RESEÑA DEL MES: AHORA ME LLAMO LUISA

Luis y Martín son mejores amigos. Luis es un osito con pajarita. Es el fiel acompañante de Martín en todos sus juegos y aventuras. Hacen muchísimas cosas: Montan en bicicleta por el patio, plantas verduras en el jardín, comen sándwiches en la casa del árbol y meriendan en casa cuando llueve.

Un día de sol radiante, Martín busca a al osito Luis para salir a jugar al parque, pero, por desgracia, el pobre Luis estaba tan triste que no tenía ganas de jugar. El pobre Martín hacía todo lo posible para que Luis se pusiera contento, pero no servía nada.

Y es que a Luis le daba mucho miedo contarle lo que le ocurría. Temía que, si se lo decía, dejara de ser su amigo.

 

Pero lo más bonito, es la sencillez con la que Martín responde.

 

Este cuento es una historia sencilla de un tema que, los adultos, podemos llegar a hacer complejo. Este cuento habla de la transexualidad, pero también habla de la amistad, de la aceptación, de la validación emocional y de la empatía.

 

Aplicación en sesión

Este cuento, como todos, se puede utilizar como premio al final de una sesión, para evaluar la velocidad y exactitud lectora, la comprensión, etc.

Además, es un muy buen material para hablar de la singularidad de cada persona, de que todos somos diferentes independientemente de que la persona se sienta identificada con el personaje. Se pueden tratar las diferencias de otra índole como son la discapacidad física, Síndrome de Asperger, Dificultades de Aprendizaje… y cualquier otra etiqueta que haga que los niños se sientan diferentes al resto. De esta forma, se implicarán en la historia en tercera persona y, más tarde, se puede trabajar la idea de que todos y todas nos diferenciamos en muchas cosas.

Por último y de forma más previsible, se puede utilizar en cualquier caso de transexualidad. Tanto con la persona, como con los familiares y amigos.

Reseña del mes: La lección de August (Wonder)

Esta semana dedico la reseña del mes a un libro para público infantojuvenil pero que me ha robado el corazón. Cuántos libros para menores me están enseñando tantas cosas…

Hoy os hablo de “La lección de August (Wonder)”, el libro finalista a la mejor novela extranjera independiente de 2012.

August tiene 10 años y tiene un físico diferente al resto de la gente de su edad puesto que tiene parte de la cara deformada. Por este motivo, nunca ha ido al colegio y su madre se ha dedicado a enseñarle en casa. Este año es diferente para August, sus padres han decidido que podría ser positivo que se socializara con otros niños de su edad.

Durante toda la novela, August vivirá situaciones en las que adaptarse será más o menos difícil. Se expondrá a las miradas de aversión de sus compañeros, a descubrir que se puede jugar con otros niños, a soportar comportamientos desafortunados de algún que otro alumno y a confiar en que sus nuevas amistades son fieles tanto delante de él como a sus espaldas.

Lo mejor de todo es que cada cosa que podemos aprender leyendo esta novela, lo haremos mediante un lenguaje de humor y lleno de una ingenuidad adorable. Esto hará que nuestros corazones se abran y nos enamoremos plenamente del personaje.

La novela se estrenará en el cine este 2017, aquí os dejo el tráiler que, a simple vista, parece bastante fiel a la historia original.

 

Aplicación en consulta

Como ocurría con el libro de Momo, esta es una novela de una gran extensión como para leerlo de forma completa en las sesiones.

La forma de trabajo con esta historia se basa en la lectura en casa para trabajar, posteriormente, las ideas claras del libro: la diversidad, la integración, los valores de la amistad, la empatía, la aceptación de que las emociones desagradables existen en la vida de los pequeños, la capacidad de levantarse en los momentos difíciles, la importancia de tener un grupo de apoyo, la unión familiar…
Además, también se pueden recoger diversos párrafos o frases que sean significativos para la persona que lo lee y, de esta forma, trabajar las emociones que se remueven en nuestra parte más interna.

La introspección nos puede acompañar de forma divertida tanto con libros, como con series, películas y canciones. Utilicemos todas nuestras herramientas.

 

Acoso escolar: El problema que nos incumbe a todos (2ª Parte)

Hace unas semanas os hablaba del acoso escolar mediante el cuestionamiento de algunas creencias y os hablaba de las frases lapidarias. Si queréis leerlo, podéis hacerlo pinchando AQUÍ.

