Reseña del mes: Rescate animal (Patrick George)

El libro que os enseño hoy es un libro diferente. Es un libro que no se puede leer porque no tiene letra pero con el que podemos aprender una gran lección.

Se llama Rescate animal, de Patrick George.

En este cuento no tenemos una única historia. Tenemos historias diferentes en cada página, que se unen por un hilo temático principal: El respeto hacia los animales.

 

En él, podemos ver a:

  • Un tigre en forma de alfombra o a un tigre saltando en la selva.
  • Un elefante en el circo o con su hijo/a en la sabana.
  • Un ciervo colgado como un trofeo encima de una chimenea, o en el bosque con otros ciervos.
  • Una tortuga atrapada en una red de pesca de arrastre o libre en una playa.
  • Muchas gallinas hacinadas en una nave o unas cuantas gallinas libres en el prado.
  • Unos zapatos de piel de cocodrilo o a un cocodrilo disfrutando en una charca.
  • Un oso entre rejas en un zoo o al mismo oso al lado de su pequeño/a en su hábitat natural.
  • Una sopa de aleta de tiburón o un tiburón con su aleta.

 

Y un montón de casos más que, solo mediante la imagen, nos pueden hacer reflexionar en más de una ocasión.

 

¿Cuál es la particularidad de este libro? Que contiene páginas transparentes con las que se realiza el juego de cambiar los animales de un sitio a otro, de una situación desagradable a un entorno agradable. Lo podréis entender mejor si veis este vídeo:

 

Aplicación en sesión

Este libro es uno de mis preferidos para acercar a los más pequeños a la lectura o a aquellos que sienten aversión por leer. ¿Un libro sin letras que solo divierte y no me supone esfuerzo de lectura ni atencional? ¡Adelante! ¡Quiero verlo!

BATALLAS CORRIENTES: Kárate, beneficios físicos y mentales para pequeños y grandes

Marco es informático y vive en Madrid, aunque su lugar natal es San Vicente del Raspeig (Alicante). También es cinturón verde y lleva practicando kárate 2 años. Tras este tiempo, ha podido observar las consecuencias que el kárate ha tenido en su cuerpo y en su mente. Hoy nos transmite su experiencia.

¿Qué es lo que te impulsó para empezar a practicar kárate?

Hola Mónica, pues te cuento. De pequeño, cuando iba al colegio, hice un año de kárate como actividad extraescolar, lo típico que te apuntan tus padres para que hagas algo al salir del cole, haces ejercicio y además te sirve para aprender a defenderte. Pero bueno, pasé al instituto y lo terminé dejando.

Y ya hace dos años, un compañero del trabajo me comentó que el entrenaba kárate y me invitó a probar una clase con él, y siempre he tenido esa inquietud de no haber continuado.

Pues bien, fui, y me enganché.

 

El entrenamiento en kárate supone también un entrenamiento en determinados valores. ¿Cuáles son esos valores?

Mis maestros han aprendido del maestro japonés Yamashita, por lo que en nuestro grupo practicamos el estilo tradicional de kárate de la Goju-Ryu. Por lo que, estos valores se pueden explicar en una lista de preceptos llamado Dojo-kun:

  1. Sentirse orgullo de practicar el espíritu de la Goju.
  2. Debemos practicar la cortesía.
  3. Ser rápidos y aprovechar la oportunidad.
  4. Debemos ser pacientes.
  5. Mantener el espíritu de combate del Kárate-do.

Estos valores debemos aplicarlos tanto en el tatami como fuera de el en el día a día, los voy explicando. El primer punto se explica por sí mismo, aunque no es solo sentirse orgulloso de practicar este estilo, si no sentirse orgulloso de uno mismo por ser quien se es.

La cortesía y el respeto no lo practicamos solo con nuestros maestros, si no con el resto de compañeros más experimentados o más noveles. Y como digo, fuera del tatami debemos ser respetuosos con todo el mundo, nuestros mayores y la gente que nos necesite.

Los puntos tres y cuatro parecen contradecirse, pero se complementan perfectamente. Debemos ser pacientes, no podemos tenerlo todo en el momento y cuando queramos, cada cosa nos llega a su debido tiempo. Pero una vez nos llegue, es cuando debemos ser rápidos y tomarlo sin dudarlo.

Por último, el quinto punto es donde nos dice que apliquemos estos puntos en nuestra vida cotidiana. Tenemos que interiorizarlos, y estemos donde estemos, y hagamos lo que hagamos, nunca rendirnos y darlo todo.

 

¿Qué beneficios crees que has obtenido con la práctica de esta disciplina?

