PENSAMIENTOS DE UNA ADOLESCENTE: El aislamiento, a mi edad, no es fortuito

Hay veces que en las clases solo nos fijamos en qué pasa durante la hora que dura cada asignatura. Los profesores explican, se corrigen los deberes, algunos hacen preguntas, otro mientras están hablando con la persona de al lado… Y en realidad, eso es lo que pasa si nos referimos a qué podemos ver dentro de las clases. El caso, es que hay muchas más cosas que no se ven de las que sí se ven. Por ejemplo: unos estarán pensando qué harán por la tarde, otras pensarán lo aburrida que es la clase, otros cuantos estarán poniendo caras de interesantes porque el/la profesor/a les está mirando etc. Pero me quiero centrar en algo que va mucho más allá de pasar siete horas en un instituto.

Para empezar, al instituto no se va únicamente para estudiar, de hecho allí no se estudia, solo atiendes y lo que pilles de las explicaciones, después en tu casa le dedicarás cinco horas más para estudiarlo. En general, la motivación que muchos tienen de ir al instituto es estar con las amigas y amigos, contarles lo que te pasó ayer y entablar ese tipo de relación que es necesaria para sentirte acompañada durante esas siete horas diarias, cinco días a la semana.

En cuanto a lo que estaba diciendo que en una clase pasan muchas más cosas de las que vemos, aquí viene una mucho más compleja de lo que parece (desde mi punto de vista) y a la que nadie, salvo la persona que la vive, le presta demasiada atención. ¿Alguna vez habéis experimentado una sensación igual a la de entrar a un sitio y sentir que no encajas con nadie? Si lo habéis hecho, sabréis que mínimo te sientes incómoda. Si sigues teniendo la misma sensación durante más tiempo, empezarás a pensar que no deberías estar ahí porque eres “rara” o no cumples con las expectativas que esperan de ti para poder pertenecer al grupo.

El problema viene cuando esta situación se va alargando. Antes te relacionabas con algunas personas, a pesar de que ello te supusiera un esfuerzo, intentabas buscar cosas en común para ganarte su confianza y al menos pasar los nueve meses de curso en condiciones… Pero cuando te das cuenta que no cuentan contigo y que no te consideran una más, entonces te vas alejando para no sentir que eres un estorbo.

Es verdad que a veces, alguien te llama, te escribe o en la misma clase se acerca a ti, y cuando eso está pasando te sientes mejor. El tema cambia cuando lo que quieren es que les resuelvas una duda, les expliques algo, o les dejes los deberes. Entonces, piensas que solo te quieren por conveniencia. En realidad, lo piensas porque es lo que de verdad sucede.

Al principio te retiras un poco pero sigues intentando encontrar a alguien que te acepte. Cuando el tiempo va pasando y te das cuenta que cada día importas menos y que te van olvidando, sucede algo tan simple como que te cierras a todo. Porque, ¿de qué sirve seguir intentando algo que es imposible?

Lo que más rabia da, es que hasta que no te ven muy muy mal o das alguna señal, nadie hace nada, ni siquiera se interesan por ti. Por si no se había entendido, hablo de los profesores. Por no hablar del equipo de orientación. Según estos, “son épocas y no es para tanto” o “no le des más importancia de la que tiene”. Esta última me encanta. ¿Me vas a decir la importancia que le tengo que dar yo a las cosas? Todo esto me lleva a una única conclusión: solo podrás contar con el apoyo de los que siempre han estado. Tu familia.

Al final no todo es tan negro, te haces esa coraza de pasar de la situación y con ayuda aprendes a sobrellevarla. Además, te aferras a la idea de que eso te hará madurar (o eso dicen…) aún que yo creo que te sirve para valorar más a las personas y a no cometer el error de hacerle lo mismo a alguien.

 

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

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