RESEÑA DEL MES: AHORA ME LLAMO LUISA

Luis y Martín son mejores amigos. Luis es un osito con pajarita. Es el fiel acompañante de Martín en todos sus juegos y aventuras. Hacen muchísimas cosas: Montan en bicicleta por el patio, plantas verduras en el jardín, comen sándwiches en la casa del árbol y meriendan en casa cuando llueve.

Un día de sol radiante, Martín busca a al osito Luis para salir a jugar al parque, pero, por desgracia, el pobre Luis estaba tan triste que no tenía ganas de jugar. El pobre Martín hacía todo lo posible para que Luis se pusiera contento, pero no servía nada.

Y es que a Luis le daba mucho miedo contarle lo que le ocurría. Temía que, si se lo decía, dejara de ser su amigo.

 

Pero lo más bonito, es la sencillez con la que Martín responde.

 

Este cuento es una historia sencilla de un tema que, los adultos, podemos llegar a hacer complejo. Este cuento habla de la transexualidad, pero también habla de la amistad, de la aceptación, de la validación emocional y de la empatía.

 

Aplicación en sesión

Este cuento, como todos, se puede utilizar como premio al final de una sesión, para evaluar la velocidad y exactitud lectora, la comprensión, etc.

Además, es un muy buen material para hablar de la singularidad de cada persona, de que todos somos diferentes independientemente de que la persona se sienta identificada con el personaje. Se pueden tratar las diferencias de otra índole como son la discapacidad física, Síndrome de Asperger, Dificultades de Aprendizaje… y cualquier otra etiqueta que haga que los niños se sientan diferentes al resto. De esta forma, se implicarán en la historia en tercera persona y, más tarde, se puede trabajar la idea de que todos y todas nos diferenciamos en muchas cosas.

Por último y de forma más previsible, se puede utilizar en cualquier caso de transexualidad. Tanto con la persona, como con los familiares y amigos.

Batallas corrientes: O-presión de la moda hacia la mujer

Hoy, la sección de Batallas corrientes no consta de una entrevista sino de un post escrito por Ana, una chica de 19 años que sufre, como un gran porcentaje de la población, una batalla de autoestima contra las tiendas de moda. ¿Por qué cambian las tallas? ¿Cómo nos afecta? ¿Qué supone en nuestro autoconcepto y en nuestra autoestima?

Ana

“Vivimos en una sociedad que permite que en una parte del mundo se explote a mujeres de todas las edades, para que en otra parte del mundo otras mujeres vistan camisetas que defienden la libertad de todas las mujeres.

Toda una contradicción son estas camisetas feministas que tanto se han puesto de moda últimamente. No sólo por haberse apoderado de un movimiento para ganar dinero (como ya ha pasado en otras muchas ocasiones), sino porque además de reírse del movimiento feminista, lo niega. Esto no sólo es palpable en el hecho de que sean mujeres explotadas las que hacen estas camisetas, sino también porque si no tienes unas medidas perfectas (socialmente hablando) no puedes ponértelas. Por lo tanto, según la lógica de estas camisetas y las empresas que las venden, sólo puedes ser feminista si eres primermundista y delgada.

Por desgracia, esta regla no se aplica únicamente a las susodichas camisetas. Hoy en día si tu cadera pasa de los 100 cm no puedes vestirte. Las tiendas, además de haber reducido considerablemente las medidas de las tallas, también han decidido no fabricar ninguna talla más allá de una 42 o una L; y suerte para encontrarlas. Sobre todo, en lo referente a los pantalones, porque en las tiendas ni siquiera suelen tenerlos.

Yo soy la primera víctima de este abuso. En el último año apenas he podido comprarme un pantalón, y mucho menos corto. He tenido que vestir casi todo el verano con vestidos porque no podía comprarme ni un solo pantalón que me entrara. A día de hoy, para vestirme tendría que ir a una tienda de tallas grandes. Tengo 19 años y peso 65 kg, no debería tener la obligación de ir a una tienda de tallas grandes, en las que además tampoco hacen tallas para mí por ser demasiado pequeñas.