Hay dos piezas fundamentales que se entrena, el cuerpo y la mente… me explico. Como actividad física que es, he notado mejorías en lo que al cuerpo se refiere, he perdido peso, tengo un mayor tono muscular, mejor fondo y resistencia. Además, un tema que cuesta mucho al principio es en una técnica dada intercalar la izquierda con la derecha, por ejemplo, si empezamos por la izquierda (defensa mano izquierda retrocediendo pierna derecha, golpe puño derecho avanzando pierna derecha), por la derecha se invertiría el juego de manos y de pies (defensa mano derecha retrocediendo pierna izquierda, golpe puño izquierdo avanzando pierna izquierda); esto obliga a trabajar ambos hemisferios del cerebro en una situación de actividad física.

Todo lo anterior, te lleva a un entrenamiento mental que uno mismo no es consciente del todo. Mejoría en la concentración ya que cada acción que damos va precedida de un golpe de voz, sea haciendo abdominales o un kata. El kárate nos obliga muchas veces a tomar la decisión acertada en muy poco tiempo en situaciones físicamente estresantes, con lo que por ejemplo en el trabajo, he notado que pienso los problemas de una forma más templada y razonada, me ha ayudado a controlar mis nervios y gestionar el estrés. También mejora la memoria a corto y largo plazo, en mi último examen de cinturón tuve que recordar una serie de seis movimientos sobre la marcha; y después todos los katas nuevos. Y por último creo, y muy importante, es la confianza en uno mismo. Aunque crea que esté perdido o esté confundiéndome, tengo que creer que lo que hago sea correcto, a menos que mis maestros me corrijan, claro.

 

¿Has oído alguna vez algún comentario sobre kárate que sea un mito extendido entre la sociedad?

Pues la verdad es que sí, hay bastantes mitos… Mucha gente piensa que estamos continuamente pegándonos, que tiene un carácter violento. Pero, todo lo contrario, lo que aprendemos nos sirve para defendernos a nosotros mismos y a los que nos rodean. Nuestros katas empiezan siempre con una defensa, por lo que nunca buscamos la confrontación directa.

Por supuesto que, en una situación de violencia física, con mayor o menor destreza, sabemos desenvolvernos. Y sabemos que a una persona “normal” le podemos hacer mucho daño. De hecho, estamos federados, con lo que ante la ley somos armas blancas y debemos de tener mucho cuidado.

El Karate-Do dicho en japonés significa “Camino de la mano vacía”. Vacía, pero de malas intenciones. Cuanto más entrenamos más humildes somos, tragamos el orgullo y menos problemas buscamos. Mis maestros dicen, “La pelea que ganas, es la que no haces”.

Otro mito… Se dice que es algo para hombres donde las mujeres apenas se manifiestan o tienen cabida. Si bien es un arte marcial japonés, muy machista y clasista por su tradición e historia… ¡Todo lo contrario! Sigo muy activamente a Sandra Sánchez (@sandrasankarate), karateka de metro y medio de estatura, pero llena de poder y arte. Es reconocida como la mejor karateka de la HISTORIA en la modalidad de kata.

Además, mi compañera de karate Belén, se esfuerza como el que más y muchas veces resulta como la que más agallas tiene.

 

¿Crees que hay una edad concreta en la que sería más adecuada empezar a entrenar kárate?

Yo empecé a entrenar con 24 años, pero cualquier edad es buena. De mi grupo soy el más joven, y sin embargo tengo compañeros que empezaron cuando tenían más o menos sus 30 o 40 años, o incluso más jóvenes que yo.

Pero lo ideal como todo es desde bien pequeño. Cuanto más joven se es, más fácil se asimilan nuevos conocimientos, los niños son como esponjas. Y, sobre todo, aprenden una serie de valores y disciplina que les ayudará en su desarrollo, les ayudará a forjar un carácter y una personalidad única.

 

¿Qué es para ti lo más difícil de esta disciplina?

Para mí lo más difícil no es dar por ejemplo una patada giratoria con un salto mortal… Por muy inverosímil que sea la técnica, con la práctica y el esfuerzo continuo terminará saliendo. Esto es lo difícil, ser una persona dedicada y comprometida, no rendirse nunca, mostrar empeño y darle continuidad… eso es muy difícil muchas veces. Hay veces que siento que no avanzo, que esto que hago cuesta mucho y que no valgo, pero es entonces cuanto más esfuerzo.

 

¿Qué es lo que más te gusta?

