“Juegortografía”: Aprendiendo la ortografía mediante el juego

Esta semana centro el blog en una actividad psicopedagógica y divertida: el aprendizaje de la ortografía en E.Primaria mediante un juego de mesa.

Durante los cursos de Primaria, los niños y niñas empiezan a estudiar las reglas de ortografía. Al principio, puede ser algo complejo estudiar la teoría y aplicarla a la escritura durante los ejercicios y exámenes. Además, tras su estudio, se espera de ellos que recuerden las reglas ortográficas una vez han cambiado de tema y superado ese nivel. Este es un proceso que puede suponer una gran dificultad, sobre todo, para alumnos/as con dislexia o déficit de atención.

¿Cómo podemos aprender las reglas de ortografía sin morir de aburrimiento? Para ello, he creado “Juegortografía”. Juegortografía está basado en un video de youtube de guiainfantil. Tras descubrir la idea original, hice algunos cambios que consideré oportunos para aplicarlo con una niña con Trastorno de Aprendizaje y Déficit de atención. Como siempre, cada niño es diferente y las normas del juego dependerán de su motivación y su forma de aprendizaje.

Juegortografía tiene los siguientes materiales:

          Un tablero impreso en Word y plastificado con imágenes de la web de ortografía ideovisual de la editorial Yalde, un método con el que yo aprendí y que me encanta para trabajar la ortografía en la actualidad.

          Fichas con palabras y reglas ortográficas plastificadas en las que cada letra corresponde a un color.

Funcionamiento del juego:

Los jugadores, cada uno con su ficha (de otro juego, recortadas, etc.), se preparan en la casilla nº 1 en la que está escrito “Preparados, listos… ¡ya!”.

Las fichas se reparten en diferentes mazos, mezcladas. Cada jugador tiene un mazo diferente, con las fichas colocadas hacia abajo para que nadie (ni el propio jugador) pueda ver su contenido.

El primer jugador en salir debe elegir cuál de los otros jugadores leerá su ficha (de esta forma, el jugador elegido también repasará la información al leerla).

El jugador que tiene la ficha, leerá la palabra correspondiente y el jugador que responde, debe deletrear adecuadamente la palabra. Pasos:

– Si no acierta: Se queda en la misma casilla hasta el próximo turno.

– Si deletrea bien la palabra: Adelanta una casilla.

– Si deletrea bien la palabra y explica adecuadamente a qué regla ortográfica hace referencia: Adelanta dos casillas.

– Si deletrea bien la palabra, explica la regla ortográfica y dice las excepciones: Adelanta tres casillas. *En las fichas pone palabras rebeldes en lugar de excepciones porque me parece más cercano al lenguaje de los niños durante un primer acercamiento*.

Gana el primer jugador que llegue a la meta.

Os dejo el tablero para que podáis descargarlo. Las fichas las hice en un PowerPoint a diapositiva por ficha. Imprimí 6 fichas por folio y se me quedaron a un tamaño similar a las fichas de cualquier juego de mesa. En mi caso, estaba trabajando la b/v, g/j y h. Estas fichas se pueden ir ampliando en función del grado de dificultad que queráis añadir o la regla ortográfica que queráis trabajar.


Espero que os sirva de ayuda. Si lo utilizáis, no dudéis en escribir y contarme qué tal la experiencia.



Cómo enseñar a los hijos a afrontar las críticas de sus iguales

En algunas ocasiones, los niños pueden llegar a casa después del colegio afirmando que un niño o una niña de su clase se han metido con ellos. Generalmente dejamos pasar esta situación porque, si son hechos aislados, pueden ser cosas de niños y así no se genera mucha importancia alrededor del tema. Pero, ¿qué ocurre si la crítica se hace continua y nuestro hijo o nuestra hija nos demanda ayuda para solucionar el problema? Hoy os doy unos pasos introductorios para abordar este tema.

Para empezar, es de vital importancia dar mucho apoyo, amor y contrarrestar la emoción desagradable de esa situación. Hacer determinadas preguntas para evaluar sus herramientas: ¿Qué te ha dicho? ¿Por qué crees que te lo ha dicho? ¿Qué has hecho tú?

Como ejemplo, os cuento la historia de Pablito: Pablito llegó triste a casa después del colegio porque sus compañeros de clase se habían reído de sus grandes orejas. Su padre, sentó a Pablito en las rodillas y le dijo: ¿Tú no sabes que en esta familia, además de las orejas, tenemos algo más grande que el resto?

