30 AÑOS ¿Nos agobiamos o lo normalizamos?

Este 2019 es un año en el que muchas personas de mi alrededor cumplen 30 años. A pesar de que no sea una edad avanzada para muchos, lo cierto es que el cambio de década, cualquiera que sea, puede provocar en la persona un momento de análisis e introspección de sí misma y de su vida.

Es la llamada “Crisis de los 30”. Pero… ¿qué supone, realmente, la crisis de los 30? A pesar de que cada persona es diferente, hay ciertos aspectos generalizados a cada etapa de nuestra vida. Si a los 20 años hay personas que empiezan a trabajar y otras siguen estudiando, es a los 30 cuando sentimos la presión de “la sociedad”. De esa madre, de ese abuelo o de esos tíos que te indican la importancia de tener un trabajo estable, un sueldo digno (aunque para eso tenemos que pelearnos con altas esferas), una casa propia y empezar a formar una familia. Porque ya sabéis… la edad, el riesgo en el embarazo…

Cuando sucumbimos a esa presión social, podemos cometer el error de plantearnos si nuestra vida cumple las expectativas que nos pusimos hace años. ¿Por qué es un error? Porque justo después de recibir esa presión social, quizá no estamos valorando la vida que tenemos en función de nuestros gustos e intereses sino tal y como nos indican desde fuera.

Además, debemos tener en cuenta que el tiempo pasa y nosotros cambiamos con él. Por lo que, sin darnos cuenta, podemos haber cambiado de prioridades y necesidades en nuestra vida y valorar nuestros objetivos cumplidos en la actualidad desde la mirada de los 20 años, puede no ser realista. ¿Cuántas veces de pequeños quisimos ser astronautas, cantantes o futbolistas? Si todos valoráramos nuestra vida en función de esos objetivos puestos con menos de 10 años… ¿Cuántas de nosotras no habríamos cumplido con nuestra “misión”?

Por otra parte, ¿quién dictó que las crisis deben ser cada diez años? ¿Por qué no esos momentos de introspección cada 5 años o cada 25? Las crisis por década son algo cultural, por lo que lejos quedan de una valoración racional e interna.

Por tanto, yo os invito a valorar vuestro día a día por lo que conseguís y avanzáis y no por la edad biológica. Hay personas que con 25 años ya tienen hijos, por lo que su estilo de vida no tendrá nada que ver con una persona que tenga 30 años y su prioridad sea el trabajo por encima de tener pareja o cualquier otro aspecto lejos de su identidad laboral.

El día a día no se define por los años que cumples sino por los hitos de vida que consigues.

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