quiénes éramos y cómo hemos llegado hasta nuestro día de hoy nos ayuda a motivarnos para el cambio mientras nos perdonamos por lo difícil que nos resulta llegar a nuestros objetivos.

Una vez contextualizados, nos presenta a sus amigas y también nos cuenta sus orígenes. La Sirenita Pescada hace referencia a la mujer que, una vez encuentra una pareja, deja de lado toda su vida anterior.

Zorricienta, quien prefiere tener relaciones sexuales sin compromiso a tener una relación estable, lo que le hace recibir insultos basados en prejuicios. En el pasado de Zorricienta se puede ver cómo pone fin a una relación de pareja en la que el hombre le prohibía ponerse determinada ropa y le descalificaba motivado por los celos.

Gordinieves tuvo que escuchar muchas veces desde hace muchos años, frases relacionadas con su cuerpo. En el colegio e incluso en su misma familia.  Una vez se atrevió a quererse tal y como era, se topó con otra piedra en su camino. La desigualdad en las relaciones sexuales y en la apariencia corporal. Incluso, en varios momentos del libro, hace referencia a Ana y Mia, conocidas por promover la anorexia con sus blogs y grupos de whathsapp clandestinos.

Definitivamente, éste es un libro que siempre pongo en la sala de espera para mis pacientes adultos. Empoderamiento y lucha por la igualdad. Aspectos realmente importantes para empezar a quererse a una misma.

Batallas corrientes: Teletrabajo

Dani es informático y no trabaja en una oficina, tiene teletrabajo. ¿Creéis que el teletrabajo es una oportunidad o conlleva muchas desventajas? Dani nos cuenta su opinión.

¿Cuánto tiempo llevas trabajando a distancia?

He estado trabajando a distancia desde 2013, aunque durante un año y medio lo conjugué yendo a las clases de la universidad por lo que quizás sería más adecuado decir que es desde 2015 a efectos del sentimiento de no salir de casa para ir a realizar tus quehaceres diarios.

 

¿Qué ventajas crees que aporta el teletrabajo?

Muchísimas, pero a destacar, que no pierdes tiempo yendo o volviendo de la oficina, ni en atascos, ni sufres las inclemencias del tiempo (frío, calor, lluvia…), tiempo que puedes disfrutar con tu familia o de ocio. Tampoco tienes reglas a la hora de vestirte ni tienes que lidiar con nadie si la calefacción/aire acondicionado está muy fuerte. Por último, puedo tener mi despacho completamente a mi gusto, incluso con camas para que mis mascotas me hagan compañía y con la tranquilidad que requieras (silencio absoluto, música etc)

 

¿Y qué desventajas?

Es complicado, sobre todo al principio, que en casa entiendan que estás trabajando y que deben llevar cuidado con las interrupciones, que no estás disponible como cuando lees un libro o navegas por internet en horas de ocio. También es algo más difícil acabar a la hora que te corresponde, es habitual excederse en horas, no hay una coyuntura entre compañeros como en una oficina a la hora de salir.

Por último, puedes llegar a sentir cierta presión cuando el trabajo no avanza a buen ritmo por el motivo que sea, el qué pensarán de ti, que has estado a otras cosas o mirando las musarañas. Aunque al final, el día a día habla por ti.

 

¿Qué opinas sobre los comentarios acerca del teletrabajo como: “No tienes que madrugar “, “que aburrimiento todo el día sin hablar” o “seguro que trabajas menos que en una oficina”? ¿Son mito o realidad?

Quizás la frase que más he oído es la de “Cómo consigues ponerte a trabajar y no holgazanear” pero es que, aunque tenga un horario algo más flexible, tengo que estar disponible en horas de trabajo con los clientes que tiene mi empresa para poder hablar con ellos o con mis compañeros. Esto último lleva a la frase de “todo el día sin hablar”, nada más lejos de la realidad, en mi caso todos los días tengo al menos una reunión para coordinación del equipo de 15 minutos más todas las que tenga con cliente, internas o para ayudar a algún compañero con su trabajo como en una oficina. Y como ya he comentado, lo más habitual es trabajar más horas, ya sea por la propia presión que se autoimpone uno, por abstraerse del entorno y no ser consciente de la hora, o porque no hay presión de los compañeros.

 

¿Es diferente la conciliación familiar con un trabajo a distancia y con un trabajo en una oficina?

Probablemente sea más sencilla, te ahorras el tiempo gris en el transporte que puedes compartir con tu pareja. Los descansos también los puedes tener en familia y eres consciente de lo que están haciendo en tu casa tus seres queridos, eres más participe de lo que ocurre en tu entorno familiar, al igual que si trabajas en una oficina eres consciente de lo que hacen tus compañeros.

 

¿Qué cualidades piensas que debe tener un/a empleado/a para poder tener un trabajo a distancia y dar lo mejor de sí mismo, en comparación con un trabajador que acude a una oficina, un centro escolar o cualquier otro establecimiento?

