Reseña del mes: Quiet Book o libro sensorial de fieltro

Este mes, la reseña no consta de un libro con una historia sino de un libro especial.

El Quiet Book o libro sensorial de fieltro, es un libro de fieltro hecho a mano con actividades en su interior. Con ellas, los niños pueden trabajar y divertirse con actividades personalizadas según la edad y los gustos de cada niño o niña.

 

Al ser un libro sensorial, podemos trabajar en todas sus páginas la motricidad fina y la coordinación óculo-manual. Con cada página los pequeños pueden trabajar infinidad de contenidos:

  • Colores
  • Texturas
  • Figuras geométricas
  • Abrochado de botones, candados, cremalleras, cinturones y lazos
  • Conteo
  • Vocales
  • Atención
  • Vocabulario
  • Inglés
  • Otros

 

Y, si son más mayores, se pueden trabajar diferentes aspectos como:

  • Sumas y restas
  • Las horas en analógico y digital
  • Puzles
  • Las estaciones del año junto a la ropa de cada estación
  • Conciencia fonológica
  • Otros

 

Además, también pueden ser de gran ayuda a la hora de instaurar rutinas como el cepillado de dientes, la autonomía a la hora de vestirse y un sinfín de posibilidades para cada niño y niña según su edad y su situación ya sea solo por motivación o para trabajar otros aspectos relacionados con la discapacidad cognitiva y/o física.

Hay muchísimas fotos en Internet de diferentes actividades para estos libros, todas ellas muy interesantes y creativas.

Yo, por mi parte, utilizo el libro de mi sobrino. Es un libro de fieltro para niños de 2 años con cinco actividades diferentes.

Portada

Escritura del nombre

Juego motriz

Ábaco

Calcetines por pareja

Colores

 

Aplicación en sesión

Cada vez más son los gabinetes que se animan a tener libros de fieltro como herramienta de trabajo.

En mi caso, lo utilizo como premio al final de la sesión mientras refuerzo aspectos como la psicomotricidad fina, el conteo, la formación de palabras, los colores en inglés, la discriminación vidual, la motivación por los libros y el hábito de guardar las piezas antes de terminar la tarea.

 

Si te gusta, puedes compartirShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrEmail this to someone

BATALLAS CORRIENTES: Vida tras la jubilación

La entrevista de este mes está protagonizada por Marisa, quien se jubiló hace un año y ha comenzado una nueva vida. En ocasiones, la jubilación puede llevar a sentimientos de vacío, soledad y apatía. Es un momento en el que la vida sufre un gran cambio y, con ello, la identidad personal puede verse inestable. En esta ocasión, Marisa no ha sufrido sentimientos desagradables sino todo lo contrario.

 

Hace 1 año que te jubilaste ¿Tenías ganas de que llegara?

Sí, tenía ganas. Empecé tarde a trabajar porque primero me dediqué a criar a mis tres hijos. Cuando lo retomé, lo hice con mucha ilusión. Mi trabajo de celadora me gustaba, pero mis fuerzas, con el paso de los años, no eran las mismas. Llegar a la jubilación fue todo un reto.

 

¿Cómo fue para ti ese momento?

Para mí fue una alegría llegar a la meta que me había propuesto, aunque por problemas burocráticos tardé un poco en disfrutarla. Al final, todo se arregló y llegó la ansiada jubilación.

 

¿Notaste un cambio en tu vida cuando empezaste tu jubilación?

Claro que lo noté. El no madrugar, no comer tarde, no tener que mirar el reloj, poder disfrutar de algún viaje sin tener que pensar en los días libres o los que te quedan de vacaciones… es algo que se agradece.

 

¿Has vuelto a hacer cosas que habías dejado de hacer por falta de tiempo?

He vuelto a asistir a charlas, a ir a la playa independientemente del día, a desayunar fuera de casa en el sitio que quiera y leer el periódico sin prisa…. Pueden parecer que no son grandes cosas, pero me dije a mí misma que me tomaría un año sabático después de tanto estrés y esfuerzo.

 

¿Podrías explicarnos en que consiste un día en tu vida como jubilada?

Mi día consiste en no levantarme antes de las nueve de la mañana si no hay un motivo que lo justifique. Después, desayuno fuera de casa mientras leo el periódico durante una hora aproximadamente. Más tarde hago la compra, repaso la casa y hago la comida.

Por las tardes tengo momentos para hacer bicicleta estática y para descansar. Hago visitas domiciliarias a los enfermos y, a veces, me voy de compras o al teatro.

 

¿Consideras que ha empeorado tu vida de alguna manera desde que estás jubilada? No, mi vida no ha empeorado. Al contrario, me ha dado más libertad para poder dedicarme a las cosas que me gustan.

 

¿De qué manera crees que ha mejorado?

Una de las cosas que ha mejorado con la llegada de la jubilación ha sido mi carácter. Las prisas y las obligaciones me hacían más susceptible. Además, mi vida social estaba condicionada por mi horario laboral y por la energía que me quedaba después de trabajar.

