MI PEQUE DICE PALABROTAS: El bote de las palabras

Una tarde de domingo estás en casa descansando mientras tu peque juega tranquilamente en su habitación. De repente, escuchas: ¡Joder! ¡Hostia! Y la cara se te petrifica pensando:

¿Es cierto lo que he escuchado? Ya no lo ha vuelto a repetir. No, no creo. Me lo habré imaginado yo. Habrá dicho “jolín”, “ostras”.

Pasa una semana y el suceso ya lo habías olvidado hasta que el fin de semana siguiente vuelves a oír: ¡Joder!

Ahora sí que sí. Ya sabes que no eran imaginaciones tuyas. Tu hijo/a dice palabrotas. ¿De dónde las habrá sacado? Ese es el primer punto de partida.

¿Decís en casa esas palabrotas o las ha oído fuera? ¿De quién las ha aprendido? ¿De alguien con quien podamos hablar del tema o gente desconocida con la que no podemos pactar un acuerdo? Dependiendo del origen, se podrá utilizar o no, el ejemplo como arma de destrucción ante las palabrotas adquiridas.

Si la palabrota forma parte de un insulto hacia otra persona, es aconsejable explicarle que esas palabras pueden hacer daño a los demás y fomentar la empatía haciéndole ver cómo se siente la gente cuando las recibe.

Si, como suele ocurrir en la infancia más temprana, las palabrotas se dicen como forma de expresión sin ninguna connotación negativa, se puede mostrar una actitud intermedia entre no darle demasiada importancia y no reír. De esta forma, evitamos atender al niño ante esa conducta inapropiada de forma positiva y negativa.

Pero, como en cualquier ocasión en la que no queremos que haga o diga algo que no consideramos apropiado, debemos proporcionarle una alternativa para dar salida a su necesidad de expresión. Podemos cambiar la palabra “joder” por “jopé”, “hostia” por “ostras”, etc.

Si las palabrotas surgen como método de mostrar el enfado, podemos darle una pauta explícita. Podemos guiar su expresión con una frase ya formulada “estoy enfadado porque quiero seguir jugando” o “me molesta tener que apagar la tv”.

 

También se puede abordar el tema mediante manualidades hechas de forma individual o en grupo (aconsejable para que surja más efecto). Los peques junto a los mayores podéis elaborar “El bote de las palabras” en las que haréis papelitos de colores con palabras alternativas como “jolín”, “jopé”, “recórcholis”, “folis”, “vaya”…
Cada vez que alguien de la familia (si, los mayores también, el ejemplo es lo primero) diga una palabrota, se coge un papel del bote y se lee la palabra para hacer el cambio de una por la otra. En caso de niños muy pequeños, pueden leerlo los otros familiares junto ellos.

Una vez iniciado “El bote de las palabras” es muy importante que se refuerce a los/as pequeños cada vez que elijan decir una palabra adecuada sin necesidad de decir la palabrota primero. De esta forma, evitamos que digan palabrotas a propósito como estrategia para ir a por el bote a coger un papelito.

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