MAMÁ Y PAPÁ TAMBIÉN LLORAN

¿Alguien ha sentido alguna vez ganas de llorar cuando sus hijos pululaban cerca? ¿Qué se hace en esos momentos? ¿Se esconde la emoción? ¿Se normaliza? ¿Nos dejamos llevar?

Como seres humanos, todos somos personas diferentes que piensan, sienten y actúan de distinta forma.

Algunos sentimos más las emociones agradables como, por ejemplo, la alegría y el amor. Otros, por el contrario, están más acostumbrados a sentir esas emociones que nos resultan desagradables (tristeza, ira, asco…).

Hay papás y mamás que piensan que no es bueno preocupar a los demás con sus problemas. Otros creen que no es aconsejable que sus hijos les vean sentir esas emociones desagradables que comentaba en el párrafo anterior.

Por lo general, según lo que se siente y se piensa, se actúa en consecuencia. Insisto, por lo general. Algunos deciden “aguantar” sus emociones y dejarlas salir cuando no están los peques delante. Otros, de tanto “aguantar”, se acaban olvidando de expresar sus emociones, priorizando en todo momento las emociones de los demás (incluidas las de sus hijos).

Por el contrario, hay padres y madres que son muy viscerales y muestran su torrente de emociones de forma potente y enérgica sin pensar quién está delante. Necesitan expresar sus emociones y necesitan hacerlo en ese mismo momento.

Por tanto, si todos somos diferentes… ¿qué hacemos? ¿Mostramos nuestras emociones ante nuestros hijos aunque éstas sean desagradables?

Sí, por favor. Muéstrense como son en realidad. Enséñenles a sus hijos que no existe la vida perfecta ni que el continuo control es de admirar. Díganles a sus pequeños que también les pasa lo mismo que a ellos y que, cuando no medían más de medio metro, también tenían problemas para manejar el enfado, sentir la tristeza y bajar las revoluciones que nos proporciona la euforia.

Pero ¡ojo! No caigan en el error de hacer de sus hijos los confidentes de sus problemas. No conviertan a los pequeños y no tan pequeños en madres y padres antes de tiempo. Los niños necesitan a sus padres para que les den la seguridad que no han aprendido a tener ellos mismos. Pero los niños también necesitan padres de carne y hueso para saber que no tienen por qué ser los superhéroes del lugar para sentirse valiosos. La vida no es una batalla en la que luchar de forma perfecta. La vida es un juego con niveles fáciles y difíciles al que volveríamos a jugar un millón de veces.

 

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Un deseo que lo cambió todo, un libro para valientes

Esta semana me complace informaros de que ya se ha publicado mi nuevo libro. Esta vez, me acompañan personas muy especiales, personas que forman parte de la Asociación de Fibrosis Quística de la Comunidad Valenciana.

 

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¿Qué es la Fibrosis Quística (FQ)?

Podéis ver una definición muuuuuuuy resumida en el post que escribí hace unos meses. Podéis acceder haciendo click AQUÍ.

 

¿Cuáles son los objetivos con la creación de este libro?

En primer lugar, favorecer la adherencia al tratamiento de personas con FQ. Algunas veces, cuando llega la adolescencia, los chicos y chicas de esta edad demuestran su rebeldía contra lo establecido. En el caso de niños mayores y adolescentes con FQ, pueden dejar de hacer el tratamiento (necesario para minimizar el avance de la enfermedad) sin darse cuenta de que, lejos de suponer un reto para quienes les rodean, es algo que afecta directamente en su salud física y emocional.

También se pretende llegar a todas esas personas (niños, adolescentes, jóvenes, no tan jóvenes…) que no tienen FQ. Queremos que la conozcan, que sepan de su existencia, que aprendan como viven los menores con ella, que empaticen y que integren. No podemos ponernos en el lugar del otro si no sabemos cómo es su vida.

Por último, un objetivo fundamental en mi andadura con los libros es el de entretener a todas esas personas que viven mil historias diferentes a través de la magia de los libros.

 

¿Dónde puedo conseguir el libro?

Es facilísimo. Un deseo que lo cambió todo se encuentra en la plataforma de Amazon. Podéis acceder a él haciendo click AQUÍ.

 

Redes sociales

Además, si te gusta la iniciativa y te apetece saber las actividades que haremos de ahora en adelante, puedes pinchar en Me gusta en su página de Facebook https://www.facebook.com/undeseoquelocambiotodo

 

¿Os apuntáis a formar parte de esta aventura para valientes? ¿Os atrevéis a cambiar de rumbo?

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Reseña: Cuentos para educar con inteligencia emocional de Clara Peñalver y Sara Sánchez

Gracias a la editorial Beascoa y a Boolino, me ha sido posible conocer este libro que me ha encantado y maravillado.