Debes ser más organizado, ser capaz de tener una rutina sin influencia del entorno y ponerte límites a ti mismo, para no trabajar de más. También debes encontrar alguna forma de ser capaz de diferenciar entre lo que es tu casa y lo que es tu trabajo. En mi caso solo uso el despacho para trabajar, cuando es hora de terminar lo cierro y no se usa para nada más. Si quiero hacer algo de ocio con el pc me llevo el portátil a otro lado.

 

El trabajo a distancia supone que puedes montar tu “pequeña oficina” en varios lugares ¿trabajas en casa o en otro lugar?

Prácticamente el 100% del tiempo trabajo en casa, me organizo bien en ella y evito el tiempo gris. En algún momento ocasional he utilizado la ventaja de poder disponer internet en otros lugares para quizás alargar un viaje o nada más acabar de trabajar estar ya cerca de mis planes de ocio.

 

¿Qué le dirías a una persona que no sabe si el teletrabajo sería bueno para él/ella?

Que si tiene ocasión lo pruebe, y no diga que no a un trabajo a distancia por miedo a  que la casa se le echa encima, siempre tendrá la oportunidad de utilizar las oficinas de coworking, donde trabajas con más personas, hay bullicio como en una oficina y puedes hacer compañeros aunque trabajen para otras empresas.

 

Adultos racionales y poco emocionales

Cada vez más, en mi práctica profesional, doy con adultos con una capacidad de raciocinio admirable. Muchos tienen un alto nivel cultural, una inteligencia media (como mínimo) y cursan o han finalizado estudios universitarios o FP. No importa la edad: 19, 25, 30, 37…

Los adultos que vienen a consulta te comentan sus inquietudes, sus dudas existenciales, te preguntan o te proponen libros, son dueños de empresas o miembros de equipos organizativos. Son padres de familia, son hermanos mayores. Son ejemplo para sus personas cercanas. Quizá son jóvenes que no han entrado al mundo laboral pero que sueñan con cambiar las cosas. Personas que piensan en sí mismos y en los demás.

Piensan… De pensar, en gran parte, va hoy este post. ¿Crees que pensar es una ventaja o un inconveniente?

 

Tic, tac, tic, tac…

 

¿Coincide lo que has pensado con alguna de estas respuestas?

“Es una ventaja, obviamente”.

“Si no pensara no podría solucionar nada”.

“Bueno, quizá pensar no me hace sentir bien”.

“Cada vez que pienso me pongo triste”

“Depende” (la amada respuesta de los/las psicólogos/as).

 

Depende, diría yo… Y, haciendo alusión a Pau Donés en Jarabe de Palo ¿de qué depende?

De muchas cosas. Depende de si los pensamientos son racionales o irracionales, de si nos sirven para solucionar problemas o nos los crean, de si pienso tanto que nunca llego a actuar, de pensar por querer controlarlo todo y frustrarme porque es imposible.

Depende de los beneficios y costes que nos supongan esos pensamientos. Qué bonito es pensar, pero qué genial es pensar y SENTIR. ¿Qué nos ocurre actualmente? ¿Por qué hay tanto adulto que piensa y tan poco adulto que SIENTE?

La educación emocional llegó a tiempo para algunos y tarde para muchos otros. Muchas generaciones han sido educadas en valores morales y en la importancia de estudiar y tener un trabajo para ganarse la vida. Cosas de vital importancia que se desvirtúan cuando no se tienen en cuenta las emociones.

Preguntas tales como “¿qué sientes?”, “¿por qué estás triste?”, “¿estás enfadado?”, “¿a qué tienes miedo?”… son impensables para muchas personas. Y no hablo únicamente desde la infancia, sino en las relaciones de pareja, amistad o incluso con sus propios hijos e hijas.

No nos enseñan cosas tan sutiles como que una misma situación puede generar emociones diferentes y que lo que yo siento está bien, de igual forma que lo que siente la otra persona también está bien. Nadie nos dice (o nos muestra mediante el ejemplo) que podemos sentir una emoción en diferente intensidad. Que no solo estamos tristes cuando lloramos o estamos enfadados cuando gritamos. Podemos estar tristes estando serios y podemos enfadarnos en determinadas situaciones y no querer empezar una discusión acalorada.

Nos refuerzan cuando somos lógicos y constantes. Nos tienen en cuenta cuando somos responsables y adaptados al medio. Y, como consecuencia, tendemos a entender nuestro mundo con pensamientos e ideas en lugar de preguntarnos qué nos hace sentir ese mundo y si nos gusta o no esa sensación.

Es entonces cuando aparecen ansiedades, miedos y tristezas que no sabemos de dónde vienen. Trabajamos una fobia y aparece otra, tenemos un entorno aparentemente feliz pero nos sentimos decaídos y tenemos insomnio por no dejar de pensar por mucho que probamos todas las técnicas que leemos en artículos y libros.

Creo fervientemente en la importancia de las inteligencias múltiples. Pero no como algo que transmitir en los menores sino a los adultos. A nosotros mismos.

 

Si hay algo más potente que un nivel de razonamiento lógico en nuestra vida es una capacidad de conocer, entender, perdonar y dirigir nuestras emociones para, más tarde, poder confiar en nuestros pensamientos.

 

Y es que ya lo dijo Van Gogh: