Lectura y educación emocional para niños mayores


El mes pasado empecé un nuevo tipo de post en el que os recomendaba varios libros sobre educación emocional. Este mes me complace contaros que he escrito un libro titulado “La pequeña gran Lucía”.

“La pequeña gran Lucía” es un libro recomendado para niños a partir de 9 años en el que se habla de emociones, autoconcepto, autoestima, empatía, acoso entre iguales y superación. En la historia, Lucía y Aletas vivirán aventuras en las que harán nuevos amigos como la mariposa Colorina y se encontrarán con personas no tan amigables como el malvado Furious.

El libro consta de 7 capítulos con diferentes preguntas referidas a cada capítulo para lograr una mayor profundización en cada aspecto que trata la historia.  Algunas de las preguntas que podéis encontrar son:
-¿Alguna vez te has enfadado con tus hermanos, primos o amigos? ¿Por qué?

-¿Por qué crees que los demás pingüinos no ayudaban a Aletas y permitían que se rieran de él?

-¿Conoces a alguien que se sienta menos inteligente, cariñoso, simpático, noble, etc. de lo que realmente es? ¿A quién?

– Ping se dio cuenta de que tenía miedo de algo que no era real, no era un monstruo. ¿Alguna vez has comprobado que tenías miedo de algo que no existía? Pon ejemplos.

– Aletas decía cosas malas de sí mismo (enano, rechoncho, inútil…). ¿Conoces a alguien que diga cosas así? ¿Lo has hecho tú alguna vez?

-¿Por qué crees que Furious hacía daño a los demás?
Estas preguntas hacen que el libro, además de leer de forma individual por mero entretenimiento, se pueda utilizar en clase, en dinámicas de grupo y en familia.

Con este libro, no solo pretendo fomentar la lectura en los niños más mayores, sino que mi intención va más allá, haciendo hincapié en la necesidad de trabajar la educación emocional avanzados los primeros cursos de Educación Primaria.

Hoy en día la sociedad se ha concienciado de la importancia de regular las emociones y de su influencia en el día a día, pero es cierto que este auge se ve reflejado, en mayor medida, en los cursos de E.Infantil o hasta los 6-7 años. Pero, ¿qué ocurre pasados los 8 años? ¿Qué pasa cuando los niños llegan a los últimos cursos de E.Primaria y durante su transición a Secundaria? Durante su crecimiento, los niños experimentan diferentes vivencias y maduran con sus propias herramientas, muchas de las cuales quedan obsoletas ante problemas totalmente nuevos que acompañan a cada etapa evolutiva. Es por esto, por lo que creo totalmente necesario hacer énfasis en una educación emocional continuada en el tiempo y adecuada a cada edad. Este fue uno de los grandes motivos por los que escribí “La pequeña gran Lucía”.
Si queréisleer los dos primeros capítulos del libro, podéis hacerlo haciendo click en el siguiente enlace: http://publicatulibro.ojosverdesediciones.com/index.php/proyectos/8-libros/4-la-pequena-gran-lucia o haciendo click AQUÍ.
Espero que os guste la historia y el motivo. Espero también que pronto volvamos a saber de él ;).

Carta a mi miedo al abandono

Esta semana comparto con vosotros una carta muy interesante. Esta carta la ha escrito una persona que tiene miedo al abandono y, desde su perspectiva, podemos empatizar con estas personas desde un punto más personal e íntimo dejando a un lado todas las descripciones negativas que se cuentan sobre aquellos que sufren este miedo tan potente y desolador. La carta dice así:
 
 
Hola, llevaba tiempo sin saber de ti. Parece ser que eso te ha molestado y ha hecho que vuelvas a mí con fuerza. Imagino que abandonarte cuando eres el miedo al abandono, no te ha hecho ninguna gracia.
 
He vuelto a sentirte como un gran nudo en mi pecho que me oprime. Como si no cogieras dentro y estuvieras empujando mi diafragma hacia abajo. Siento que tu miedo a que me olvide de ti consigue que te hagas grande e intenso para llamar mi atención y, cuando lo consigues, eres tan grande que me cuesta pensar en otra cosa.
 
He de decirte que me resulta muy difícil luchar contra ti. Cuando eres tan fuerte pero estás tan feliz de que te haga caso y te cuide, me das un chute de energía tan grande que no quiero olvidarte nunca. Sólo tú me proporcionas ese sentimiento tan gratificante.
 
El problema viene cuando te asustas. Te asustas tanto que me asustas a mí y no puedo ver con claridad cuáles son las distintas posibilidades de solucionar el problema. Me hundo contigo, me atrapas, me haces sentir tanto que anulas cualquier pensamiento racional que pueda tener al respecto.
 
Es entonces cuando la gente empieza a definir mi comportamiento (porque es lo único que ellos pueden ver). Me analizan, me describen y empiezan a escribir en distintos manuales y páginas en Internet que me convierto en una persona pegajosa, asfixiante e incluso manipuladora. Me da tanta rabia que me vean así… Y en cierta parte, sé que puedo convertirme en eso. Por eso te escribo hoy, para decirte que no me gusta que me hagas ser así. No quiero ser así por tu culpa.
 