Es un libro lleno de color, ilustraciones, información interesantísima y cuentos. ¿Es posible juntar todo esto en un libro y que además sirva tanto para adultos como para niños? Sí. ¿Cómo es posible? Os lo explico a continuación…

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El libro comienza con su parte más teórica en la que Clara Peñalver nos habla de las inteligencias múltiples y de la importancia de la inteligencia interpersonal e intrapersonal en nuestras vidas, ya que todos tenemos que convivir con nosotros mismos y con los demás. Además, cuenta las diferencias entre sensación, emoción y sentimiento y distingue las emociones primarias de las secundarias. También nos aporta información introducción sobre PNL (Programación Neurolingüística) con la que nos explica que sirve para programar nuestro cerebro por medio del lenguaje.

Toda esta información la redacta de forma totalmente amena y fácil de entender junto a las ilustraciones, colores y una fuente divertida que hacen que aprendamos casi sin darnos cuenta.

Una vez tenemos todos los conceptos necesarios, la autora nos explica los tipos de metáforas para usar en los cuentos y cómo relacionarlos con un método llamado “La Habitación Sellada”. Todo está relacionado para crear historias cercanas y que nos hagan sentir.

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También nos habla de los niños de colores. Unos personajes basados en la teoría DISC de William Marston que asocia los colores con diferentes tipos de comportamiento.

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Una de sus frases en este apartado es muy descriptiva: “Muéstrame tu color y sabré cómo acercarme a ti”. 

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Tras presentarnos a las mentes de colores y todas sus características y, al menos en mi caso, haberme buscado mi color o mis colores y haber encontrado a una persona conocida en cada color, el libro nos muestra un cuento relacionado con cada mente de color.

Son historias llenas de creatividad, imaginación, historias y personajes adorables que enseñan mucho sobre las emociones y que nos hacen pensar. Estos relatos nos enseñan a que a veces, cuando mostramos rabia, lo que sentimos es una tristeza enmascarada. Nos hacen empatizar con esa niña que le daba vergüenza reconocer que tenía miedo. Nos habla de valentía y de su posible aspecto negativo, la necesidad de proteger a los demás porque proyectamos nuestras inseguridades en las personas que consideramos vulnerables (ojo papás y mamás que esto puede tocarnos el corazoncito). También nos enseña personajes cabezotas que necesitan controlarlo todo y que, por un suceso concreto, deberán ver su futuro en un rompecabezas tras abandonar su sueño y solo así entenderán la importancia de tener paciencia para conseguir nuestros objetivos.

Por si las historias no nos quedan suficientemente claras y creemos que aún se le puede sacar más partido, el libro contiene las conclusiones de cada historia en las que se explica, mediante las mentes de colores y la habitación sellada, cómo se han construido los cuentos.

¡Ah! ¿Pero que hay más? Sí. Aún queda mucho más. Para seguir aprendiendo, leyendo y metiéndonos cada vez más en el mundo de las mentes de colores, Clara Peñalver relaciona los diferentes colores con las distintas emociones.

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Por si fuera poco, la autora vuelve a la carga con la educación emocional hablando de cómo sienten y expresan las mentes de colores tanto las emociones primarias como las secundarias. También nos da diferentes personas con su color y descripción para recortar y crear infinitas historias.

Por último y para darle un carácter más práctico todavía, nos enseña cómo una mamá ha creado un cuento para su hijo basándose en la fábrica de  cuentos que le propone este libro. Sencillo y eficaz.

 

¿Os gustan los cuentos y las emociones tanto como a mí? ¿Os apetece crear vuestras historias en la fábrica de cuentos? ¡Clara Peñalver y Sara Sánchez nos lo ponen muy fácil!

 

 

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Batallas corrientes: La vida de una opositora

Este mes lo hemos dedicado a todos esos valientes que luchan por sacarse un hueco laboral mediante oposiciones. Para ello hemos hablado con María quien, tras sacar su plaza en el PIR, es R2 en el Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz de Madrid.

 

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La entrevista se titula “La vida de una opositora”, ¿Cómo era tu vida mientras te preparabas la oposición?

La verdad es que fue una época de mucha rutina y sacrificio. Preparar una oposición es un trabajo de “hormiguita”, a largo plazo, y al final eso requiere adquirir una disciplina y unos hábitos en el día a día, sobre todo para poder mantener un ritmo de estudio coherente y no agotarse por el camino. Es cierto que una oposición absorbe gran parte de tu vida mientras la preparas, pero siempre vi importante que no se convirtiera en “mi vida”. Creo que es vital no perder la perspectiva (que es fácil hacerlo) y no dejar de lado otras cosas que son importantes (y que además, indirectamente, también ayudan a estudiar): ocio, amigos, familia…

 

Todo el mundo habla del sacrificio que supone estudiar una oposición de tal magnitud como es el PIR pero, ¿te imaginabas que sería así?

Antes de tomar la decisión, valoré los pros y contras y sabía más o menos en qué “berenjenal” me metía, pero la verdad es que, como en la mayoría de cosas, hasta que no estás en la situación no sabes realmente lo que implica ni cómo vas a reaccionar (a veces, te sorprendes).

 

Según tengo entendido, no sacaste plaza la primera vez que te presentaste al examen ¿Cómo te sentiste?