En esta ocasión, os complemento el post anterior con una información que nos puede interesar a todos. Podríais pensar: “vale, muy bien. Si mi hijo/a me cuenta que alguien le ha hecho algo en clase, creamos juntos un plan para defendernos… Pero ¿qué plan? ¿Cómo se hace eso?”. Por esta duda, totalmente razonable, os hablo de la forma de abordar el acoso escolar desde los centros. Es importante que los familiares sepamos qué derechos tenemos y qué posibilidades tienen los centros para ayudar con respecto a este tema.

Antes de todo, es muy importante definir el acoso escolar. ¿Cuándo empieza el acoso? ¿Un insulto es acoso escolar? ¿Si mi hijo se mete en alguna pelea es un acosador?

Según la definición de Cerezo en 2009, el acoso escolar es una forma de maltrato, normalmente intencionada, perjudicial y persistente de un estudiante o grupo de estudiantes hacia otro compañero, generalmente más débil, al que convierte en su víctima habitual, sin que medie provocación, dinámica de la que la víctima es incapaz de salir, acrecentando la sensación de indefensión y aislamiento.”

Por tanto, las características más significativas del acoso escolar harían referencia a:

  • Intencionalidad por parte del/de la acosador/a
  • Reiteración: agresiones repetidas
  • Relación asimétrica entre los afectados: hay un desequilibrio de poder entre ambos
  • Indefensión: La víctima presenta una baja capacidad para defenderse

Si, una vez tenemos en cuenta esta definición y características, consideramos que se está dando un caso de acoso escolar, el centro puede aplicar algunos recursos básicos:

  • RRI – El Reglamento de Régimen Interno, aquel que recoge los principios y normas de que regulan la convivencia del centro.
  • Plan de convivencia: Elaborar un plan de protocolo a seguir ante los posibles casos de acoso escolar.
  • Plan de acogida: Actuaciones dirigidas para la integración de nuevos alumnos en una clase o aquellos que llegan en el primer curso del centro.
  • PAT – Plan de Acción Tutorial: Mediante el PAT, el centro organiza los temas a tratar en las tutorías a lo largo del curso. En estas horas, los alumnos pueden recibir información sobre el acoso escolar, resolución de conflictos, empatía…
  • Comisión de convivencia: Grupo formado por profesores, AMPAS y alumnos para elaborar propuestas que mejoren la convivencia de los alumnos.
  • Aulas de convivencia: Son espacios alternativos a la expulsión de clase en los que se puede trabajar este tema.
  • Atención a la diversidad: Abordaje de las necesidades tanto en el ámbito educativo como el social mediante dinámicas que favorezcan la integración.

 

Dejando a un lado los recursos básicos mediante los cuales, los centros pueden abordar el acoso escolar, hay tres niveles de actuación.

Nivel primario

El nivel primario hace referencia a la prevención mediante la cual se incentivan las conductas contrarias al acoso escolar. Esta prevención se puede llevar a cabo en gran variedad de momentos: la asamblea de clase, el aprendizaje cooperativo, la hora de tutoría, mediación entre iguales, actividades comunes positivas…

Nivel secundario

Abordaje de conductas que pueden suponer el inicio de una situación de acoso. Para trabajar en este nivel, se puede hacer hincapié en dos procesos:

  • La ayuda entre iguales: Un alumno ayuda a otro compañero que lo pueda necesitar por diversos motivos: puede detectar conflictos tanto educativas como sociales y le ayuda a buscar soluciones. Esto supone formar una red social y de apoyo emocional para el alumno o la alumna que lo pueda necesitar. Además, esta relación enseña valores positivos para el alumno que ayuda.
  • La tutoría entre iguales: Un alumno de mayor edad, generalmente dos cursos por delante, es entrenado para ser guía y modelo para otros alumnos más jóvenes. Estos alumnos participan en dinámicas estructuradas y los conflictos entre los alumnos se tratan en presencia del profesor o profesora quien participa en la resolución de conflictos.

Nivel terciario

Trabajo a realizar cuando el acoso está claramente establecido. Este trabajo consiste en entrevistar al agresor y a la víctima, fomentar la implicación de los alumnos espectadores del conflicto y trabajar de forma individual a un nivel más concreto, junto a un trabajo colectivo general de sensibilización y en el que se fomentan las conductas prosociales.

