RESEÑA DEL MES: ¿Quieres conocerme?

El cuento que os enseño hoy se titula ¿Quieres conocerme? Escrito por Carmina del Rio y editado por Salvatella.

El personaje principal es quien narra la historia en primera persona. Este cuento nos habla de un niño: sus gustos personales, su forma de actuar, sus puntos fuertes y las cosas en las que puede mejorar.

Quien nos habla, nos cuenta que siente las emociones de una forma muy intensa, tanto las emociones agradables como las desagradables.

También le cuestan las actividades de hacer deporte y tareas que, a simple vista, pueden parecer

fáciles como el fatigoso tema de cambiarse de ropa. ¡Nunca coinciden sus botones!

Se lía un poco a la hora de jugar con juegos reglados y a veces no entiende los dobles sentidos de algunas personas. ¿Será una broma? ¿Lo dirá en serio?

Pero el personaje de este cuento no necesita únicamente mejorar determinados aspectos. También se le da muy bien recordar información que le apasiona como la Geografía y las Naturales, así como el cálculo en Matemáticas. Se podría decir que es el mejor de la clase con los números. Le apasionan los dinosaurios y es un niño muy organizado. ¡Siempre cumple sus rutinas!

Si os soy sincera en su totalidad, he ocultado el subtítulo del cuento. El título completo es “¿Quieres conocerme? Síndrome de Asperger”. Si lo hubiera puesto desde el principio, un porcentaje de personas no habría leído el post. Otro, habría entrado pero quizá lo dejaba de leer por pensar que no conoce a nadie con Asperger ni sus peques tienen amigos diagnosticados. Pero, ¿por qué? Los cuentos generales y los específicos de algún tema son igual de válidos en la diversión de los niños y niñas y en su educación en valores. No es necesario tener un/a amiguito/o Asperger para poder empatizar, aprender y disfrutar de una buena lectura. Pero, si además se da esa situación, es un muy buen recurso para que se acerquen, se entiendan y se comuniquen.

Aplicación en sesión

Este cuento va dirigido a los niños y niñas sin Síndrome de Asperger que quieran entender más a los niños como el personaje de esta historia. Al final del cuento, el libro contiene una tabla en la que se dan pautas sobre cómo actuar en diversas situaciones para ayudar los niños de este colectivo. Qué hacer si está solo/a en el patio, si no entiende un juego, si se pierde en una conversación, si habla todo el rato de un mismo tema…

Aun así, a mí este cuento me encanta para acercarme más a los niños y niñas con Asperger, tanto si tienen diagnóstico como si no. Se puede jugar a ver los parecidos y diferencias con el personaje, qué cosas les ocurren igual que las que pasa en el cuento o situaciones parecidas… De esta forma, aprenden a saber cómo funcionan de forma introductoria, se ven reflejados, se identifican y entienden que hay más personas que se parecen a ellos/as.

Porque… ¿a quién no le gusta verse reflejado en el personaje de un cuento?

 

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La importancia del esfuerzo en los niños

Desde hace unos meses me encuentro con padres y madres que se quejan de lo poco que se esfuerzan sus hijos/as. Tengan la edad que tengan. Niños y niñas de 5 a 12 años y adolescentes de 13 a 17. Pero, ¿qué es el esfuerzo?

El esfuerzo es la actitud de la persona que emplea gran fuerza física o mental con algún fin determinado. Thomas Edison afirmó que “el genio era un 1% inspiración y un 99% transpiración”, refiriéndose al sudor que genera el esfuerzo. La inteligencia es necesaria para desempeñar determinadas actividades, pero no es suficiente si no se le acompaña del esfuerzo que conlleva realizar una actividad hasta el final.

Pero, uno no se esfuerza únicamente a la hora de hacer los deberes y de prepararse exámenes. También se puede esforzar en el deporte, al tocar un instrumento, al cumplir una rutina, al organizarse las tareas diarias. Se puede esforzar para no cometer los mismos errores, para pensar antes de actuar, para no molestar a un compañero o a una amiga…

 

Y ¿cómo podemos ver el esfuerzo? ¿Por los resultados? ¿Por la conducta?

En ocasiones, los adultos miden el esfuerzo de los niños y adolescentes basándose en los resultados académicos, deportivos o artísticos. Pero, esta forma de observar el esfuerzo nos puede llevar a error ya que hay niños que se esfuerzan mucho y no obtienen resultados y no por ello deben ser tachados de vagos. De igual forma, hay menores inteligentes que pueden sacar resultados muy positivos sin esforzarse. Por tanto, el esfuerzo no depende única y exclusivamente de los resultados posteriores sino de la voluntad y la perseverancia que el niño o la niña ponen en la tarea que realizan.
Además, el esfuerzo está relacionado con la tolerancia a la frustración. Cuanto más acostumbrado está un niño a esforzarse para conseguir algo, más tolerancia a la frustración presenta. Esto es así porque, si una persona se tiene que esforzar para hacer algo, partimos de la base de que no le sale bien a la primera y de forma rápida, por lo que es probable que fracase alguna vez antes de conseguir su objetivo.