Esto antes no era así. Yo siempre he sido una persona que adelgaza y engorda con facilidad, por lo que sé perfectamente cuales eran las tallas de los pantalones y las camisetas anteriormente, y puedo decir a ciencia cierta que no son las mismas que ahora. Yo he vestido tallas hasta la 42 estando más “gorda” de lo que estoy ahora y me estaban bastante grandes. Ahora encontrar un pantalón de la 42 que me pase de las piernas es misión imposible.

Esto es algo con lo que tenemos que lidiar personas de todos los tamaños y pesos, no soy la única. Conozco varias chicas, todas con distintos cuerpos, que están sufriendo por culpa de este abusivo recorte de tallas. Muchas de ellas solían vestir una 36 o una 38 y ahora se han visto con que necesitan una o dos tallas más, sin que su peso haya cambiado en absoluto.

Una consecuencia importante de esto podría ser el aumento de casos de chicas que sufren trastornos alimenticios, porque hay personas que pueden no darle importancia, pero hay otras a las que esta situación puede afectarles muy negativamente y nadie hace nada.

Si una chica que ya tiene complejos y que se siente mal con su cuerpo resulta que un día decide ir de compras y descubre que su talla habitual no le cabe, podría causarle problemas inimaginables psicológica y mentalmente.

Claramente, esto no quiere decir que la gente delgada no sufra este mismo problema a la hora de encontrar tallas porque todo le quede grande. Sin embargo, son casos mucho menos numerosos y más fáciles de solucionar.

Ir de compras, algo que antes adoraba, se ha convertido en una tortura para mí. Siempre salgo enfadada o llorando de las tiendas. A pesar de que desde hace tiempo adopté una postura bastante conformista en lo referente a mi cuerpo.

Sé que no estoy gorda, pero tampoco estoy delgada. Sin embargo, cada vez que paso por alguna de las tiendas que me gustan, salgo pensando que no merece la pena seguir siendo optimista, que ya no merece la pena intentar seguir preocupándome por mi aspecto, ya que por mucho que lo intente nunca me quedará bien nada. Este pensamiento no debería tenerlo nadie, porque todas las personas valemos lo mismo y este sistema enfermizo está acabando con demasiadas autoestimas. Incluso ha llegado al punto de que en las webs de las tiendas prefieren que el vestido o el pantalón que están mostrando (y que es lo que supuestamente están intentando vender) se vea como un saco con tal de que la chica que lo lleve esté delgada (a veces alcanza unos límites bastante preocupantes).

Esto ha llegado hasta a la ropa escolar, en la que un pantalón de la talla 14 de chico es exactamente igual a la talla 18 de chica. ¿De verdad es necesario que ya desde niñas estemos sufriendo este indirecto ataque? ¿Qué necesidad hay de hacer las cosas así? ¿Qué hay de malo en la diversidad en los cuerpos? ¿Por qué tienen que ser las opciones tan reducidas? Todas estas preguntas me vienen a la cabeza cada vez que voy de compras o miro alguna web de ropa, y me temo que cada día es peor.

Sin duda, lo que más duele del asunto es que nadie haga nada, que nadie se queje y que mientras las empresas esclavizan para vender camisetas feministas, las verdaderas feministas (o mujeres en general) tengan que sufrir este ataque hacia sus cuerpos y autoestimas a diario.”

Reseña del mes: La lección de August (Wonder)

Esta semana dedico la reseña del mes a un libro para público infantojuvenil pero que me ha robado el corazón. Cuántos libros para menores me están enseñando tantas cosas…

Hoy os hablo de “La lección de August (Wonder)”, el libro finalista a la mejor novela extranjera independiente de 2012.

August tiene 10 años y tiene un físico diferente al resto de la gente de su edad puesto que tiene parte de la cara deformada. Por este motivo, nunca ha ido al colegio y su madre se ha dedicado a enseñarle en casa. Este año es diferente para August, sus padres han decidido que podría ser positivo que se socializara con otros niños de su edad.

Durante toda la novela, August vivirá situaciones en las que adaptarse será más o menos difícil. Se expondrá a las miradas de aversión de sus compañeros, a descubrir que se puede jugar con otros niños, a soportar comportamientos desafortunados de algún que otro alumno y a confiar en que sus nuevas amistades son fieles tanto delante de él como a sus espaldas.

