Psicóloga y mujer

Durante este mes, el blog tendrá como temática temas relacionados con la mujer o posts escritos por mujeres de diferentes edades. Algunos creen que ya no hace falta recurrir a estos temas, otros creen que la sociedad no ha avanzado nada. Yo, por mi parte, aporto mi granito de arena para que siga habiendo cambios que mejoren la calidad de vida de todas las personas.

Desde pequeña he vivido con la referencia de mis dos hermanos mayores. Un chico y una chica. Mi hermana siempre ha sido el prototipo de “mujer” que se estilaba entonces: femenina, coqueta, maquillada… Por el contrario, mi hermano siempre iba en chándal y le encantaba jugar a fútbol. Es por esto, entre otras cosas, que al tener ambas influencias siempre iba acompañada de mis muñecas y mi balón de reglamento.

Siempre me he sentido atraída por la ropa cómoda. Y no, señoras y señores, no considero las minifaldas o shorts como ropa cómoda. Para mí de toda la vida, la ropa cómoda era el chándal, las camisetas y las mallas, desde los seis años hasta la actualidad.

Mi hermana tuvo que enseñarme a resolver los típicos conflictos que se originaban con la familia de edad más avanzada. Me enseñó frases para responder a los comentarios del tipo “tú no puedes jugar a fútbol porque eres una chica”, “pareces un chicote con ese chándal” o “las chicas no se sientan con las piernas abiertas”.

Al llegar la preadolescencia, recibí un regalo por mi cumpleaños con el que nunca me sentí identificada. Me regalaron un estuche de maquillaje con la premisa de que así podría ser más femenina, tal y como hizo la madre de quien me hizo el regalo. Seguíamos perpetuando estereotipos de generación en generación.

Una vez comenzada la carrera de psicología, descubrí algo que me iba a acompañar en el resto de formación psicológica y en mi vida laboral. Tres cuartas partes del alumnado siempre son mujeres. ¿Por qué? Porque ayudar a los demás, aunque ya no se diga, siempre ha sido “cosa de mujeres”.

Pero estos sucesos no solo se quedan en mi experiencia de vida, los sigo viendo día tras día en el ámbito laboral. Impartiendo talleres de manualidades, he visto como niños a los que le encantaba la temática dejaban de acudir semanalmente porque, al pasar a Educación Primaria, decidían hacer fútbol porque las manualidades, según les habían dicho, eran cosas de chicas. ¿Por qué se debe elegir entre una cosa o la otra?

En mis sesiones, veo madres que se sienten responsables de toda la educación y crianza de sus hijos porque “son las que se deben encargar de ello” o porque el padre trabaja muchas horas fuera de casa. A veces, no hay una excusa. Lo que se ve es que, cada vez que hay un problema en el centro escolar, es la madre quien coge el teléfono y va a hablar con los docentes. Muchas madres son las que acuden a las reuniones o incluso a las sesiones de pautas en consulta, que se supone que son para ambos. Es por esto que mi compañera y yo damos las pautas si vienen los dos progenitores (en el caso de que pueda ser viable).

Veo a niñas con problemas de aprendizaje ¿qué ocurre con los niños? ¿su rendimiento académico va viento en popa? Veo mujeres adultas que quieren sentirse mejor pero menos hombres que se atreven a dar el paso.

Y es que los hombres sufren su propio machismo. En mi corta experiencia de futbito como actividad extraescolar cuando era pequeña, he tenido que escuchar comentarios como “uuuuuh, una chica te ha hecho un cañito…” de manera que, tanto mi compañero de juego como yo, salíamos perjudicados.

Los adolescentes varones suelen acudir a consulta cuando presentan problemas de comportamiento. Sufren de rabia intensa porque no deben mostrar tristeza. La tristeza puede suponer un síntoma de debilidad y eso “es cosa de chicas”. ¿Cuándo trabajaremos desde el seno familiar para que eso cambie?

Cuando se habla de igualdad, no significa que mujeres y hombres seamos iguales. Somos iguales ante la ley. Con los mismos derechos y deberes. ¿Y qué ocurre en lugar de bajar las obligaciones de las mujeres al mismo escalón que las de los hombres? Justo lo contrario, aparecen reglas implícitas de culto al cuerpo. Ya no es únicamente la mujer quien debe estar perfectamente maquillada, con tacones y con determinado peso. Ahora, tanto chicos como chicas dedican sus historias y fotos de Instagram a demostrar que deben estar perfectos y perfectas por fuera para merecerse el amor de sus amigos y parejas, porque solo así conseguirán amor propio.

A veces pienso que las personas complicamos las cosas muchísimo más de lo difícil que pueda ser la vida. La parte positiva es que somos nosotras y nosotros quienes podemos hacerla más fácil.

Aún queda mucho por hacer, pero motivación personal y profesional no me falta.