La primera vez que me presenté al examen pude estudiar muy poquito. Compaginé la preparación del PIR con la realización de un Máster, por lo que no me dio tiempo a estudiar todo el temario completo. Teniendo en cuenta esto, fui al examen con unas expectativas ajustadas a la situación, asumiendo ese día como un “entrenamiento” y una oportunidad para ver a lo que me enfrentaba. Entendí que lo esperable era no sacar plaza en esa convocatoria y aprendí qué cosas me podrían servir de cara a la siguiente. Es complicado porque, en ese momento, se hace aún más patente que el camino es largo y que queda aún mucho esfuerzo por delante, pero yo al menos trataba de tener paciencia y  fijarme objetivos a corto plazo.

 

¿Qué hiciste o pensaste  para volver a coger fuerzas y presentarte de nuevo con todo el esfuerzo que eso conlleva?

Siempre he tenido en cuenta que el PIR se ha convertido en una prueba tremendamente difícil por varios factores, algunos no directamente relacionados con el estudio o el esfuerzo personal. No llegan al 5% los opositores que finalmente consiguen plaza, por lo que siempre tuve en mente que, aunque hay todo tipo de casos, lo “normal” era tener que realizar varios intentos para conseguir el objetivo. A pesar de eso, siempre me planteaba a mí misma qué era lo que yo quería para mí a largo plazo, qué me veía haciendo en el futuro, y pensaba que mientras me siguiera compensando ese objetivo, lo seguiría intentando. Me decía a mí misma que otras personas lo habían conseguido y que por qué yo no podía hacerlo también.

Por otro lado, como comentaba en la pregunta anterior, el hecho de que en la primera experiencia no lo hubiera podido preparar del todo, me hacía pensar que aún podía hacer más cosas que estuvieran en mi mano para conseguirlo, que podía poner “más carne en el asador”. A pesar de no obtener plaza pude quedarme muy cerca, y eso también me dio ánimos porque vi que era una meta difícil, pero posible.

 

¿Cuál dirías que ha sido el momento más difícil en tu trayecto como opositora?

Para mí hay dos momentos especialmente complicados: uno, el mes antes del examen. La recta final es difícil, son muchos meses de estudio a la espalda, mucho cansancio acumulado, y es fácil enredarse con la culpabilidad (lo que debería haber hecho y no hice, etc). Otro, el mes después del examen. A pesar de que ya no está presente la carga del estudio, el proceso de espera de notas, impugnaciones, etc… a mí al menos me resultaba agónico. Cuando no obtienes plaza, es un momento de “recomponerse” y de reflexión. Aquí yo creo que es importante no “volverse loca” y no ponerse a estudiar otra vez nada más acabar el examen, sino que es necesario descansar (sobre todo, a nivel psicológico) y reorganizarse. Cuando estás “en el otro lado”, es decir, cuando has realizado un buen examen y tienes posibilidades de optar a plaza, pero todavía dependes de la resolución del proceso y de las notas de los demás opositores, es un momento de mucha incertidumbre y cuesta mucho “desconectar”, al menos en mi caso.

 

¿Qué cualidades crees que son fundamentales para estudiar una oposición?

En mi opinión, la perseverancia, la tolerancia a la frustración y la flexibilidad.

 

¿Qué cosas/personas/herramientas/métodos te han servido para “sobrevivir” la rutina que supone una oposición?

Como he comentado antes, creo que es vital no obsesionarse con la oposición y no convertirla en el centro de tu vida, aunque por unos meses (o años) absorba gran parte de ti. En mi caso, intentaba no perder mis planes de ocio, tanto en casa como fuera de ella, compartir momentos agradables con las personas de mi alrededor, etc… En una oposición es muy importante la disciplina, pero también la flexibilidad. En este sentido, lo que más me sirvió fue aprender a escucharme, a saber cuándo tocaba descansar, cuándo igual no me daba la cabeza para más y había que dejarlo, cuándo sí me daba pero me estaba dejando llevar por la pereza…

 

¿Qué consejos le darías a una persona que está en su andadura opositora?

En mi primer lugar, que tenga mucha paciencia. Una oposición es una meta a largo plazo, y va a haber días malos y buenos, pero eso forma parte del proceso. Como he mencionado antes, para mí una de las cosas más importantes fue la flexibilidad, tanto a la hora de saber cómo gestionar las fuerzas, como también a la hora de planificar el estudio. No hay una manera “mejor” de prepararse una oposición, ni un “método mágico”, sino que creo que cada uno debe conocerse y adaptar el estudio a sus fortalezas/debilidades y a sus circunstancias personales. Creo que uno tiene que ser honesto consigo mismo y saber lo que puede exigirse o no (por exceso y por defecto) en cada momento del proceso.

Aunque una oposición implica una “competición” con otros por una plaza, creo que al final la “batalla” más dura es la que tiene el opositor consigo mismo, con las dudas, el cansancio, la autoexigencia, la sensación de incontrolabilidad… estudiar es muy importante, pero si se consigue manejar esta otra parte, creo que se tiene recorrido un tramo muy importante del camino.

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