Con tono de humor, esta historia nos enseña cómo, reforzando los puntos fuertes del menor, es posible conseguir que no le afecten las críticas ajenas. Cada vez que se rían de las orejas de Pablito, éste recordará que no es lo único grande que tiene.

Siguiendo esta historia, ante una posible crítica como “eres raro/a”, el niño puede responder “sí, soy diferente, pero mi corazón es más grande que el tuyo porque yo doy amor y tú no”. De esta forma, la persona que critica se puede quedar bloqueada delante de los demás niños que, anteriormente, reían ante todas las críticas que hacía.
Si hemos probado lo anterior pero no surge efecto porque el acosador o la acosadora llevan al límite las críticas, se puede aprovechar la situación en la que el niño se queja a su madre para darle otras herramientas. Estas herramientas son:

  • Ante la crítica:
    • Para
    • Respira
    • No llores delante del acosador
    • No pegues, ni insultes, ni amenaces…
    • No esperes a que el problema se resuelva solo, pasa a la acción

  • Si sientes fuerzas para responder, responde con preguntas:
    • ¿Por qué me haces eso?
    • ¿Te he hecho yo algo?
    • ¿Es que estás enfadado/a conmigo?

  • Si no sientes fuerzas para responder:
    • Aléjate si no te sientes seguro/a
    • Ten un grupo de amigos, los acosadores no son tan valientes como parecen
    • Pide ayuda a un adulto (profesores, familia del acosador, tu propia familia…)
Si, después de estas herramientas, el problema persiste, puede ser conveniente hablar con el/la tutor/tutora para informarle de la situación, preguntar si existe alguna medida posible a nivel del centro educativo y pedir ayuda profesional para evaluar el estado anímico de la víctima y trabajar, si es necesario, sus habilidades sociales.

Niños con dificultades de aprendizaje, eternos olvidados


Hoy vengo a hablar de los Trastornos de Aprendizaje y el sistema educativo. Hoy salgo de mi postura de observadora y me lanzo a opinar. Necesitamos un cambio, nuestros niños están sufriendo.

Antes de todo, creo que es necesario que defina lo que son los Trastornos de Aprendizaje.

La definición más utilizada de trastorno del aprendizaje (TA) es la incapacidad persistente, inesperada y específica para adquirir de forma eficiente determinadas habilidades académicas (ya sea lectura, escritura, cálculo, dibujo, etc.), y que ocurren a pesar de que el niño tenga una inteligencia normal, siga una escolarización adecuada y su entorno socio-cultural sea favorable”


Hay varios tipos de TA
Dislexia: problemas para la comprensión, fluidez y precisión lectora.
Disgrafía: problemas en la escritura.
Discalculia: problemas para la adquisición de conceptos numéricos y para la aritmética.
No especificado
Si observamos bien, estos tipos de trastorno afectan directamente en la forma en la que el sistema educativo asienta sus bases.En el momento en el que un niño o una niña presentan problemas para leer o escribir, su capacidad para realizar las actividades diarias y para estudiar los exámenes perjudica notablemente los objetivos a conseguir.
Cada vez más, nos encontramos casos como estos en las aulas y, en las mejores ocasiones, los niños y niñas pueden optar a unas cuantas horas de apoyo (totalmente insuficientes para su dificultad). Si nos ponemos en el lugar de los educadores y pedagogos, puede ser comprensible que, ante el alto nivel de niños en cada curso, se vean sobrepasados para atender a todos los niños de forma individual. Cabe destacar que no siempre se da un abordaje deficitario con estos niños. Depende de la motivación de los profesores y de la cantidad de niños con TA dentro de una misma clase entre otros motivos.  Pero, en los casos en los que no se trabaja adecuadamente con estos niños, ¿de verdad es tan difícil mantener el contenido de las asignaturas pero cambiando la forma?
Si en clase hubiera un niño o una niña con una discapacidad visual, nos parecería obvio adaptarle los exámenes y ejercicios a un formato oral. Si nos encontráramos ante un niño con dificultades auditivas, no habría ningún problema en enfatizar su enseñanza de forma visual. Y si un profesor de Educación Física se encuentra con un alumno o una alumna que hace su clase en silla de ruedas, sabría que necesita adaptar sus ejercicios para esa persona en concreto.
¿Por qué no podemos hacer lo mismo con los Trastornos de Aprendizaje? ¿Tan difícil es? ¿No es posible hacer exámenes orales a quien le cuesta escribir? ¿No se le puede hacer una adaptación curricular no significativa a un alumno que tarda una gran cantidad de tiempo en hacer los ejercicios, mandándole los más importantes y sin necesidad de que tenga que exigirlo de forma continuada la familia o un profesional ajeno al centro?
Los niños con Trastorno de Aprendizaje sufren por una mala gestión en los centros escolares. Pasan en las aulas una gran cantidad de horas diarias y, por consiguiente, una grandísima cantidad de tiempo durante los 16 primeros años de vida. Además de en casa, los niños forman su identidad en el colegio junto a sus amigos y junto a su desempeño académico en el que la familia hace tanto hincapié. 
Estos niños ven que no consiguen adecuarse al ritmo de su clase, creen que no llegan, que no son aptos y que no sirven para lo que están dedicando una gran parte de su vida. En el peor de los casos, el desconocimiento por parte de las familias, puede multiplicar estos sentimientos negativos, creyendo que su actitud es negativa, que no quiere estudiar, que pone excusas y poniendo continuos castigos por su “mala conducta”. 
Estos niños se frustran, se comparan y sufren aun teniendo un rendimiento intelectual medio simplemente por el hecho de no adecuarse a un método de enseñanza que se basa en métodos en los que encuentran dificultades de origen neurológico y, por tanto, no han decidido experimentar. ¿De verdad vamos a dejar que niños inteligentes minen su autoestima solo por la forma en la que se aprende? ¿De verdad vamos a condicionar de forma nefasta su futuro? Esto pasa señores y señoras. Pasa de verdad.
Les veo y me frustro como ellos. Les veo y me niego a que nadie les de voz.