Sin duda alguna, mis compañeros. Me recibieron con los brazos abiertos y me sentí uno más desde el principio. Siempre que los he necesitado han estado para mí, y yo estoy para ellos. Son mi familia.

Aunque he de confesar que también me gusta exponer los moratones al terminar de hacer endurecimiento o combate con los compañeros. Siento cierto orgullo con ello.

 

¿Qué es el kárate para ti?

El kárate como yo lo entiendo, no es un deporte. Es un arte marcial. Tiene un punto, un significado, que va más allá de lo puramente físico y la competición. Es una filosofía y un estilo de vida que estoy adaptando a mi día a día.

El día que falto a entrenar, siento que es un día que he perdido. Cuando entrenamos, empezamos y terminamos con un momento de meditación. Ahí, todos nuestros problemas personales y laborales los apartamos y los dejamos fuera de nuestra mente. Es un momento de desconexión con la realizad que utilizo para “sanarme” mentalmente.

 

Actualmente, se conocen más casos de menores que hacen kárate que en el caso de los adultos. ¿A qué crees que es debida esta diferencia?

Pienso que muchos padres apuntan a sus hijos a clases de kárate, porque piensan que es una actividad física, aprenden a defenderse y de más. Eso es totalmente cierto, lo que muchos no saben es que están siendo educados, aprendiendo un arte marcial basado en la disciplina y el respeto. Con lo cual, considerando como evoluciona la sociedad hoy en día, que una persona haya aprendido un arte marcial desde pequeño, en su edad adulta le implicará una serie de ventajas en lo personal y profesional.

Por otro lado, muchos adultos creen que el kárate solo se puede empezar a aprender desde pequeño, y están totalmente equivocados. Hay muchas escuelas de distintos estilos que son para adultos, donde cada uno puede empezar desde cero e ir avanzando a su ritmo, la edad no es un impedimento.

 

¿A quién le recomendarías hacer kárate y por qué?

¡A todo el mundo! Sea desde bien pequeños (mi compañero David da clase a niños y los más peques tienen 4-5 añitos) o ya de adultos (en mi grupo vamos de los 26 a los 60 y pico). No importa la condición física, cada uno hace lo que puede, ni mejor ni peor. El mérito está en el sudor y esfuerzo que le ponga.

Creo que quien haya llegado al final de la entrevista, tendrá ya un por qué para empezar a entrenar karate o cualquier otro arte marcial. Ya sea porque tenía un concepto equivocado de lo que es, o porque quiere mejorar físicamente o aprender autodefensa.

 

 

Para ir terminando, querría agradecer a mis maestros Ricardo, Alfonso y Tomás por enseñarme todo lo que estoy aprendiendo, por confiar en mí y poder contar con ellos.

También darte las gracias a ti Mónica por haberme dado la oportunidad de hacer esta maravillosa entrevista. Te deseo lo mejor 🙂

PERMISO PARA DISFRUTAR

Según el AT (Análisis Transaccional), rama psicológica que trabajo junto a la cognitivo-conductual, hay tres aspectos (entre otros) muy importantes para lograr cambios en uno mismo. Éstas son las tres “P”. Permiso, Protección y Poder.

La primera, de la que os quiero hablar hoy, es el PERMISO.

Nos pasamos toooooda una vida aprendiendo lo que DEBEMOS y NO DEBEMOS hacer. Debemos estudiar, no debemos ser irresponsables. Debemos ayudar y no debemos hacer daño a los demás. Estos son valores muy importantes en nuestra vida, pero… ¿por qué nadie nos habla del permiso?

Permiso para expresar emociones cuando venimos de una familia muy racional o cuando aprendimos que, si mostrábamos la rabia, la consecuencia era una rabia mucho mayor. Permiso para tener éxito cuando siempre nos han dicho que somos vagos, tontos o han premiado a los hermanos sin tener en cuenta nuestros éxitos. Permiso para cometer errores ante un entorno perfeccionista que solo valora la excelencia como única opción. Permiso para estar bien cuando la vida nos ha traído enfermedades, muertes y otras desgracias. Permiso para valorar nuestras opiniones aunque siempre nos dijeran que no teníamos razón. Permiso para sentirnos decaídos cuando siempre hemos sido “fuertes” y no hemos querido preocupar a nuestros familiares…

 

Y, de lo que va este post, permiso para ser felices y disfrutar. Cuántas veces nos habrán dicho “¿no crees que ya eres un poco mayorcito/a?” ante una broma, una expresión de ilusión o mientras jugamos a un juego de mesa. ¿Habéis oído la expresión “pareces un/a niño/a” cuando mostrabais alguna emoción genuina? ¿Os ha dicho alguien “qué ingenuo eres” como algo peyorativo cuando no desconfiabais de alguien?

