BATALLAS CORRIENTES: La implicación de una orientadora en el instituto

 

Meli es psicóloga orientadora de un instituto de la provincia de Alicante. En su día a día trabaja con adolescentes que se encuentran en problemas y que, en ocasiones, ven ignorados sus intereses fuera del ámbito académico. Hoy, Meli, nos cuenta cómo es su trabajo en el centro en el que se encuentra.

 

 

¿Qué tipo de problemáticas o temas a abordar son los que, en general, se ven más en el instituto?

Hay de todo: desde problemas de aprendizaje y discapacidad hasta depresión, ansiedad, fobia escolar o bulimia.

 

¿Cuáles son las principales tareas que realizas en tu labor como orientadora del centro?

Los orientadores tenemos cuatro funciones principales en los institutos:

  • La evaluación de las necesidades educativas de los alumnos para dar la respuesta más adecuada según cada caso particular: adaptaciones curriculares, acceso a programas específicos, establecer la modalidad de escolarización, facilitar recursos materiales o personales de pedagogía terapéutica, educador o logopeda, etc.
  • Realizar el plan de acción tutorial, que básicamente es establecer los contenidos y sesiones que se van a desarrollar en las tutorías. Además, trabajamos en coordinación muy estrecha con los tutores, que también realizan su función orientadora con su grupo de alumnos, y que son los que ponen en marcha las sesiones que facilitamos. También nos derivan los casos en los que piensan que podemos intervenir de alguna manera.
  • Realizar el plan de orientación educativa y profesional: nos encargamos de dar información sobre itinerarios educativos y profesionales a los alumnos, bien a través de charlas en las aulas o con los alumnos que lo demandan en el despacho de manera individual.
  • Asesoramiento a equipo directivo para la gestión de la convivencia en el centro. En éste caso, con alumnos disruptivos o con trastornos de conducta, o con chavales que no se adaptan a la vida del IES, los orientadores podemos asesorar sobre técnicas, medidas educativas o correctoras, protocolos a seguir, o podemos colaborar mediante la coordinación con recursos externos. En nuestro instituto, por ejemplo, trabajamos la mediación en conflictos interpersonales, entre otras cosas.

 

En tu centro hay un aula específica de educación especial. ¿Qué perfil de alumnos se encuentran en esa aula y cuál es el método de trabajo?

En nuestra zona es la única aula específica que tenemos, por ahora. Esto hace que cada vez haya más alumnos y más heterogeneidad. Los perfiles para acceder al aula son: alumnos con discapacidad, TEA o trastornos de conducta grave.

En cuanto al método de trabajo, contamos con dos profesoras especialistas en pedagogía terapéutica, una logopeda y una educadora, que pasan con ellos la mayoría del tiempo. En el aula específica trabajan habilidades básicas de autocuidado e higiene, autonomía personal, habilidades sociales, además de los contenidos específicos de asignaturas adaptados a su nivel curricular. Por otro lado, los alumnos se integran varias horas en grupos ordinarios, por ejemplo en educación física. Con esto se pretende que puedan relacionarse con los demás alumnos del centro y que se encuentren en un entorno lo menos restrictivo posible, siempre mirando porque tengan una educación inclusiva.

 

¿En alguna ocasión te has implicado más de lo que se podía esperar de la figura de orientadora? ¿En qué aspectos?

Después de contarte las funciones del orientador, reconozco que además de esas hago otras que no entran en las instrucciones de inicio de curso, ni en ninguna legislación. Muchas veces te encuentras con chavales que tocan a tu puerta con lágrimas en los ojos, o temblando, para contarte algo que no tienen a quién más contar. En esos casos, aun teniendo que atender otras cosas, soy incapaz de decirles que me esperen y vuelvan mañana. La mayoría son problemas psicológicos, fuera de mi competencia en éste puesto, pero en la medida de lo posible intento atenderlos y hacer un seguimiento, además de derivar cuando es preciso al psicólogo clínico y avisar a las familias, con las que también trabajo bastante.

 

Con tu labor, consigues que los chavales que se les define como “problemáticos” confíen en ti y se planteen las consecuencias de algunos de sus actos. ¿Cómo lo consigues?

Lo único que hago es escuchar, dar pautas concretas para poder afrontar los problemas que se les plantean y reforzar mucho la autoestima. La mayor parte de los chavales que acuden al despacho del “psicólogo” es porque necesitan desahogarse con alguien que les escuche de verdad y que además, desde la empatía, les muestre el camino y las consecuencias positivas o negativas de sus posibles conductas. Si además reconoces sus aptitudes y sus potencialidades, y son capaces de poner en práctica pequeños cambios a mejor, son ellos mismos los que se ven reforzados por aprobar exámenes, recibir buenas valoraciones de profesores, etc. Es verdad que no todos los casos son iguales, y hay también alumnos que por diversas situaciones no responden al trabajo que podemos hacer los profesores. En estas situaciones, me dedico a acompañar en el proceso tanto a alumnos, profesores y padres, de manera que puedan contar conmigo en cualquier momento.

 

¿Qué aspectos crees que son importantes trabajar con los padres a la hora de abordar un tema con un/a alumno/a?

Me encuentro con familias que tienen estilos educativos muy diferentes. Algunos son muy permisivos y ponen pocos límites, otros demasiado estrictos y rígidos, algunos padres tienen que trabajar muchas horas para poder dar de comer a sus hijos y no pueden atenderles como les gustaría… también hay padres ejemplares que tienen claro cuáles son sus responsabilidades y de qué manera tienen que tratar a sus hijos para sacar lo mejor de ellos.

La mayor problemática que yo he encontrado en el ámbito familiar es el abandono emocional de padres a hijos, a veces de forma inconsciente, pero que puede provocar mucho malestar en los menores. También es importante trabajar la tolerancia a la frustración, encuentro padres que por miedo a que sus hijos les reprochen algo, o por no verles sufrir, no ponen límites firmes y coherentes. Esto también tiene consecuencias muy negativas en la adolescencia, a la hora de aceptar los imprevistos de la vida y que no todo es como ellos desearían.

 

¿Qué le dirías a esos adolescentes que están escolarizados sin ninguna motivación por lo que hacen?

Les diría que si no les motiva lo que hacen, busquen lo que les motiva. En la vida pasamos mucho tiempo trabajando, para ser feliz es importante estar a gusto con lo que haces. A lo mejor ahora no les motiva la ESO, pero si pensamos en ser entrenador físico, actriz, psicólogo, peluquero o Dj, y sabemos cuáles son los pasos exactos a seguir para conseguirlo, la cosa puede cambiar.

 

¿Qué le dirías a aquellos profesores que se encuentran con diversas dificultades con sus alumnos en clase?

Cada caso es un mundo, cada profesor tiene su estilo a la hora de tratar con los alumnos. A mí me gusta el profesor que gestiona el aula de forma democrática, que tiene en cuenta las necesidades concretas de cada alumno y apoya y orienta a todos, que mantiene una relación cercana y de confianza pero que pone límites consistentes cuando alguno se pasa de la raya. Por lo que observo, estos profesores son los que consiguen mejores respuestas por parte de sus alumnos, que hasta les cuentan sus problemas personales, se motivan en sus clases y obtienen buenos resultados en la asignatura.