¿Eres de los que empollan o de los que aprenden?


Durante toda la vida, los roles en clase han sido siempre los mismos. El alumno que tiene muchos amigos, el que destaca por su faceta de deportista tanto dentro como fuera del colegio, el que suspende todo porque no trabaja, el que suspende aunque se esfuerza mucho y, cómo no, el alumno o alumna que saca muy buenas notas y luego se le olvida lo aprendido y la persona que estudia, aprende y retiene para su día a día.
En muchas ocasiones, el método de estudio que prima en los colegios e institutos es el de leer, repetir, aprender, “vomitar” en el examen y olvidar. ¿Para qué nos sirve esto? Para nada. ¿Por qué ocurre? Porque no se motiva a los estudiantes sino que se les enseña que deben aprender “porque sí, porque es lo que debe ser” tal y como un adulto podría justificar su opinión con un “porque lo dice tu padre/madre”.
A los niños se les enseñan cosas sin preguntarles previamente qué opinan ellos, cómo pueden averiguar determinadas cosas (pueden preguntar a los familiares, a los amigos, buscar en internet y en libros, ver si hay diferentes opiniones al respecto…). Las personas aprendemos cuando tenemos una necesidad. Si cuando somos bebés tenemos sed, señalamos el agua y los adultos nos la dan, aprenderemos que señalando, aun sin haber aprendido a hablar, conseguiremos saciar nuestra sed. Si para comprar chuches necesitamos saber cuánto cuestan, cuánto dinero llevar encima y si nos deben devolver, entonces aprenderemos que el cálculo mental es necesario en nuestra vida para resolver aquellos problemas que realmente nos importan cuando somos pequeños. Y para los adolescentes, es aconsejable que aprendan a planificar a largo plazo cómo van a ahorrar para comprarse el último modelo de Android que tanto quieren.
¿Este tipo de aprendizaje depende del colegio o de las familias? Del trabajo conjunto. En el colegio se puede aprender de esta forma en los cursos más básicos como Educación Infantil y Primaria. Ya en Secundaria, debido a la gran cantidad de contenido, es probable que muchos profesores se vean agobiados por la falta de tiempo. Por otro lado, no sirve de nada que los profesores intenten motivar a sus alumnos si en casa no fomentan la curiosidad y la autonomía de sus hijos. El adolescente que planificaba ahorrar para comprar su móvil puede no necesitar hacerlo si sus padres se lo compran todo sin ningún sacrificio para el menor. El alumno de Primaria que quiere aprender a comprar chuches él solo puede sentir que no necesita saber hacerlo con el pensamiento de “a mí es que me lo compran mis padres”.
Pero no solo los niños pueden aprender en lugar de empollar. También los adultos estamos a tiempo de aprender de verdad, de aprender significativamente. La vida está llena de aprendizajes continuos a nivel interpersonal, laboral y emocional.
¿Y tú? ¿Empollas o aprendes? ¿Ayudas a que los pequeños empollen o aprendan?