Esto, lo podemos ver en niños con Dificultades de Aprendizaje que invierten muchas horas de estudio para conseguir notas aceptables. Ellos están acostumbrados a obtener resultados negativos que le llevan a esforzarse más y a valorar la posibilidad de que no siempre salgan las cosas como uno quiere.

Por el contrario, los niños con una gran competencia cognitiva obtienen resultados muy positivos sin que les suponga esfuerzo. Pero, con el paso del tiempo, los contenidos curriculares aumentan en dificultad y extensión. Es entonces cuando encontramos problemas a la hora de conseguir resultados igual de buenos que en el pasado, porque no se ha instaurado el esfuerzo como pieza clave para conseguir los objetivos.

En el plano comportamental se puede observar cierta dificultad a la hora de tolerar la frustración en este tipo de niños por diversos motivos. Ser líder de un grupo, actuar tal y como esperan los adultos cuando tienen pocos años, el aprendizaje rápido en los cinco primeros años de edad, etc. puede hacer que estos niños y niñas con una alta capacidad cognitiva y/o social, estén acostumbrados a que las cosas suelan salir como ellos esperan.

Pero, ¿qué ocurre cuando crecen? Los roles grupales cambian, los amigos van aumentando su independencia, los adultos les dan más responsabilidades y las situaciones de la vida aumentan su dificultad. Es entonces cuando podemos ver diferentes situaciones que revelan una baja tolerancia a la frustración como niños que no quieren estudiar más de media hora seguida a pesar de no saberse todo el temario, pequeños que dejan un juego a medias porque van perdiendo e incluso adolescentes que pegan puñetazos al mobiliario por haber perdido una partida en la consola.

 

¿Cómo podemos potenciar el esfuerzo desde que son bien pequeños? Además de practicarlo en el ámbito académico y con las tareas de la casa, también se puede fomentar este valor de forma divertida:

  • Preparando recetas de cocina en las que deben organizarse, buscar alimentos, trabajar y esperar su turno.
  • Haciendo cualquier tipo de actividad que les divierta mientras aumentamos la dificultad paulatinamente: puzles, buscar las diferencias, construcciones, dibujos…
  • Hacerles partícipes de la organización de su propio cumpleaños o cualquier fiesta: eligiendo la decoración, yendo a comprar los alimentos, preparando invitaciones…
  • Aprendiendo a tocar un instrumento.
  • Practicando algún deporte.
  • Utilizando recursos prácticos como cuentos, películas y series que fomenten el esfuerzo.
  • Reforzando la conducta de esfuerzo independientemente del resultado obtenido.
  • Dotarles de autonomía sujeta a la edad del niño.
  • Reforzar la idea de seguir luchando a pesar de la dificultad en contraposición al abandono ante el primer contratiempo.
  • Servir de ejemplo como adultos.

 

Por último, os dejo algunos ejemplos de películas de dibujos que fomentan el esfuerzo:

Recordad, el esfuerzo en equipo siempre sabe mejor 😉

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Pensamientos de una adolescente: Soy más que un boletín de notas

En este post, Cristina nos hace darnos cuenta de cómo los adultos podemos comportarnos con los menores sin darnos cuenta. De cómo nos relacionamos con ellos y de lo que sienten al respecto. ¿Cuántas veces les preguntáis a los niños y adolescentes por sus notas? ¿Cuántas veces les preguntáis por sus amigos/as, por lo que han hecho el fin de semana o por la última película que han visto?

 

 

“En este post, me gustaría hablar sobre esas personas cercanas al estudiante, que le dan demasiada importancia a las notas aún no siendo ellos los que tienen que sacarlas.

Estas personas pueden darle demasiada importancia a las notas por muchos motivos, como puede ser que sean los padres y solo les preocupa las notas de sus hijos/as (a veces en exceso), puede que hayan sido excelentes estudiantes y por eso ahora le toca ser a otro con los mismos resultados, puede que estén frustrados porque ellos no consiguieron el nivel que les hubiera gustado…

En el caso de los padres se entiende que se preocupen por sus hijos, pero creo que las  personas ajenas demasiado interesadas en las notas de otro, deberían plantearse el por qué ese interés, y no sólo eso, también deberían empezar a plantearse si se interesan en los resultados de otra persona por simple interés, por competitividad, por no saber mantener una conversación sin sacar el tema, etcétera.

