Pensamientos de una adolescente: Profesores que enseñan cultura y valores

En mi post de diciembre, hablé sobre mi punto de vista relacionado con la manera en la que los profesores influyen en los resultados del alumno, y resumiendo lo que dije fue que no existe el profesor/a ideal ya que cada persona requiere de unas necesidades diferentes a las de otros. Podéis leer el post completo haciendo click AQUÍ.

En este post he querido hablar sobre el trabajo que han realizado tres profesores a los que he tenido.

Para empezar voy a hablar de mi profesora de empresariales y economía. Es una profesora a la que le llegaron órdenes de que como principal objetivo para este curso tenía que hacernos entender qué es una empresa, cómo funciona, cómo se organiza… Y le dieron un libro con todo el temario. Ella decidió que iba a conseguir que aprendiéramos todo esto sin necesidad de libros, exámenes etcétera. ¿Cómo lo hizo? Nos hizo crear nuestra propia empresa a la que llamamos “miniempresa”. Cada grupo de alumnos tenía que crear la suya propia con un presidente, jefes de departamentos (marketing, producción, RRHH y finanzas), y teníamos que inventar un producto innovador a todo lo que conocíamos hasta ahora y con ello participaríamos en un concurso a nivel nacional. Aún no ha acabado el curso y todo ese temario del que teníamos que examinarnos, lo sabemos igual que un empresario profesional.

Ahora voy a hablar de mi actual profesor de matemáticas. Él es un chico que tendrá unos 30-35 años, y que a diferencia de otros profesores de matemáticas que he tenido, a él sí le gusta su trabajo. Todos los de mi clase creemos que tiene un don porque sabe hacer que entendamos las cosas casi sin hablar. Nos transmite paz y confianza para preguntarle si no entendemos algo siempre que queramos, incluso si se tiene que quedar en los patios con nosotros. Para lo único que utilizamos el libro es para hacer algunos ejercicios porque otros los hace él mismo. Las explicaciones se las prepara en su casa de manera que después para nosotros nos puede resultar más fácil. Y por último en lo que destaca es en los exámenes. A parte de poner preguntas sobre el tema, a veces nos añade preguntas extras para subir nota o para escoger entre una u otra. Esto quiere decir que no le importa la nota, le importa que aprendamos y no se nos olvide lo aprendido.

Por último, voy a hablar de la que ha sido mi profesora favorita desde que la conocí, y lo cierto es que el primer día de clase que la vi pensé que sería muy estricta y sin ganas de trabajar. Dos días después me conquistó como alumna. Ella es bióloga y me lleva dando clase tres años de ciencias naturales y biología. Lo que la hace tan especial como profesora es la gran capacidad que tiene de explicar un temario tan denso de una manera tan fácil que para el examen casi no tienes que estudiar porque al salir de su clase cada concepto y cada definición la tienes en tu mente, y no porque las repita sino porque las entendemos. A veces cuando no conseguimos entender algo, hacemos una especie de teatro representando reacciones químicas que ocurren en nuestro cuerpo, o de qué manera se especializan las células o cómo circula la sangre en nuestro cuerpo en el mismo sentido… Además esta profesora, en los exámenes nos dice que nuestro cuerpo necesita glucosa para que así nuestras células obtengan energía y nos da nuestros caramelos favoritos para que al menos el examen lo hagamos con un sabor dulce. Ya no como profesora, ella es especial como persona. Siempre que la hemos necesitado, allí ha estado ella para ayudarnos con lo que nos ha hecho falta. Es nuestra segunda madre dentro del instituto.

Y por último y para terminar el post, quiero darles mi enhorabuena y decirles que ojalá todos los profesionales se implicaran así en su trabajo.

 

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Reseña del mes: La gran fábrica de las palabras

En la reseña de este mes os traigo un cuento que me regalaron personas muy bonitas y, por tanto, no podía ser una historia más preciosa. Os hablo del cuento La gran fábrica de las palabras, de las autoras Agnès de Lestrade y Valeria Docampo y editado por Tramuntana.

Bruno vive en un país en el que hablar no es tan fácil como nos puede resultar a nosotros. Para poder decir una palabra, primero han de comprarla y tragársela. Pero, ¿adivináis una cosa? Las palabras pueden llegar a costar una fortuna y no todas las personas se las pueden permitir.

Bruno está enamorado de Andrea y necesita palabras para decírselo, pero no tiene dinero para poder comprarlas así que escoge tres palabras que ha cazado con su cazamariposas para decírselas con todo el cariño posible: cereza, polvo y silla. Decidido, Bruno coge esas tres palabras y se va a ver a su amada Andrea.