Juntos podemos abordar los temas que suponen dolor a otras personas. Juntos; familias, centros escolares y menores, podemos abordar el acoso escolar.

Acoso escolar: El problema que nos incumbe a todos (1ª Parte)

Cada vez más, el acoso escolar se entromete en nuestra vida, en nuestras conversaciones, en nuestras televisiones y periódicos digitales. Cada vez somos más conscientes de que existe. Aunque es una verdadera lástima que lo oigamos debido a los fallecimientos de cada vez más adolescentes.

Por otra parte, ¡menos mal que por fin se habla de ello! El acoso escolar ha existido siempre pero con otro nombre: peleas fuera del centro, menores problemáticos, alumnos marginados… Siempre ha existido y siempre ha habido consecuencias terribles, la diferencia se basa en que ahora los medios se hacen eco y sensibilizan a la población.

A pesar de ello, como es costumbre de este país en el que la cultura y las creencias están muy arraigadas, falta mucho por hacer. Pero no solo falta por hacer en cuanto a la intervención familiar, en el centro o de forma individual. Queda mucho por hacer incluso con las creencias que perpetúan el comportamiento de la víctima. Son lo que yo llamo “frases lapidarias”. Estas frases se utilizan en muchísimos contextos, incluido el ámbito terapéutico. Hoy me centro en las frases lapidarias pasadas de generación en generación relacionadas con un comportamiento inadecuado ante los conflictos.

La primera frase lapidaria es aquella que dice: “Los niños tienen que arreglar solos sus problemas, tienen que aprender a valerse por sí mismos”. En principio, es una frase más que acertada ¿verdad? Pero, ¿qué ocurre cuando un niño pequeño, en los primeros cursos de Educación Infantil y Educación Primaria es objeto de burlas de vez en cuando? Siempre se empieza “de vez en cuando”, nunca se es víctima de acoso pasando de 0 a 100.

Un niño pequeño que recibe ataques de algún compañero dominante y no recibe alguna pauta de cómo actuar, puede optar por varias opciones. Hagamos una lluvia de ideas:

  • Puede contestar asertivamente (precisa de un nivel cognitivo algo complejo)
  • Puede contestar al ataque por medio de la fuerza física.
  • Puede pedir ayuda a un adulto.
  • Puede quedarse callado y aguantar el ataque haciendo que el agresor vea en él un “blanco fácil”.

Si tenemos claro que explicaríamos a un niño que la violencia no se combate con violencia y si no dudamos al pensar que tendríamos una charla con el pequeño si pega a otro niño. ¿Por qué no lo tenemos tan claro a la hora de darle alguna pauta para aprender a defenderse? No es lo mismo criar hijos autónomos que la idea de no proporcionarles la ayuda que necesitan con la justificación de hacerles independientes.

Es posible que un niño no sepa cómo actuar al recibir su primer ataque porque es algo nuevo para él. ¿Por qué no preguntarle qué podría hacer? ¿Por qué no pensar juntos un plan para la próxima vez que ocurra?

 

La otra frase lapidaria de la que quería hablar es la de “eres un quejica”. Algunos niños se pasan el día diciendo a los adultos: “mamá, el tete me ha quitado el juguete”, “papá, la tata me ha dicho que soy tonto”, “profe, Fulanito se ha colado”…

Cuando esto ocurre, es importante que recordemos lo mismo que he comentado anteriormente. Un niño no se queja de 0 a 100. Durante un periodo de tiempo que puede haber durado meses o años, ese niño al que se le llama quejica ha vivido situaciones que ha sentido como amenazantes y no se ha visto con las suficientes habilidades para hacerle frente.

Antes de llamarles “quejicas” o “llorones”, es conveniente que hagamos una evaluación de la situación con nuestra mente adulta. ¿Se ha acostumbrado a que los adultos le solucionen todo? Es posible. ¿Se enfada más que otros niños cuando algo no sale como él quiere? También es posible. Pero, ¿y si no ha conseguido estrategias para afrontar esos conflictos que, a su edad, le parecen terribles?

 

Es muy positivo para los niños que crezcan en un ambiente de autonomía e independencia. Pero, por favor, no convirtamos a la víctima en el culpable de su situación.