Ahora tengo más ganas y más tiempo para ir a charlas, a conciertos, hacer algún viaje y disfrutar de mis nietos.

 

Hay personas que, tras su jubilación, sienten soledad que les puede causar un estado de ánimo depresivo. ¿Te ha ocurrido a ti?

Aunque no es mi caso, he de decir que al principio de la jubilación noté un gran cambio en cuanto al tiempo que disponía para estar con mi marido. Noté un sentimiento de “falta de espacio” que se solucionó disfrutando de tiempo de ocio por separado. Mi marido, por ejemplo, almorzaba con sus amigos y se reunía alguna tarde con ellos mientras yo me iba a los sitios que he comentado anteriormente.

 

¿Qué le dirías a esas personas que se han jubilado y sienten que están viviendo una vida vacía?

Les diría que la vida no solo es trabajar. Que hay montones de cosas pequeñas para disfrutar. Una excursión, una comida relajada solos o con amigos… No hace falta un gran restaurante. Se puede dar un paseo por la playa, se pueden tomar una horchata en un chiringuito o como muchos voluntarios a los que yo me uno para ver enfermos o ancianos en sus casas u hospitales. Os aseguro que, a pesar de sus dificultades son felices y nos hacen ver cuán injustos somos cuando nos quejamos teniendo una salud física y psíquica que ellos no tienen.

Si te gusta, puedes compartirShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrEmail this to someone

La importancia del esfuerzo en los niños

Desde hace unos meses me encuentro con padres y madres que se quejan de lo poco que se esfuerzan sus hijos/as. Tengan la edad que tengan. Niños y niñas de 5 a 12 años y adolescentes de 13 a 17. Pero, ¿qué es el esfuerzo?

El esfuerzo es la actitud de la persona que emplea gran fuerza física o mental con algún fin determinado. Thomas Edison afirmó que “el genio era un 1% inspiración y un 99% transpiración”, refiriéndose al sudor que genera el esfuerzo. La inteligencia es necesaria para desempeñar determinadas actividades, pero no es suficiente si no se le acompaña del esfuerzo que conlleva realizar una actividad hasta el final.

Pero, uno no se esfuerza únicamente a la hora de hacer los deberes y de prepararse exámenes. También se puede esforzar en el deporte, al tocar un instrumento, al cumplir una rutina, al organizarse las tareas diarias. Se puede esforzar para no cometer los mismos errores, para pensar antes de actuar, para no molestar a un compañero o a una amiga…

 

Y ¿cómo podemos ver el esfuerzo? ¿Por los resultados? ¿Por la conducta?

En ocasiones, los adultos miden el esfuerzo de los niños y adolescentes basándose en los resultados académicos, deportivos o artísticos. Pero, esta forma de observar el esfuerzo nos puede llevar a error ya que hay niños que se esfuerzan mucho y no obtienen resultados y no por ello deben ser tachados de vagos. De igual forma, hay menores inteligentes que pueden sacar resultados muy positivos sin esforzarse. Por tanto, el esfuerzo no depende única y exclusivamente de los resultados posteriores sino de la voluntad y la perseverancia que el niño o la niña ponen en la tarea que realizan.
Además, el esfuerzo está relacionado con la tolerancia a la frustración. Cuanto más acostumbrado está un niño a esforzarse para conseguir algo, más tolerancia a la frustración presenta. Esto es así porque, si una persona se tiene que esforzar para hacer algo, partimos de la base de que no le sale bien a la primera y de forma rápida, por lo que es probable que fracase alguna vez antes de conseguir su objetivo.

Esto, lo podemos ver en niños con Dificultades de Aprendizaje que invierten muchas horas de estudio para conseguir notas aceptables. Ellos están acostumbrados a obtener resultados negativos que le llevan a esforzarse más y a valorar la posibilidad de que no siempre salgan las cosas como uno quiere.

Por el contrario, los niños con una gran competencia cognitiva obtienen resultados muy positivos sin que les suponga esfuerzo. Pero, con el paso del tiempo, los contenidos curriculares aumentan en dificultad y extensión. Es entonces cuando encontramos problemas a la hora de conseguir resultados igual de buenos que en el pasado, porque no se ha instaurado el esfuerzo como pieza clave para conseguir los objetivos.

En el plano comportamental se puede observar cierta dificultad a la hora de tolerar la frustración en este tipo de niños por diversos motivos. Ser líder de un grupo, actuar tal y como esperan los adultos cuando tienen pocos años, el aprendizaje rápido en los cinco primeros años de edad, etc. puede hacer que estos niños y niñas con una alta capacidad cognitiva y/o social, estén acostumbrados a que las cosas suelan salir como ellos esperan.