Pero, lo que Bruno no sabía, es que Óscar ya estaba con Andrea. Óscar es un niño rico que habla y habla sin parar de su amor hacia Andrea porque sus padres le compran todas las palabras que él quiere. ¿Y ahora? ¿Qué hace Bruno ante semejante conversación con sus pequeñas tres palabras?

 

Aplicación en consulta

Como todo en esta vida, para que la aplicación de un cuento en consulta tenga resultado y no se quede en una mera experiencia entretenida, es importante trabajar en casa los mismos valores que se enseñan en la historia.

Ahora que vivimos en la época de los tropocientos regalos de cumpleaños y los chorromil regalos de Navidad. Ahora que compramos a los pequeños con detalles materiales casi a diario para redimirnos de la culpabilidad de trabajar mucho y no verles tanto como ellos querrían. Hoy en día, que los niños comen y cenan mirando la televisión y ven de forma indiscriminada todos los anuncios de juguetes y aparatos electrónicos. Hoy, que se valora más llevar una marca de zapatillas nuevas y cambiarse el móvil porque sale otro mejor y no porque el otro ha dejado de funcionar bien.

Actualmente, que los adultos vivimos en un mundo que ensalza lo material, nos quejamos de que los niños pidan todo lo que ven y les decimos “avariciosos” o “caprichosos”.

Los niños son un reflejo de lo que ven en esta sociedad y de nosotros depende hacerles entender que no es mejor quien más tiene y que el dinero no sale de un árbol sino que supone muchas horas trabajadas con esfuerzo.

Para ello, podemos utilizar este adorable libro. Para hacerles pensar sobre la actitud de Óscar y la de Bruno. Sobre los sentimientos de esos habitantes del país que no podían hablar. Para mostrarles que existen clases sociales y que algunas cosas son injustas solo para algunos. Para hacerles empatizar con los otros y enseñarles a valorar lo que tienen.

Nunca está de más “des-normalizar” lo que tenemos y sentirnos agradecidos por tenerlo. Empatía, valoración y gratitud. Esas son los aspectos a trabajar en consulta. Actitudes positivas que contrarrestan comportamientos negativos sin centrarnos en ellos ;).

 

Y, por si os apetece que os cuenten la historia entera, os dejo un vídeo para que lo disfrutéis:

 

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Batallas corrientes: Padres de hoy

Se habla de buenas madres, de malas madres, de madres que dejan de trabajar para cuidar a sus hijos, de madres que piden reducir sus jornadas, de madres que crían y trabajan… Pero, ¿y los padres? ¿Por qué no se habla de ellos cuando están haciendo un verdadero trabajo titánico para compartir la crianza de forma igualitaria y dejar atrás la creencia de que los padres no se implican? La entrevista de este mes va dedicada a todos ellos a través de la experiencia de paternidad de Manuel, quien con 31 años es padre de un niño de 21 meses.

 

Para empezar, ¿cómo es un día junto a tu hijo?

Por suerte disfruto de mi hijo muchas horas al día. Desde las 14:30 que lo recojo al salir del trabajo y vamos a casa. Siempre sube al coche sonriente, lo pasa muy bien con su “madre de día”. Al llegar a casa, si no está dormido, me acompaña en mi comida y nos sentamos juntos a la mesa. No siempre ha sido fácil prepararse comida, sobre todo cuando era más pequeñito a veces con él en brazos, ni la comida es siempre sosegada, pero estamos acostumbrados. A veces hay que comer medio rápido si le entra sueño. O simplemente prefiere que juguemos hasta que llegue mamá.

Por la tarde solemos salir a dar un paseo. Al volver, por lo general va siendo hora de un baño. Uno de los momentos en que estoy más unido a él, ya que acostumbro a bañarlo yo mientras la mamá prepara la cena de los tres. Digo: “¡al agua pato!” y allá que me sigue corriendo. Llenamos la bañera, yo de agua, él lanzando en ella sus muñecos de goma. ¡Y listo! En el agua,

enjabonando su cabeza, masajeándolo con cuidado, bromeando y haciéndole algunas cosquillas es cuando más conecto con él. Después de secarlo y vestirlo de nuevo vamos a cenar, los tres juntos.

Después llega la hora de dormir, y a veces en otro de esos momentos especiales, me pide que lo aúpe para salir a buscar la luna o ver si pasan aviones. Le encanta mirar al cielo y es algo que nos gusta fomentarle. La curiosidad por la naturaleza y el mundo en general.