No está mal preguntar sobre este tipo de temas, pero hay que saber hasta qué punto se puede preguntar, porque puede que al estudiante le haya ido muy bien y no le importe decirlo, pero también hay que valorar la opción de que no le haya ido tan bien, y por ello, no quiera publicarlo ni ir más allá del tema. Y mucho menos si hay más personas delante. Es mejor evitar este tipo de conversaciones en ciertos momentos para no poder hacer daño a otros con un tema que puede que les importe de verdad.

Otras personas que les pueden dar demasiada importancia a las notas, son los profesores. En centros públicos es menos probable que pase, pero sobretodo en los privados, sí hay cierta exigencia por parte de los profesores. Puede que los propios estudiantes no le den importancia a comentarios de terceros, pero en la mayoría de casos es posible que sí les afecte y puedan tener ansiedad o nervios antes y durante los exámenes, quitando importancia a otras cosas que también requieren de atención. Y  lo más importante: preocupándose más por las notas que por aprender.

Hablando de mi propia experiencia, a mí siempre me preguntan por mis notas. No me preguntan qué tal estoy, sino me preguntan única y exclusivamente por mis notas. Antes siempre hablaba sobre eso y daba con detalle mis notas, pero porque ha sido un tema que nunca me ha importado hablar.

Pero hace un tiempo, me di cuenta de que hablar detalladamente sobre cualquier cosa era dar información sin sentido. Primero, porque las personas dejan de escucharte, y segundo, porque me aburre hablar siempre del mismo tema. Por eso, decidí que cuando me sacaran el tema, iba a responder lo mismo: todo va bien.  Y desde entonces, me preguntan menos, y me siento mejor al responder.”

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

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Reseña del mes: Downtown

Downtown es un cómic cuyo personaje principal tiene Síndrome de Down. Ya en la portada se puede ver el aire desenfadado con el que escriben sus autores, Noël Lang y Rodrigo García.

“Me llamo Blo. Tengo Síndrome de Down, una novia, muchos amigos y un disco favorito.”

El libro está inspirado en Pablo, el tío de Noël Lang, que tiene síndrome de Down. Por este motivo, el personaje principal se llama Blo.
Durante todas las tiras cómicas, el libro presenta múltiples historias de humor ambientadas en la escuela, en casa y, sobre todo, con su grupo de amigos. El grande y perezoso Miguelote, el sincero e ingenuo Benjamín, la pizpireta Ruth (aunque Blo no sabe lo que significa pizpireta) y Bibi, la novia de Blo.

“Bibi es mi novia favorita. En realidad, es la única que tengo, pero es la única que tengo porque si tuviera otras, ya no podrían ser mis favoritas. Porque esa es Bibi”.

En el transcurso del cómic podemos ver algunas de las características de las personas con Síndrome de Down permitiéndonos acercarnos y empatizar con ellos. Se aprecia el déficit de atención de Blo y cómo afronta el estrés, la obsesión de Benjamín llamada tricotilomanía que consiste en arrancarse el pelo en situaciones que le resultan agobiantes, el bajo nivel de activación de Miguelote, el gran nivel de ensoñación y fantasía de Ruth, la realista y entregada Bibi, las dificultades que pueden tener al escuchar el lenguaje formal con el que se presentan las noticias televisivas… y muchas otras situaciones que se pueden dar en el día a día de personas con Síndrome de Down.

Lo más interesante es que todo esto lo leemos desde la visión de estos personajes. ¿Hay una mejor forma de empatizar con ellos que desde su forma de entender la vida?

 

Aplicación en sesión

Este cómic tiene multitud de aspectos en los que se puede profundizar tanto a nivel individual como grupal. El mero hecho de existir y de poder leerlo, favorece la integración y la normalización. De qué va el cómic, quienes son los personajes, qué características tienen, si conocen a alguien parecido…

Además, leerlo es un ejercicio claro de empatía. Podemos ponernos en su lugar, darnos cuenta de cómo pueden pensar, cómo sienten, lo que les gusta, lo que no les gusta…

El hecho de que sea un cómic y que la parte ilustrativa tenga más peso que la escritura, hace que hasta aquellos a quienes les cuesta coger un libro puedan sentarse delante de él con una actitud más positiva y motivadora. A todos los niños les gustan los libros con dibujos y, en este caso, no los echarán en falta.

La visión positiva y humorística desde la que está escrito el libro, hace que se pueda leer fácilmente y que divierta, fomentando emociones agradables y divertidas que abrirán más la mente de quienes lo lean.

 

¿Y tú? ¿Te atreves a conocer a Blo y sus amigos?

 

 

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