Por inverosímil que parezca, en gran parte de los casos que veo en consulta, me veo en la tesitura de incitarlos a disfrutar.

Hemos jugado a juegos de mesa para que descubran emociones agradables, he mandado GIFs divertidos por whatsapp para darles permiso de forma implícita a utilizarlos conmigo y, de esa manera, utilizar el humor como un recurso para la vida. He puesto, como tareas de interconsulta, que salgan de fiesta, que se vayan a un concierto o que queden con amigos para salir a cenar. Hemos hecho entre todos una playlist en Spotify llamada “Stop dramas”. Hemos hecho grupos de whatsapp en los grupos de adolescentes para potenciar las redes de apoyo desde la lejanía de los pueblos y sentir que estamos acompañados mientras nos mandamos cosas graciosas. He mostrado total apertura para recibir fotos de ellos mismos disfrutando de fiesta o en la playa como forma de registro de que se lo están pasando bien y lo pueden comunicar.

Y aun con todo esto, qué difícil puede llegar a ser que una persona decida darse permiso para disfrutar. Pesan tanto los “debería”, los “yo que soy madre”, los “yo que vivo con mis padres y les debo ese favor”…

 

Oigo muchas veces que la sociedad es perezosa, que solo sabemos quejarnos y que antes se trabajaba más y se cansaban menos. Y yo os pregunto… ¿Seguro? ¿Seguro que con estos horarios laborales, el reciclaje profesional, las tareas domésticas y la difícil conciliación familiar pecamos de holgazanes o realmente nos cuesta darnos permiso para disfrutar?

 

Pensamientos de una adolescente: Ocio y alcohol

Cuando un grupo de amigos decide quedar, ¿cuál es el plan que tienen? No me gusta generalizar pero todos sabemos que un viernes por la noche puedes encontrarte de fiesta tanto personas de treinta años como de quince. Y es que, la mayoría de los adolescentes solo piensan en salir con los amigos, beber, fiesta y beber más alcohol.

Parece que en esta generación la única forma de diversión es esta y cuando propones hacer un plan diferente, nadie lo acepta. En cuanto a esto, hace unos días fue mi fiesta de graduación y alquilamos un local en el que como era de esperar, solo habría música y alcohol. El caso es que cuando llegamos, todos empezaron a sacar ron, vodka (y digo estas bebidas porque no me sé más) y sus correspondientes refrescos. Y cuando yo saqué mi botella de Nestie y de Aquarius de naranja, pasó lo que suponía que iba a pasar. Todos me miraron con cara de haber visto un fantasma y a algunos/as les aparecía alguna que otra sonrisa que, a pesar de querer disimular, era evidente.

A lo largo de la noche y cuando ya habían bebido medio litro de no sé qué mezcla, empezaban a hablar raro, algunos/as no podían seguir bailando y otros lo daban todo en la pista (eso sí, con el vaso en la mano siempre). Y cuando empezamos a recoger, el 90% de los que estábamos, iban borrachos de los que no saben ni dónde están, había gente tirada por el suelo, otros fuera del local devolviendo lo que no les cabía en el estómago… y lo típico que puedes encontrarte cuando vas de fiesta.

Pero de esta experiencia, me quedo con algo que me llamó mucho la atención. Lo primero, es la sensación de pena por ver que las personas con las que he estado conviviendo durante algunos años y con las que he pasado buenos momentos, acaben de tal forma que ni yo los reconozca. Y la segunda, es que esos/as que siempre han puesto a algunas personas como ejemplo a seguir, que han sido los mejores en todo, los más buenos e inocentes… Esos, son los que peor terminaron esa noche. Con esto quiero decir a familiares y profesores, que por favor, no comparéis a la gente y no elevéis tanto a los que lo hacen “todo bien”.

En cuanto a profesores/as, me gustaría hacer una reflexión por todas esas horas de clase invertidas perdidas en charlas sobre drogas y alcohol, diciendo lo malas que son estas sustancias, la cantidad de enfermedades que pueden producir etc. Tal vez, esto funcionaría si la información que se transmite no fuera siempre la misma, diciendo NO BEBER. Eso es como si te dicen no toques tal cosa, está claro que te dan más ganas de hacerlo.

Para terminar el post, me gustaría animar a los adultos a educar a las nuevas generaciones explicando las consecuencias y a no seguir la moda, que en algunas ocasiones puede ser peligrosa, porque ser diferente no es malo.

 

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.