Tras eso, y después de “leer” algún libro (él nos relata con sonidos y gestos cada página), toca teta. E incluso si alguna noche eso no basta, aún tengo un último momento del día con él durmiéndolo en brazos paseando por casa. Tranquilidad y brazos, y a dormir. ¡Todos!

 

¿Crees que la paternidad te ha cambiado? ¿En qué aspectos?

Por supuesto. Ha cambiado mucho mis prioridades. Para mí, ahora la vida gira en torno a mi hijo, de manera que primero es él para todo y luego viene lo demás. Te das cuenta de cuántas cosas superfluas nos rodean y cuán importante es lo que tienes ahora ante ti para saber disfrutarlo. No quiere decir que en ocasiones uno no eche de menos cosas que era más fácil hacer antes, como una comida tranquila en un restaurante, salir una noche con amigos, una partida a la play… Y tanto. Pero no lo cambiaría por hacer cosas con mi hijo que ambos podemos disfrutar.

También, ahora te das cuenta de que para tu hijo eres su héroe y eso te lleva a tener que cuidar algunos hábitos, ya que eres su modelo a imitar.

Redescubres lo simple y vuelves a fijarte y disfrutar de las cosas que valora un niño.

Y por último lo más evidente es que duermes menos.

 

 

¿Sientes que la sociedad valora de forma objetiva el trabajo que realizan los padres en la crianza de sus hijos?

Creo que lo habitual es asociar la figura de un hijo con la de la madre o los padres, antes que solamente con el padre. Esto creo que se ve en la publicidad, en blogs o revistas infantiles. Pienso que tal vez es así porque probablemente la mujer hace más uso de estas herramientas. O porque a menudo son las que más organizan la vida en casa. No me hace sentir olvidado ni nada. Creo que es así porque no es tan reciente que los padres busquen su lugar en la crianza. Simplemente si vamos atrás una generación, o menos, seguro que nuestros padres no eran ogros, pero es muy posible que nuestra madre se encargase de muchas cosas que un padre puede hacer hoy y no hacía antes.

 

Eres padre primerizo, ¿cómo has vivido esta experiencia?

Creo que es algo para lo que no te puedes preparar. Ya que desde el momento que llega a la vida, desborda cualquier idea que tuvieras en mente de lo que podrías sentir.

Desde el embarazo siempre he estado cerca en cada paso que da en su crecimiento. He acudido a las visitas al ginecólogo de control del embarazo, a las pruebas del hospital (incluso una vez fui yo solo con mi hijo), hemos consultado dudas juntos. Creo que también la madre tiene responsabilidad aquí, en el sentido de mostrar si prefiere ser acompañada al ginecólogo o no. He visto en las salas de espera muchas embarazadas con su madre al lado y muy pocas parejas.

También me doy cuenta de cuántas cosas sobre la crianza he aprendido. Cosas que no imaginaba saber hace unos años. Por otro lado, también ves que hay muchas cosas que no te enseñan, pero se aplican por instinto.

 

¿Te resulta fácil y accesible compartir dudas y experiencias sobre paternidad con personas de tu mismo sexo?

Personalmente no me cuesta compartir dudas o vivencias en general con otros hombres. Si bien en mi círculo de amigos cercanos aún no hay padres, cuando he necesitado o ha surgido he podido hablar con conocidos o familiares.

 

En algunas ocasiones, las mujeres están sometidas a un considerable nivel de presión social. Se les aconseja que hagan otras cosas con sus hijos, se les juzga por las decisiones que toman… ¿Sientes esa presión como padre?

No. Creo que a todos los padres en general se nos aconsejan cosas a menudo, y muchas veces por personas muy ajenas a nuestra vida, pero pienso que las madres son más objeto de estas situaciones. Siento que cuando hemos recibido algunos consejos o comentarios por parte de cualquiera que te cruzas en la calle, a menudo se fijan en la madre al hablar.

 

¿Crees que se podrían mejorar los recursos para ayudar a los hombres con respecto a la experiencia de la paternidad? ¿De qué manera?

Sí. Algo que sí nos afecta es la duración del permiso de paternidad. Si bien ahora son 4 semanas y antes eran 2, dista mucho de las 16 semanas de la madre. Está claro que cuanto más pequeñito es el bebé más apegado está ineludiblemente a su madre, pero eso no quita que el padre puede apoyar y ayudar mucho desde el principio. Ya que si la madre está 24 horas al servicio del bebé quedan muchas tareas secundarias en casa que solo el padre podrá atender. Desde cambiar pañales, ayudar en la higiene del bebé, etc.