Lo mejor de todo es que cada cosa que podemos aprender leyendo esta novela, lo haremos mediante un lenguaje de humor y lleno de una ingenuidad adorable. Esto hará que nuestros corazones se abran y nos enamoremos plenamente del personaje.

La novela se estrenará en el cine este 2017, aquí os dejo el tráiler que, a simple vista, parece bastante fiel a la historia original.

 

Aplicación en consulta

Como ocurría con el libro de Momo, esta es una novela de una gran extensión como para leerlo de forma completa en las sesiones.

La forma de trabajo con esta historia se basa en la lectura en casa para trabajar, posteriormente, las ideas claras del libro: la diversidad, la integración, los valores de la amistad, la empatía, la aceptación de que las emociones desagradables existen en la vida de los pequeños, la capacidad de levantarse en los momentos difíciles, la importancia de tener un grupo de apoyo, la unión familiar…
Además, también se pueden recoger diversos párrafos o frases que sean significativos para la persona que lo lee y, de esta forma, trabajar las emociones que se remueven en nuestra parte más interna.

La introspección nos puede acompañar de forma divertida tanto con libros, como con series, películas y canciones. Utilicemos todas nuestras herramientas.

 

¿Se puede tener autoestima sin hacer todo bien?

Hace unos años, la palabra autoestima salía en todos los artículos, en todos los congresos de psicología, en la televisión y en las revistas. Antes de la educación emocional, vivíamos en el boom de la autoestima y, como tal, todo el mundo hablaba de ella. Como ya he dicho, esa moda dejó paso a la educación emocional para niños que, más tarde, se apartó levemente para dejar pisar fuerte a la palabra mindfulness. Hoy me apetece rescatar “la autoestima” como tema principal de este post.

Antes de lanzar al aire la pregunta ¿qué es la autoestima?, me gustaría lanzar otra pregunta que siempre hago en los talleres de este tema. ¿Qué es el autoconcepto y cómo se relaciona con la autoestima?

El autoconcepto es ese “cómo”, ese cómo nos vemos, ese cómo creemos que somos. La parte más importante de este término es que se basa en la percepción que tenemos sobre nosotros mismos sin ningún juicio de valor. Soy alta, soy bajo, soy morena, soy rubio, llevo gafas, siempre llevo zapatillas, me gusta mi trabajo, me gustan las películas de acción… Soy de una forma o de otra sin plantearme si me gustan esas características de mí mism@.

La autoestima se basa en ese juicio de valor que no tiene el autoconcepto. Es decir, primero veo cómo soy (autoconcepto) y, según lo que veo, me gusto o no me gusto (autoestima). Por tanto, ¿en qué se relacionan el autoconcepto y la autoestima? De la misma forma que no podemos enamorarnos de alguien a quien no conocemos, no podemos decidir de forma algo más objetiva (dentro de lo subjetivo de todo este asunto) si nos queremos o no sin hacer previamente una tarea de introspección para conocernos a nosotros mismos. ¿Cómo vamos a saber si nos gusta cómo somos en una determinada área de nuestra vida si no sabemos cómo la desempeñamos?

A menudo, me encuentro dudas parecidas entre sí mientras hablo de este tema. ¿Qué pasa cuando una persona dice que lo hace todo bien? ¿Qué pasa con esas personas que alardean continuamente de lo bien que le salen las cosas? ¿Eso es tener autoestima? ¿Eso es bueno?

Tener autoestima no significa creer que somos perfectos. La autoestima real y la más compleja es cuando somos capaces de querernos con nuestras virtudes y nuestros defectos. Creer que hacemos todo bien es una falacia, pues no existe nadie perfecto en el mundo.

A todos se nos dan bien algunas cosas mientras que otras no se nos dan tan bien. Atención, adultos, esto no significa que nos tengamos que autocriticar, fustigar y que sea un motivo para no querernos.

Y, tal y como le digo a los niños, cuando nos salgan las cosas bien tenemos que decirnos “¡¡yo molo mucho!!” y cuando algo no nos salga bien, pero estemos intentando mejorar y trabajando para conseguirlo, tenemos que decirnos “¡¡yo molo mucho!!”.

 

Así que, pase lo que pase, recuérdalo bien y repítete a ti mism@…

¡¡YO MOLO MUCHO!!