Pero, ¿qué ocurre cuando crecen? Los roles grupales cambian, los amigos van aumentando su independencia, los adultos les dan más responsabilidades y las situaciones de la vida aumentan su dificultad. Es entonces cuando podemos ver diferentes situaciones que revelan una baja tolerancia a la frustración como niños que no quieren estudiar más de media hora seguida a pesar de no saberse todo el temario, pequeños que dejan un juego a medias porque van perdiendo e incluso adolescentes que pegan puñetazos al mobiliario por haber perdido una partida en la consola.

 

¿Cómo podemos potenciar el esfuerzo desde que son bien pequeños? Además de practicarlo en el ámbito académico y con las tareas de la casa, también se puede fomentar este valor de forma divertida:

  • Preparando recetas de cocina en las que deben organizarse, buscar alimentos, trabajar y esperar su turno.
  • Haciendo cualquier tipo de actividad que les divierta mientras aumentamos la dificultad paulatinamente: puzles, buscar las diferencias, construcciones, dibujos…
  • Hacerles partícipes de la organización de su propio cumpleaños o cualquier fiesta: eligiendo la decoración, yendo a comprar los alimentos, preparando invitaciones…
  • Aprendiendo a tocar un instrumento.
  • Practicando algún deporte.
  • Utilizando recursos prácticos como cuentos, películas y series que fomenten el esfuerzo.
  • Reforzando la conducta de esfuerzo independientemente del resultado obtenido.
  • Dotarles de autonomía sujeta a la edad del niño.
  • Reforzar la idea de seguir luchando a pesar de la dificultad en contraposición al abandono ante el primer contratiempo.
  • Servir de ejemplo como adultos.

 

Por último, os dejo algunos ejemplos de películas de dibujos que fomentan el esfuerzo:

Recordad, el esfuerzo en equipo siempre sabe mejor 😉

Si te gusta, puedes compartirShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrEmail this to someone

Pensamientos de una adolescente: Soy más que un boletín de notas

En este post, Cristina nos hace darnos cuenta de cómo los adultos podemos comportarnos con los menores sin darnos cuenta. De cómo nos relacionamos con ellos y de lo que sienten al respecto. ¿Cuántas veces les preguntáis a los niños y adolescentes por sus notas? ¿Cuántas veces les preguntáis por sus amigos/as, por lo que han hecho el fin de semana o por la última película que han visto?

 

 

“En este post, me gustaría hablar sobre esas personas cercanas al estudiante, que le dan demasiada importancia a las notas aún no siendo ellos los que tienen que sacarlas.

Estas personas pueden darle demasiada importancia a las notas por muchos motivos, como puede ser que sean los padres y solo les preocupa las notas de sus hijos/as (a veces en exceso), puede que hayan sido excelentes estudiantes y por eso ahora le toca ser a otro con los mismos resultados, puede que estén frustrados porque ellos no consiguieron el nivel que les hubiera gustado…

En el caso de los padres se entiende que se preocupen por sus hijos, pero creo que las  personas ajenas demasiado interesadas en las notas de otro, deberían plantearse el por qué ese interés, y no sólo eso, también deberían empezar a plantearse si se interesan en los resultados de otra persona por simple interés, por competitividad, por no saber mantener una conversación sin sacar el tema, etcétera.

No está mal preguntar sobre este tipo de temas, pero hay que saber hasta qué punto se puede preguntar, porque puede que al estudiante le haya ido muy bien y no le importe decirlo, pero también hay que valorar la opción de que no le haya ido tan bien, y por ello, no quiera publicarlo ni ir más allá del tema. Y mucho menos si hay más personas delante. Es mejor evitar este tipo de conversaciones en ciertos momentos para no poder hacer daño a otros con un tema que puede que les importe de verdad.

Otras personas que les pueden dar demasiada importancia a las notas, son los profesores. En centros públicos es menos probable que pase, pero sobretodo en los privados, sí hay cierta exigencia por parte de los profesores. Puede que los propios estudiantes no le den importancia a comentarios de terceros, pero en la mayoría de casos es posible que sí les afecte y puedan tener ansiedad o nervios antes y durante los exámenes, quitando importancia a otras cosas que también requieren de atención. Y  lo más importante: preocupándose más por las notas que por aprender.

Hablando de mi propia experiencia, a mí siempre me preguntan por mis notas. No me preguntan qué tal estoy, sino me preguntan única y exclusivamente por mis notas. Antes siempre hablaba sobre eso y daba con detalle mis notas, pero porque ha sido un tema que nunca me ha importado hablar.

Pero hace un tiempo, me di cuenta de que hablar detalladamente sobre cualquier cosa era dar información sin sentido. Primero, porque las personas dejan de escucharte, y segundo, porque me aburre hablar siempre del mismo tema. Por eso, decidí que cuando me sacaran el tema, iba a responder lo mismo: todo va bien.  Y desde entonces, me preguntan menos, y me siento mejor al responder.”

*Colaboración de Cristina, adolescente con muchas cosas que decir.

Si te gusta, puedes compartirShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInPin on PinterestShare on TumblrEmail this to someone