 

Me gustaría terminar la entrevista con una pregunta que te sacará una sonrisa ¿Qué es lo que más disfrutas de tu hijo?

Pues, precisamente, verlo reír. Cosa que por suerte sucede muchas veces al día casi desde el despertar.

Me resulta fascinante ver como bromea con nosotros, como nos busca para que le hagamos cosquillas o para jugar. Como se trepa a nosotros para hacer el caballito.

Me parece alucinante que le gusten cosas que me gustan a mí y casi podamos jugar a lo mismo.

Y verlo jugar y reír es lo único de lo que creo que un padre jamás se cansaría. Es el mejor premio y uno quiere que dure siempre.

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Hijos nacidos para salvar y a los que no salva nadie

A veces, más de las que les gustaría a los hijos, encontramos parejas que no funcionan, parejas que empiezan una relación positiva y poco a poco se deteriora mediante conflictos y peleas que se hacen cada vez más constantes.

En algunos casos, estas parejas deciden tener un hijo a pesar de sus diferencias. En otros casos, los quieren tener no solo ignorando los conflictos sino para que realicen un cometido que va más allá de las posibilidades reales de los pequeños: salvar a la pareja.

“La relación no iba muy bien y pensé que tener un hijo nos devolvería la ilusión”, “mi pareja pasaba por una mala época y creía que tener un hijo le ayudaría a centrarse en lo realmente importante” he escuchado en alguna ocasión. Mi pregunta sería: ¿Realmente sirvió?

A pesar de que esta es una situación con un alto nivel emocional y ya se sabe que, a más emoción, peor es la capacidad racional; vamos a evaluar posibles razones por las que un nuevo miembro familiar no devuelve la ilusión a una pareja en conflicto.

Por lo general, las parejas que tienden a discutir de forma reiterada, lo hacen por diferencia de gustos, de ideologías y de opiniones personales. Lo hacen por considerar que las prioridades de uno no incluyen al otro, por la diferencia entre la independencia de uno y la necesidad de estar juntos de la otra persona… Por tanto, si puede ser difícil ponerse de acuerdo en estos aspectos, ¿cuánto costará ponerse de acuerdo respecto a los métodos de crianza de un niño o una niña? Cuándo poner límites, cómo ponerlos, si se le deja la Tablet o no, cuánta comida del plato comer, si se viste solo o con ayuda, si se pacta un horario de rutinas o los horarios pueden ser cambiantes… ¿Os hacéis una idea?

Exacto, ponerse de acuerdo en temas tan importantes como la educación y crianza de un niño es más complejo que ponerse de acuerdo en los temas que pueden surgir en la pareja.

Pero no solo es más complejo seguir un mismo camino sino que, además, las consecuencias para los menores son devastadoras. Cuando una pareja entra en conflicto de forma reiterada delante de su hijo/a, los pequeños crecen emocionalmente inestables puesto que viven en un ambiente de conflicto, inseguridad y amenaza creado por esos padres que son los que, en teoría, les aportan seguridad. Y, ¿qué ocurre cuándo las figuras de protección no dan la seguridad que los pequeños necesitan y, además, suponen una amenaza? ¿Cómo se protegen de esa situación?

Como consecuencia, podemos encontrar hijos emocionalmente inestables que viven en un ambiente de conflictos, de inseguridad y de amenaza. Menores que son incapaces de formar su autoestima y su manejo emocional de manera adaptativa porque las figuras que deben dar ese ejemplo también sufren su propia inestabilidad emocional.

Puede darse el caso de que el/la hijo/a, llegada la adolescencia, viva en medio de la pareja como salvavidas y único punto de unión, creyendo como obligación propia la responsabilidad de salvar la relación de sus padres actuando como cortafuegos de los conflictos. Esta situación puede generar frustración e impotencia añadida al malestar emocional general, al ver que sus continuos intentos de minimizar los conflictos no son más que “parches” que actúan a corto plazo. En este caso, los papeles y roles familiares se invierten. El hijo se convierte en el padre de ambos progenitores, puesto que los adultos no están siendo capaces de solventar sus problemas ellos solos.

Por esta razón, se corre el riesgo de perder la infancia libre y de perpetuar un modelo de inmadurez emocional y relacional. Por lo que podemos encontrar adultos que presentan miedo al compromiso y que repiten patrones paternos y maternos en sus relaciones personales.

Si te encuentras en una relación conflictiva, no tengas miedo a romperla si no te hace disfrutar. No necesitas provocar una situación “ideal” y, por tanto, creada mediante la ilusión y fantasía. Confía en ti y en tus posibilidades. Todos merecemos ser felices de verdad.

 

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