He estado leyendo, escuchando y aprendiendo. He entendido que tú naciste en mí desde mis experiencias tempranas, cuando mis figuras de apego no consiguieron darme la seguridad que necesitaba. A veces me atendían y a veces no. Y, como dicen por ahí, si me hacen caso siempre, mi necesidad se cubre más rápido que si me dan aquello que necesito gota a gota. Y, en mi caso, solían hacer lo segundo.
 
Otras personas dicen que el problema viene cuando las figuras de protección son las mismas que las que nos hacen daño. Quizá cuando era pequeña y tenía un problema, acudía a pedir ayuda a mis figuras de protección pero, justo en ese momento, eran las que me hacían daño y esto me provocaba una emoción tan intensa que no podía pensar otra posible forma de solucionarlo, conviviendo con esa intensidad negativa durante un largo período de tiempo.
 
Con todas estas explicaciones quiero decirte que ya sé por qué me quieres tanto. Ya sé por qué te gusta vivir en mí. Cuando pienso esto más de una vez y tú estás medianamente tranquilo, me ayudo a mí misma a poder reaccionar cuando estás en esa versión rebelde que tanto me mata. No consigo que dejes de hacerme daño pero dejo de hacer todos esos comportamientos que la gente ve y con los que me describen como parte de un trastorno. ¿Sabes por qué pasa esto? Porque con estos motivos te ayudo a que te entiendas tú también. Te ayudo a saber que naciste por una necesidad que no se cubrió en su momento y que estás en un bucle del que no sabes que puedes salir, pero puedes salir porque esa necesidad en la actualidad es irreal. Ya no dependes de nadie tanto como cuando eras pequeño. Ya no necesitas comprobar que no te van a abandonar porque eres capaz de vivir por tu cuenta. Puedes vivir sin mí.
 
Por tanto, sólo quería que supieras que esta no será mi última carta, no te preocupes. Te escribiré otra vez, pero será para contarte cómo conseguí dejar de vivir contigo. Me has acompañado durante mucho tiempo y me has ayudado a poner en marcha herramientas cuando no tenía otras. Pero ahora, ya de adulta, creo que nuestros caminos se pueden separar. Espero que te vaya muy bien en la vida y recuerdes lo que vivimos juntos, pero también espero que seas feliz sin mí al igual que yo aprenderé a serlo sin ti.
 
 
Un beso,
 
 
La persona que ha puesto voz y actos a tus sentimientos durante tantos años.

 

No me hables que no te veo

Este martes colgaba en la  página de Facebook un artículo muy interesante de Eduard Punset en el que hablaba de lo mucho que hablamos las personas y lo poco que escuchamos. Un fragmento de su artículo dice así:
“Aquí, casi todo el mundo tiende a explicar las razones por las que merecería estar en los altares; los argumentos esgrimidos frente a los que no quieren escuchar nuestro discurso […] Muy pocos quieren, por el contrario, escuchar a los demás. Éste es un país en donde no interesa lo que piensan los otros porque lo único que cuenta es aquello de lo que uno está convencido.”
 
¿Habéis sentido alguna vez que la persona con la que intentáis hablar siempre consigue que el tema que has iniciado acabe siendo alguna experiencia suya? ¿Conocéis a alguien que acapara las conversaciones y realiza monólogos a pesar de que los demás no le sigan preguntando? Quizá os ha ocurrido que mientras intentáis contar una cosa, la misma persona os interrumpe una y otra vez. Seguro que sí.

Esas personas no escuchan porque, simplemente, no les importa lo que vayas a contar. Pero hay personas que no sólo no escuchan sino que hablan, hablan mucho y de ellos mismos (de su infancia, de conocidos suyos que están en la misma situación, de que “justo eso me pasó hace unos días”… y así muchísimos temas más, siempre y cuando sean ellos los protagonistas de la historia). Son presos de su propio narcisismo y, por tanto, ni siquiera son conscientes de que es observable para su interlocutor que lo que le está contando no le interesa.

Por el contrario, seguro que también os habéis topado con ese tipo de personas con los que os sentís muy bien. Tanto como para contarle cosas que no creeríais que fuerais a decir. Esas personas con las que podéis hablar y hablar sin sentiros pesados ni juzgados. Seguramente, esas personas practican la escucha activa. No hace falta ser un profesional de la comunicación para escuchar activamente. Para ello, sólo es necesario tener en cuenta algunos principios básicos que, en muchos casos, son inherentes a cada una de las personas.

Lo primero de todo es tener una actitud positiva, o lo que es lo mismo, que os apetezca escuchar a esa persona en ese momento. Ni más, ni menos. Lo siguiente (algo más difícil para algunos) es alejarse de las propias opinones, emociones y, muy importante, de los prejuicios. Si estamos pensando en “la tontería que acaba de decir este tío”, difícilmente podremos escucharle con atención. Otro aspecto muy importante es la empatía. Al entender cómo ve el interlocutor el tema del que está hablando podremos captar con más detalle diferentes opiniones y perspectivas. Además, si somos capaces de empatizar con el otro, estaremos alejándonos de nuestro narcisismo durante ese momento. Y, por último, si queréis que vuestro interlocutor sepa que le estáis escuchando, no tenéis más que mirarle. Mirar es escuchar la comunicación no verbal. Por tanto, si escuchamos y miramos, estaremos escuchando al 100%.
 
Como se puede observar, escuchar activamente está al alcance de toda persona humana. “Solamente” hemos de querer hacerlo y eso… eso sí que es más difícil.