El símil de la urraca

Esta semana os hablo del símil de la urraca.\r\n\r\nVivo en el campo (más o menos) y desde hace un mes aproximadamente, las urracas se hacen notar por toda mi casa. Ha llegado la época en la que nacen sus crías y todavía no saben volar. Para salvar a su descendencia de todos los posibles peligros, las urracas adultas se pasean por el suelo gritando sin parar y a un volumen bastante alto, a todo lo que se mueva y consideren que pueden asustar (en mi caso, dos gatas).\r\n\r\nEn el 90% de las ocasiones, mis gatas duermen la siesta tranquilamente bajo un naranjo o un almendro, disfrutando de la sombra y el poco aire que pueda hacer en Alicante a estas alturas. Aun así, las urracas se ponen relativamente cerca y les chillan una y otra vez durante horas con el único objetivo de conseguir que se alejen del perímetro que ellas consideran cercano a sus crías (a veces ese perímetro me parece algo exagerado, quizá las urracas son seres precavidos).\r\n\r\n\r\n\r\nCon todo esto, ¿a dónde quiero llegar? Al parecido con los seres humanos. ¿Os ha pasado alguna vez o conocéis a alguien que, cuando divisa una “posible” amenaza (no segura), en lugar de proteger lo que teme, ataca a lo que tiene miedo?\r\n\r\nLas personas nos preparamos para atacar o para huir cuando nos sentimos amenazados. Esta herramienta instintiva nos permite sobrevivir cuando estamos ante un peligro real. Pero… ¿qué pasa cuando el peligro no es real puesto que no es seguro? ¿Qué nos ocurre cuando tenemos miedo de que algo pase sin la certeza de que vaya a ocurrir? ¿Qué hacemos entonces? Algunas personas huirán “por si…”, otras atacarán por el “y si…”, otras se bloquearán y otras no actuarán hasta que consideren la realidad de ese miedo.\r\n\r\nMuchas personas, al igual que las urracas, deciden que la mejor opción (o la única en su repertorio) es atacar a quienes consideran peligrosos “por si” su vulnerabilidad se destapa. Se pasan los días gritando, chillando, criticando, infravalorando, menospreciando, etc. a esas personas que, por alguna razón, consideran una amenaza. Las personas-urracas, por mucho que les pese, no atacan a quien consideran indiferente, sino a quienes ven más preparados, más queridos, mejor relacionados, más felices, mejor “algo”.\r\n\r\nY con los hijos no es nada diferente. En España hemos pasado de la frase “si tu profesor te ha castigado razón tendrá” a “voy a decirle cuatro cosas a ese profesor”. Hemos pasado de invalidar a los niños a “salvarlos” de cualquier amenaza atacando a quien atenta contra su autoimagen.\r\n\r\n¿Qué os parece si nos dedicamos a aprender a volar y a enseñar a volar a quienes queremos en lugar de chillar a los gatos que duermen la siesta bajo un árbol?\r\n\r\n\r\n\r\n 

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